Cómo hablar sobre las drogas con un adolescente

Algunos padres no se preocupan por informarse sobre las drogas y sencillamente imponen un no, sin fundamento alguno, que los jóvenes detectan y rechazan. Los padres y madres tenemos que conseguir información adecuada y adaptar nuestras explicaciones a la edad de nuestros hijos. Podemos introducir el tema de una manera que no quede forzada a partir de una noticia que hemos visto en televisión o de una noticia del periódico.

Muchas veces, los padres, para hablar con sus hijos de temas delicados como las drogas, o sobre adicciones sin sustancias, esperamos encontrar un momento ideal y un ambiente propicio. Pero a menudo este momento ideal no llega nunca. Hay que decidirse a dar el paso. No perdamos oportunidades de hacerlo. Se trata de una inversión para el futuro. Hay que hablar siempre que se pueda, aunque las condiciones no sean óptimas.

Las primeras informaciones que nuestros hijos reciben sobre las drogas acostumbran a ser incompletas y confusas. Hay que proporcionarles información seria, contrastada, que no reproduzca los tópicos, sin exageraciones ni moralinas. Dialogar no es sólo hablar, sino observar, mostrar interés, crear un espacio de comunicación que permita expresar ideas, dudas y preocupaciones. Hay que aprender a escuchar, provocar la conversación, establecer una relación de confianza y complicidad.

Qué es lo que no debemos hacer y qué podemos promover

Veamos algunos principios que deberían existir es toda educación pedagógica:

Favorecer el conocimiento y el pensamiento crítico

Invitemos a nuestros hijos a reflexionar, con argumentos sólidos y creíbles. De nada servirá el miedo, decir no porque no.

Estar dispuestos a discutir, negociar y pactar

Sin perder de vista que sin respeto por las normas no puede existir responsabilidad ni libertad. Es fácil perderse en este punto entre la permisividad y la severidad. Nos cuesta decirles no a las cosas que nos piden nuestros hijos y además ellos son especialistas en conseguir lo que quieren. Últimamente hay cada vez más casos de violencia de padres sobre los hijos y de hijos sobre padres.

Fomentar las actitudes reflexivas y prudentes

Desde una lógica adolescente, las sensaciones y los placeres buscados son inmediatos mientras que los daños se perciben siempre lejanos e improbables. Los adolescentes no tienen la percepción del riesgo ni la madurez suficiente como para ver el peligro.

Respetar a los amigos de nuestros hijos

Pero al mismo tiempo combatir las actitudes que les impiden ser ellos mismos. Hay que aprender a evitar las malas influencias y compañías, desde antes del el noviazgo, ya que esto puede tener graves consecuencias en el seno más íntimo. ¿Qué harías si pensaras que el novio o novia de vuestra hija o hijo podría ser una mala influencia para él o ella? Hay que ser objetivos, una cosa es que no nos guste y otra que sea tóxica esa relación.

Debemos esforzarnos por entender qué es lo que les pasa a nuestros hijos y ponernos en su lugar, descubrir qué es lo que piensan y qué sienten, establecer unas normas que les ayuden a conseguir un orden interno, pero, al mismo tiempo, saber ser flexibles y sacar partido de la negociación como herramienta de aprendizaje y de construcción de valores. Establezcamos con nuestros hijos un vínculo afectivo, demostrándoles que les queremos, que nos importan, que pueden contar con nosotros.

En la adolescencia la relación se transforma: perdemos la seguridad, nos parece que nuestros métodos educativos ya no sirven. Conviene seguir con nuestro propio proceso de aprendizaje y adaptar nuestras ideas a la nueva situación.

En el inicio de la adolescencia, las drogas o comportamientos adictivos pueden aparecer de manera habitual en las conversaciones de chicos y chicas, a pesar de que el consumo sea todavía minoritario. A menudo se trata de una manera de demostrar que se ha dejado atrás la infancia. Hay que hablar de drogas en casa, de manera franca, evitando crear situaciones dramáticas innecesarias y huyendo del tono catastrofista que acostumbra a reforzar las convicciones de chicos y chicas (“mis padres exageran, no es para tanto”).

Al mismo tiempo, sin embargo, es importante intentar no frivolizar el tema. Lo más importante es encontrar un tono sencillo, razonable y directo, que sea útil y efectivo para alertar de los riesgos de las drogas. La mejor manera es tener un conocimiento real de las drogas, estar convencido de sus consecuencias negativas y demostrarlo con el ejemplo personal.

Evitemos: Interrogarles insistentemente sobre si piensan consumir drogas o si las han tomado ya. Es mucho mejor pedirles su opinión (qué piensan del consumo de drogas por parte de algunos jóvenes, qué peligros ven en ello). Evitemos discutir y pelearnos, de modo que la defensa de las drogas se convierta en una afirmación de su identidad. Desautorizarles o culpabilizarles de forma permanente con un juicio que fácilmente puede girársenos en contra.

La labor de los padres pasa por la comunicación, la confianza y la disposición para acompañarles a conseguir la autonomía y la responsabilidad. No olvidemos que no siempre los padres podemos evitar que los adolescentes prueben las drogas, por mera curiosidad, ganas de experimentar o por la influencia del grupo. Nuestro apoyo les puede proporcionar recursos para resistir mejor la presión del entorno, para tomar decisiones responsables.

Procuremos: Evitar las actitudes autoritarias y condenatorias. Hemos de aprender a observar los pequeños detalles, escuchar, preguntar de otra manera, dejando caer información, ideas y opiniones. Ser exigentes con nuestros hijos. Confiar en ellos pero, al mismo tiempo, pedirles que sean responsables, valorar sus aciertos y sus errores, sin presionarles ni criticarles de forma tajante.

Transmitir valores, normas y límites. Hemos de ofrecerles lo que necesitan (que no siempre sea lo mismo que piden). