Cómo hablar sobre las drogas con un adolescente

Algunos padres no se preocupan por informarse sobre las drogas y sencillamente imponen un no, sin fundamento alguno, que los jóvenes detectan y rechazan. Los padres y madres tenemos que conseguir información adecuada y adaptar nuestras explicaciones a la edad de nuestros hijos. Podemos introducir el tema de una manera que no quede forzada a partir de una noticia que hemos visto en televisión o de una noticia del periódico.

Muchas veces, los padres, para hablar con sus hijos de temas delicados como las drogas, o sobre adicciones sin sustancias, esperamos encontrar un momento ideal y un ambiente propicio. Pero a menudo este momento ideal no llega nunca. Hay que decidirse a dar el paso. No perdamos oportunidades de hacerlo. Se trata de una inversión para el futuro. Hay que hablar siempre que se pueda, aunque las condiciones no sean óptimas.

Las primeras informaciones que nuestros hijos reciben sobre las drogas acostumbran a ser incompletas y confusas. Hay que proporcionarles información seria, contrastada, que no reproduzca los tópicos, sin exageraciones ni moralinas. Dialogar no es sólo hablar, sino observar, mostrar interés, crear un espacio de comunicación que permita expresar ideas, dudas y preocupaciones. Hay que aprender a escuchar, provocar la conversación, establecer una relación de confianza y complicidad.

Qué es lo que no debemos hacer y qué podemos promover

Veamos algunos principios que deberían existir es toda educación pedagógica:

Favorecer el conocimiento y el pensamiento crítico

Invitemos a nuestros hijos a reflexionar, con argumentos sólidos y creíbles. De nada servirá el miedo, decir no porque no.

Estar dispuestos a discutir, negociar y pactar

Sin perder de vista que sin respeto por las normas no puede existir responsabilidad ni libertad. Es fácil perderse en este punto entre la permisividad y la severidad. Nos cuesta decirles no a las cosas que nos piden nuestros hijos y además ellos son especialistas en conseguir lo que quieren. Últimamente hay cada vez más casos de violencia de padres sobre los hijos y de hijos sobre padres.

Fomentar las actitudes reflexivas y prudentes

Desde una lógica adolescente, las sensaciones y los placeres buscados son inmediatos mientras que los daños se perciben siempre lejanos e improbables. Los adolescentes no tienen la percepción del riesgo ni la madurez suficiente como para ver el peligro.

Respetar a los amigos de nuestros hijos

Pero al mismo tiempo combatir las actitudes que les impiden ser ellos mismos. Hay que aprender a evitar las malas influencias y compañías, desde antes del el noviazgo, ya que esto puede tener graves consecuencias en el seno más íntimo. ¿Qué harías si pensaras que el novio o novia de vuestra hija o hijo podría ser una mala influencia para él o ella? Hay que ser objetivos, una cosa es que no nos guste y otra que sea tóxica esa relación.

Debemos esforzarnos por entender qué es lo que les pasa a nuestros hijos y ponernos en su lugar, descubrir qué es lo que piensan y qué sienten, establecer unas normas que les ayuden a conseguir un orden interno, pero, al mismo tiempo, saber ser flexibles y sacar partido de la negociación como herramienta de aprendizaje y de construcción de valores. Establezcamos con nuestros hijos un vínculo afectivo, demostrándoles que les queremos, que nos importan, que pueden contar con nosotros.

En la adolescencia la relación se transforma: perdemos la seguridad, nos parece que nuestros métodos educativos ya no sirven. Conviene seguir con nuestro propio proceso de aprendizaje y adaptar nuestras ideas a la nueva situación.

En el inicio de la adolescencia, las drogas o comportamientos adictivos pueden aparecer de manera habitual en las conversaciones de chicos y chicas, a pesar de que el consumo sea todavía minoritario. A menudo se trata de una manera de demostrar que se ha dejado atrás la infancia. Hay que hablar de drogas en casa, de manera franca, evitando crear situaciones dramáticas innecesarias y huyendo del tono catastrofista que acostumbra a reforzar las convicciones de chicos y chicas (“mis padres exageran, no es para tanto”).

Al mismo tiempo, sin embargo, es importante intentar no frivolizar el tema. Lo más importante es encontrar un tono sencillo, razonable y directo, que sea útil y efectivo para alertar de los riesgos de las drogas. La mejor manera es tener un conocimiento real de las drogas, estar convencido de sus consecuencias negativas y demostrarlo con el ejemplo personal.

Evitemos: Interrogarles insistentemente sobre si piensan consumir drogas o si las han tomado ya. Es mucho mejor pedirles su opinión (qué piensan del consumo de drogas por parte de algunos jóvenes, qué peligros ven en ello). Evitemos discutir y pelearnos, de modo que la defensa de las drogas se convierta en una afirmación de su identidad. Desautorizarles o culpabilizarles de forma permanente con un juicio que fácilmente puede girársenos en contra.

La labor de los padres pasa por la comunicación, la confianza y la disposición para acompañarles a conseguir la autonomía y la responsabilidad. No olvidemos que no siempre los padres podemos evitar que los adolescentes prueben las drogas, por mera curiosidad, ganas de experimentar o por la influencia del grupo. Nuestro apoyo les puede proporcionar recursos para resistir mejor la presión del entorno, para tomar decisiones responsables.

Procuremos: Evitar las actitudes autoritarias y condenatorias. Hemos de aprender a observar los pequeños detalles, escuchar, preguntar de otra manera, dejando caer información, ideas y opiniones. Ser exigentes con nuestros hijos. Confiar en ellos pero, al mismo tiempo, pedirles que sean responsables, valorar sus aciertos y sus errores, sin presionarles ni criticarles de forma tajante.

Transmitir valores, normas y límites. Hemos de ofrecerles lo que necesitan (que no siempre sea lo mismo que piden). Salidas, horarios, tareas pendientes, implican compromiso y responsabilidad, a veces pueden pactarse y en algunos casos deben ser innegociables. Reconocer su capacidad para tomar decisiones. El objetivo de la enseñanza es que chicos y chicas sean autónomos y responsables.

Es imposible estar siempre encima de ellos y sobreprotegerlos pensando que no son capaces de entender y actuar en situaciones complejas y tampoco inhibirnos de su vida por completo. Y todo sin dejar de respetar su intimidad: tienen derecho a ello, y además necesidad.

La comunicación ha de estar siempre abierta, pero hemos de entender que difícilmente nuestro hijo nos explicará todo lo que le pasa. Tampoco nosotros lo hacemos. Seamos coherentes. Nuestras palabras pierden mucho valor para nuestros hijos si no van acompañadas de una conducta coherente. A menudo esto es más importante que los consejos y recomendaciones. Si a pesar de todo, sospechamos que nuestro hijo ha consumido o consume drogas, lo primero que debemos hacer es hablar con él, en el momento adecuado, para conocer las razones que le han llevado hasta allí, y de qué tipo de consumo se trata, si ha sido sólo un hecho puntual y cómo valora los riesgos que comporta su actuación.

Comprobar, al menos, que conoce las precauciones que debería tomar siempre y aquello que debería evitar a cualquier precio si experimenta de nuevo situaciones de riesgo. Una mala experiencia puede ser positiva si saben sacarse conclusiones de la misma. Tenemos que hablar del tema tranquilamente y sin dejarnos llevar por la urgencia, la rabia o la angustia.

Es mejor dejar pasar el primer momento de mayor alteración y crear un clima de verdadero diálogo, sin “víctimas” ni “culpables”. Ofrecerse, de manera colaboradora y reflexiva, con preocupación, pero sin violencia. Haciendo el detective o persiguiendo a nuestro hijo sólo vamos a conseguir que se distancie de nosotros. Hay que valorar cuál es la conducta general de nuestro hijo, qué cosas le interesan y cómo se relaciona con sus amigos. Busquemos caminos prácticos para acceder al mundo en el que viven. Sin olvidar que todo esto es aplicable al mundo de adicciones sin sustancia.

10 preguntas para empezar la conversación con tus hijos

Estas preguntas pueden servirte de guía para iniciar una conversación sobre el tema de las drogas con tu hijo/a:

- ¿Cuando sales, te ofrecen drogas? ¿Quién te las ofrece?

- (A raíz de una noticia o de un programa de TV) Con tus amigos del instituto, ¿habláis de drogas? ¿Os han dado alguna charla últimamente?

- Por televisión han dicho que cada vez hay más chicos y chicas que fuman al salir de clase. ¿En tu escuela también? ¿Qué te parece?

  • ¿Tienes amigos que ya fuman? Empiezas a probar porque queda bien ¿y después qué?
  • Otra vez noticias de accidentes de coche a causa del alcohol. A mí me preocupa cuando sales de noche… ¿Lo tenéis en cuenta?
  • Realmente la ley del tabaco está bien. Al menos las personas que no fuman no tienen que tragarse el humo de los demás. ¿Tú qué opinas?
  • Muchas veces las noticias que tratan de los jóvenes se relacionan con las drogas, el botellón… ¡Pero la juventud son muchas más cosas! ¿Tú qué dices?
  • El otro día salimos por la noche con tu padre y vimos a mucha gente” pasada de vueltas”. ¿Cuándo vosotros salís también hay ese ambiente?
  • ¿Crees que hay personas a las que no les afectan las drogas? Cuando todos tus amigos están de acuerdo en hacer algo y a ti no te apetece, ¿qué haces?

Educar es ayudar a comprender los cambios, descubrir emociones y sentimientos sin dejar que nos desborden. Las explicaciones de las normas, la negociación y el pacto nos ayudarán a establecer un clima de confianza. Ánimo en el arte de educar.

DELEGACIÓN DE SERVICIOS SOCIALES Y SALUD. AYTO. DE LUCENA


¿Cómo detectar a un joven que consume drogas?

Es muy importante tener en cuenta que muchos jóvenes presentan algunas de las características abajo enunciadas sin por ello ser consumidores de drogas, ya que muchas de ellas son propias de la adolescencia. Sin embargo si reúne gran cantidad o todas ellas, lo mejor sería consultar a un especialista ya que hay altas probabilidades de que sí esté consumiendo sustancias psicotrópicas.

- Cambio de amistades: Los jóvenes que comienzan a consumir generalmente cambian a los amigos que siempre han tenido, por otros que consumen ya que ahora forma parte de este nuevo entorno.

- Síndrome amotivacional: El joven no encuentra motivación en ninguna actividad de las tradicionales o de las que siempre ha compartido con su familia, comienza a aislarse de su grupo familiar.

- Cambio de costumbres: Generalmente los jóvenes cambian sus hábitos, esto como consecuencia de sus nuevas amistades y "actividades", por lo que este punto se vuelve trascendental en detectar el inicio del consumo.

- Descuido personal: Generalmente los jóvenes que consumen sustancias descuidan su vestimenta y muchas veces son menos preocupados por su aseo personal.

- Salidas permanentes del hogar: Los jóvenes necesitan salir a compartir con sus nuevos amigos de "carrete" y a abastecerse de drogas por lo que comienza una suerte de salidas misteriosas y a horas que antes no eran comunes. El joven comienza a mentir con relación a sus actividades o simplemente a no comunicar que hace.

- Cambios en la personalidad: Dependiendo del tipo de drogas consumidas se producen diferentes cambios en su personalidad, ya que algunas de estas son depresoras y otras estimulantes del Sistema Nervioso Central, por lo que según el tipo de sustancia puede pasar de momentos de depresión a situaciones de euforia, además de esto puede darse la angustia por la falta de sustancia o la manifestación descontrolada de algún sentimiento guardado y que aflora al estar bajo la ingesta de la droga.

- Absentismo escolar: Este es un buen termómetro de medida del inicio de consumo de sustancias, ya que los jóvenes comienzan a faltar a clase y a tener reiteradas ausencias del centro escolar, en muchos casos los padres ni siquiera desconfían ya que son ellos mismos quienes dejan a su hijo en la puerta del colegio o instituto, pero una vez que se van los jóvenes se las ingenian para no entrar, o a veces no entran a determinadas clases que no son de su agrado, por esto es recomendable que los padres se interesen por la situación de asistencia escolar de sus hijos.

- Desaparición de objetos: Es común que en la casa de un/a joven que comienza a usar drogas comiencen a desaparecerse pequeños objetos, al inicio ni siquiera de tanto valor económico, otras veces inventan que los asaltaron y les robaron. Esto es lógico si consideramos que las drogas no son gratuitas y que producen tolerancia, esto quiere decir que en poco tiempo van necesitando dosis cada vez más altas para lograr el mismo efecto.

- Pupilas contraídas o dilatadas, ojos enrojecidos y/o pequeños, congestión nasal, etc.: Estas son algunas de las manifestaciones visibles que pueden darnos indicios de consumo de sustancias, ya que con el uso de ciertos estimulantes hay contracción pupilar y sudoración de manos. Con la marihuana se enrojecen los ojos, pero los jóvenes son hábiles y usan descongestionantes oftálmicos (colirios) por lo que también el frecuente uso de estos elementos debe hacernos sospechar. Irritación nasal en el caso de inhalación de ciertas sustancias como la cocaína.

- Alteraciones en el apetito, peso corporal o sueño: Este es otro de los aspectos importantes para una detección precoz, a pesar que hay que tener en cuenta que los adolescentes son voraces y comen en demasía, pero el comer mucho puede ser resultado del consumo de marihuana la que entre sus efectos abre el apetito, sin necesariamente subir de peso. El consumo excesivo de bebidas alcohólicas, además de su olor característico, produce aumento de peso por el gran aporte calórico que significa el alcohol mismo. La cocaína y anfetaminas en cambio son anorexígenos, esto quiere decir que quitan la sensación de hambre, por lo que normalmente el joven baja de peso, un caso más extremo de baja de peso importante lo presenta el consumo de Pasta Base de Cocaína. El sueño también se ve alterado ya que por lo general el consumidor de drogas duerme mal o no duerme, también sucede que cambia los días por las noches invirtiendo los ciclos normales de sueño vigilia.

Pasos a seguir si su hijo o hija ya consume drogas

1.- No se desespere ni paralice. Demuéstrele que esta dispuesto a asumir el problema.

2.- No le oculte su malestar ni su sentimiento de frustración. Avísele que buscará ayuda.

3.- No oculte la realidad al resto de la familia.

4.- Anímese a "abrir el juego"

5.- No busque culpables dentro ni fuera de la familia, no sirve de nada.

6.- No trate a su hijo o hija como a un "enfermito".

7.- Establezca límites con él acerca de por qué consume.

8.- Ahora se trata de hacer, no de discutir.

9.- No se victimice ni culpabilice, por el contrario muéstrese capaz y decidido a enfrentar el problema.

10.- Busque ayuda especializada urgente.

11.- Recuerde, ¡el tiempo es vida!

La importancia de ser padres

1.- No es fácil ser padres en la época actual.

2.- Nuestros hijos se encuentran viviendo en un mundo desconocido para nosotros.

3.- Los peligros a los que en nuestra adolescencia nos exponíamos no tienen aparentemente nada que ver con los riesgos que nuestros hijos tienen delante.

4.- Estos peligros nos paralizan y nos despiertan tales temores que corremos el riesgo de negar la realidad y "poner la cabeza bajo la tierra” para no ver lo que les podría pasar (o ya les pasa) a nuestros hijos.

5.- El consumo de drogas es uno de estos peligros, ante los cuales los padres muchas veces no sabemos qué hacer. Nos invade una sensación de impotencia, y corremos el riesgo de volvernos sumamente rígidos o totalmente permisivos.

6.- Sin embargo, nuestros hijos e hijas  necesitan de padres activos y valientes, que sepan orientar, que entiendan de las amenazas que asechan a las generaciones jóvenes

7.- Padres que saben ser padres serán la barrera infranqueable entre la droga y sus hijos.

Los padres deben procurar:

1.- Ser un ejemplo de vida para sus hijos en la familia cumpliendo las normas que a ellos les exigimos.

2.- Evitar en lo posible el uso y abuso de alcohol, tabaco, psicofármacos, y de medicamentos innecesarios.

3.- Crear y mantener espacios de diálogos y comunicación familiar.

4.- Promover la expresión verbal y corporal de afectos y emociones.

5.- Instalar hábitos adecuados en la vida familiar: higiene, trabajo, disciplina, horarios de estudio, etc.

6.- Conocer y relacionarse con los amigos/as de sus hijos, o tomar contacto con sus padres.

7.- Proponer y planificar el tiempo de ocio, para que resulte gratificante : deporte, diversión, paseos, vacaciones.

8.- Mantener como padres una actitud coherente, firme, y solidaria, para que los hijos experimenten el acuerdo entre los padres, aún si estos son separados.

9.- No rehusar el poner límites a los hijos si estamos convencidos de que esos límites favorecen la protección y sano crecimiento de ellos.

10.- No hacer por ellos lo que ya pueden hacer por sí mismos.

11.- ¡Estar Alerta !


CÓMO LOGRAR UNA AUTORIDAD POSITIVA

Tener autoridad, que no autoritarismo, es básico para la educación de nuestros hijos. Debemos marcar límites y objetivos claros que les permitan diferenciar qué está bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas. Hay que llegar a un equilibrio, ¿cómo conseguirlo para tener autoridad?

En frecuente que en nuestras escuelas de familias algunos padres o madres levanten la mano para exponer la siguiente situación:

- ¿Qué hago si mi hijo está encima de la mesa y no quiere bajar?

- Dígale que baje, - le decimos.

- Ya se lo digo, pero no me hace caso y no baja

- ¿Cuántos años tiene el niño?- preguntamos.

- Tres años - afirma la madre.

Situaciones semejantes a ésta se presentan frecuentemente a los padres padres. Generalmente suele ser la madre quien pone la cuestión sobre la mesa aunque estén los dos. El padre simplemente asiente, bien con un silencio cómplice, bien afirmando con la cabeza, porque el problema es de los dos, evidentemente.

¿Qué ha pasado para que en tan pocos meses una pareja de personas adultas, triunfadoras en el campo profesional y social, hayan dilapidado el capital de autoridad que tenían cuando nació el niño?

Actuaciones paternas y maternas, a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que los niños primero y los adolescentes después no tengan un desarrollo equilibrado y feliz con la consiguiente angustia para los padres. El padre o la madre que primero reconoce no saber qué hacer ante las conductas disruptivas de su pequeño y que, después, siente que ha perdido a su hijo adolescente, no puede disfrutar de una buena calidad de vida, por muy bien que le vaya económica, laboral y socialmente, porque ha fracasado en el "negocio" más importante: la educación de sus hijos.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que padres y madres cometemos cuando interaccionamos con nuestros hijos?

Antes de que siga leyendo, quiero advertirle que, posiblemente, tú, como todos - yo también - en alguna ocasión ha cometido cada uno de los errores que se apuntan a continuación. No te preocupes por ello. No es un desastre. Es lo normal en cualquier persona que intenta educar TODOS LOS DIAS. Tiene su parte positiva. Quiere decir que intentas educar, lo cual ya es mucho. En educación lo que deja huella en el niño no es lo que se hace alguna vez, sino lo que se hace continuamente. Lo importante es que, tras un periodo de reflexión, los padres consideren, en cada caso, las actuaciones que pueden ser más negativas para la educación de sus hijos, y traten de ponerles remedio.

Estos son los principales errores que, con más frecuencia, debilitan y disminuyen la autoridad de los padres:

* La permisividad. Es imposible educar sin intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo que es bueno ni de lo que es malo. No sabe si se puede pintar en las paredes o no. Los adultos somos los que hemos de decirle lo que está bien o lo que está mal. El dejar que se ponga de pie encima del sofá porque es pequeño, por miedo a frustrarlo o por comodidad es el principio de una mala educación. Un hijo que hace "fechorías" y su padre o su madre no le corrige, piensa que es porque ellos ni lo estiman ni lo valoran. Los niños necesitan referentes y límites para crecer seguros y felices.

* Ceder después de decir no. Una vez que  has decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del no. El no es innegociable. Nunca se puede negociar el no pero es el error más frecuente y que más daño hace a los niños. Cuando vayas a decir no a tu hijo, piénsalo bien, porque no hay marcha atrás. Si  le has dicho a tu hijo que hoy no verá la televisión, porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, tu hijo no puede ver la televisión aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad. Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro.

En cambio, el sí, sí se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuanto rato.

* El autoritarismo. Es el otro extremo del mismo palo que la permisividad. Es intentar que el niño/a haga todo lo que el padre o la madre quiere anulándole su personalidad. El autoritarismo sólo persigue la obediencia por la obediencia. Su objetivo no es una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino hacer una persona sumisa, esclavo sin iniciativa, que haga todo lo que dice el adulto. Es tan negativo para la educación como la permisividad.

* Falta de coherencia. Ya hemos dicho que los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posible en la importancia que se da a los hechos. Si hoy está mal pintar en la pared, mañana, también.

Igualmente es fundamental la coherencia entre el padre y la madre. Si el padre le dice a su hijo que se ha de comer con los cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de: "Déjalo que coma como quiera, lo importante es que coma".

* Gritar. Perder los estribos. A veces es difícil no perderlos. De hecho todo educador sincero reconoce haberlos perdido alguna vez en mayor o menor medida. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, a todo se acostumbra uno. El niño también a los gritos a los que cada vez hace menos caso: Perro ladrador, poco mordedor. Al final, para que el niño hiciera caso, habría que gritar tanto que ninguna garganta humana está concebida para alcanzar la potencia de grito necesaria para que el niño reaccionase.

Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave. Nunca debemos llegar a este extremo. Si los padres se sienten desbordados, deben pedir ayuda: tutores, psicólogos, escuelas de padres...

* No cumplir las promesas ni las amenazas. El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.

* No negociar. No negociar implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.

*No escuchar. Unos buenos padres buena madre son los que escuchan a su hijo aunque esté hablando por teléfono. Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar... nunca.

* Exigir éxitos inmediatos. Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores... ¡ya!. Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondiente errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, "para que el niño aprenda" se las repiten una y otra vez.

Sin embargo, una vez que sabemos lo que hemos de evitar, algunos consejos y "trucos" sencillos pueden aligerar este problema, ofrecer un desarrollo equilibrado a los hijos y proporcionar paz a las personas y al hogar. Estos consejos sólo requieren, por un lado, el convencimiento - muy importante- de que son efectivos y, por otro, llevarlas a la práctica de manera constante y coherente.

Enunciemos brevemente  algunas actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos:

* Tener unos objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Es la primera condición sin la cual podemos dar muchos palos de ciego. Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentario, incluso, a veces, papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos. Además deben revisarse si sospechamos que los hemos olvidado o ya se han quedado desfasados por la edad del niño o las circunstancias familiares.

* Enseñar con claridad cosas concretas. Al niño no le vale decir "sé bueno", "pórtate bien" o "come bien". Estas instrucciones generales no le dicen nada. Lo que sí le vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor y el cuchillo, por ejemplo.

* Dar tiempo de aprendizaje. Una vez hemos dado las instrucciones concretas y claras, las primeras veces que las ponen en práctica, necesitan atención y apoyo mediante ayudas verbales y físicas, si es necesario. Son cosas nuevas para ellos y requiere un tiempo y una práctica guiada.

* Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar, resaltando lo que hacen bien y pasando por alto lo que hacen mal. Pensemos que lo que les sale mal no es por fastidiarnos, sino porque están en proceso de aprendizaje. Al niño, como al adulto, le encanta tener éxito y que se lo reconozcan.

* Dar ejemplo para tener fuerza moral y prestigio. Sin coherencia entre las palabras y los hechos, jamás conseguiremos nada de los hijos. Antes, al contrario, les confundiremos y les defraudaremos. Un padre no puede pedir a su hijo que haga la cama si él no la hace nunca.

* Confiar en nuestro hijo. La confianza es una de las palabras clave. La autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en los padres. Es muy difícil que esto ocurra si los padres no da ejemplo de confianza en el hijo.

* Actuar y huir de los discursos. Una vez que el niño/a tiene claro cual ha de ser su actuación, es contraproducente invertir el tiempo en discursos para convencerlo. Los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0. Una vez que el niño/a ya sabe qué ha de hacer, y no lo hace, actúe consecuentemente y aumentará su autoridad.

* Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los padres da seguridad y tranquilidad al niño/a y le anima a tomar decisiones aunque se pueda equivocar, porque los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos dicen lo que debemos evitar. Los errores enseñan cuando hay espíritu de superación en la familia.

Todas estas recomendaciones pueden ser muy válidas para tener autoridad positiva o totalmente ineficaces e incluso negativas. Todo depende de dos factores, que si son importantes en cualquier actuación humana, en la relación con los hijos son absolutamente imprescindibles: amor y sentido común.

El amor hace que las técnicas no conviertan la relación en algo frío, rígido e inflexible y, por lo tanto, superficial y sin valor a largo plazo. El amor supone tomar decisiones que a veces son dolorosas, a corto plazo, para los padres y para los hijos, pero que después son valoradas de tal manera que dejan un buen sabor de boca y un bienestar interior en los hijos y en los padres.

El sentido común es lo que hace que se aplique la técnica adecuada en el momento preciso y con la intensidad apropiada, en función del niño, del adulto y de la situación en concreto. El sentido común nos dice que no debemos matar moscas a cañonazos ni leones con tirachinas. Un adulto debe tener sentido común para saber si tiene delante una mosca o un león. Si en algún momento tiene dudas, debe buscar ayuda para tener las ideas claras antes de actuar.

Escuela de Padres

Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena


Seis formas de evitar que nuestros hijos sobreexpongan su imagen en las redes sociales

Publicado en www.abc.es, 08.05.2018

Los últimos incidentes de suicidios de influencers han abierto el debate sobre el uso que los jóvenes hacen de las redes sociales y la imagen que proyectan en ellas. Aquellos que llegan a convertirse en ídolos sociales «trabajan» en sus perfiles la imagen de una vida basada en un bienestar psicosocial que, mal gestionada, puede tener consecuencias en dos direcciones. La primera incide sobre los propios influencers, pues el sentirse expuestos de forma continuada puede desarrollar en ellos la necesidad de llevar una vida «real» falseada y basada en la apariencia. Y la segunda, sobre sus fans, que reciben una imagen distorsionada y alejada de la realidad que, sin embargo, convierten en idílica y que, al intentar imitarla, genera en ellos sentimientos de frustración y tristeza con su propia vida. Top Doctors®, de la mano de la psicóloga Raquel García Zubiaga, del centro INAE, repasan cuáles son los síntomas de una mala gestión de la propia imagen en los jóvenes y cómo pueden los familiares hablarlo y tratarlo con ellos.

Cuando tu vida depende de un «like»

Ningún adolescente está exento de ser víctima de la mala gestión de su propia imagen. «No tiene por qué haber un problema psicológico escondido tras esta acción», asegura la doctora. La búsqueda de modelos en los que identificarse es un comportamiento común a lo largo de la historia, derivado de vivir en sociedad. «El problema surge cuando la necesidad de mostrar la intimidad en las redes sociales y de sobreexponerse para sentirse bien aumenta de forma continuada, haciendo depender tu felicidad de que te sigan o le guste a los demás lo que has publicado. Es como una adición más». Según la doctora, esto puede desencadenar distorsión entre el «yo» personal y el «yo» que se decide mostrar, y puede llevar al adolescente a publicar contenidos inapropiados y más arriesgados que capten la atención de más seguidores. Las consecuencias: problemas de irritabilidad, falta de aceptación, carencia de empatía, tristeza o incluso de conducta o relacionales.

¿Cómo pueden los padres intervenir?

Según los expertos, es importante tener un papel activo en la educación en el uso de las RRSS de los niños desde edades tempranas. Para ello, los expertos de Top Doctors dan 6 consejos:

—Marcar límites desde el diálogo. «Siempre», «jamás», «todo» o «nada», son expresiones demasiado contundentes que debemos evitar al marcar ciertos límites en el uso de estos canales si queremos evitar que los más jóvenes se sientan atacado. El consenso con ellos la hora de establecer los límites también es fundamental, y permitirá a los padres averiguar y analizar cuáles son sus demandas y necesidades más inmediatas.

—Un control moderado. Una vez que se han pactado los límites, es importante llevar un seguimiento de las fotos publicadas, de los seguidores y de las personas a las que siguen, así como el tiempo que pasan conectados, ya que estos parámetros son los principales indicadores de la gestión y uso que hacen de las redes.

—Enseñar dando ejemplo. Los padres son un espejo en el que los niños se miran, por ello es importante que vean en ellos cuál es el correcto manejo de las redes sociales. Si los padres se pasan horas en internet, o sobreexponen su vida y la de sus hijos, éstos repetirán la conducta.

—Fomentar el ocio fuera de la tecnología. Debemos evitar que el niño sustituya ciertos aspectos de su vida cotidiana por el uso de las redes sociales. Es importante que los progenitores controlen que no se deja de lado áreas como los estudios por estar con el móvil, que deje de perder interés por actividades que anteriormente le gustaban etc. Por ello, los expertos recomiendan fomentar aficiones y otras actividades dentro de su educación exentas de tecnología desde bien pequeños.

—No dejar de lado los valores fundamentales. La familia es la fuente de la que parten valores como la tolerancia, honestidad o la empatía. Si inculcamos esta enseñanza, será más fácil evitar y abordar los problemas derivados del uso de las redes sociales.

—Trabajar de forma continua la autoestima. Reforzar la autoestima y la seguridad en uno mismo es fundamental para que las personas que exponen su vida en las redes sepan encajar mejor las posibles oscilaciones de influencia o las críticas.

Lo más importante es que los padres conduzcan a sus hijos en el correcto uso de estos canales a través de una comunicación entre ambas partes basada en el respeto, la empatía, el amor y la comprensión.

Recopilado por la Delegación de Servicios Sociales y Salud del Ayto. de Lucena

 


COMIENZA LA ESCUELA DE PADRES 2018

Tras la Semana Santa, un año más, la Delegación de Servicios Sociales y Salud del Excmo. Ayto. de Lucena organiza  la Escuela de Padres.  Será a partir del martes 3 de abril.

Este año vamos a impartir las diferentes sesiones en los siguientes centros educativos: CEIP San José de Calasanz, CEIP Alyussana, CEIP El Prado, así como también  en el Centro Municipal de Servicios Sociales.

Cada padre o madre podrá acudir a cualquiera de estos centros con independencia de que sea o no el de sus hijos. La entrada es libre y se podrá asistir a cuantas sesiones deseen.

También es importante informar de que existe un servicio de guardería para atender a los niños que padres y madres deseen llevar.

La Escuela de Padres pretende ofrecer a padres y madres un espacio de crecimiento y reflexión que les permita acometer de la mejor manera posible la educación de sus hijos, su orientación , el fomento de su autonomía e independencia, el establecimiento de normas, el fomento de su autoestima o la resolución de los problemas cotidianos entre otros asuntos.

Se trata de un servicio gratuito que un año más ofrece la Delegación de Servicios Sociales del Ayto. de Lucena. No se necesita inscribirse en ningún sitio, se puede asistir libremente.

Impartida por dos psicólogos con larga experiencia en esta materia la Escuela de Padres permite encontrar, en el transcurso de solo cinco sesiones, aquellas soluciones y esas orientaciones necesarias para avanzar con mayor seguridad en el crecimiento familiar. La experiencia aportada por otros padres y madres ofrecen también puntos de vista nuevos, sugerencias y consejos de gran valor.

Empezamos el día 3 de abril, ¡toma nota y hazlo extensivo a tus amigos y familiares!

Al inicio de esta entrada puedes consultar el calendario y el horario

DELEGACIÓN DE SERVICIOS SOCIALES Y SALUD. AYTO. DE LUCENA


«Muchos padres tienen miedo o respeto a la reacción de sus hijos cuando les riñen»

Publicado en www.abc.es, 19.02.2018

La inseguridad de los protegenitores por saber si están educando bien o mal lleva, muchas veces, a sobreproteger a los niños, dejándolos seguros pero no desarrollados

«¿Lo estaré haciendo bien?», es una pregunta, muchas veces complicada, que los padres se hacen para valorar la educación que le están dando a su hijo. Desde el primer momento que un bebé llega a la vida de una familia se experimentan una montaña rusa de emociones e inseguridades. El temor a ser un mal padre o una mala madre pesa, muchas veces, más que todo lo demás.

Para aconsejar o tratar algunos aspectos a tener en cuenta en los primeros años de vida de los niños, ABC ha podido charlar con Rocío Ramos-Paúl, psicóloga —y conocida televisivamente como «Supernanny»—. Esta especialista ha apoyado, en primer lugar, la idea de que «cada niño y, por tanto, cada dinámica familiar son diferentes».

«A los padres preocupados por si educan correctamente, les digo que lo primero que hay que desarrollar es saber qué implica que un niño sea feliz y esté seguro», afirma. Para ello, «durante los primeros años la educación tiene que girar sobre tres puntos básicos: hábitos, límites y normas», continúa Ramos-Paúl.

En ese punto entra en escena lo que separa, en numerosas ocasiones, la opinión del padre y la madre: reñir. Mientras uno trata de avisar sobre lo que está bien o mal, la otra parte aboga por unas palabras más calmadas, sin levantar la voz. «Hay que alternar distintas formar para que cambie el comportamiento de los pequeños. Pero no se debe tener miedo o respeto a la reacción que tenga el niño, algo de lo que pecan muchos progenitores», insiste.

Ramos-Paúl asegura, también, que «no se les debe decir siempre a los hijos que todo lo hacen mal, porque eso les hará pensar que son malos y seguirán comportándose de forma incorrecta. Otro "truco" que puede ayudar es que los padres riñan en positivo. Es decir, en lugar de decir "No grites", expresar un "Habla más bajito"».

Miedo habituales

Las inseguridades y miedo que se puedan tener depende de cada padre y madre. «La sobreprotección suele ser muy habitual en los padres, primerizos o no y eso lleva consigo una falta de libertad para que los niños cometan errores y aprendan de ellos. No les permiten equivocarse», afirma esta experta.

Ir siempre de la mano aporta seguridad pero no desarrollo. «Hay mucha sobreprotección, pero muy poca exigencia hacia los hijos», insite Ramos-Paúl. «Los padres se llevan las manos a la cabeza cuando dices que un niño de 3 años puede ayudar a poner la mesa. Si no lo hace desde pequeño, después será muy complicado que tenga esas obligaciones», concluye la psicóloga.

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena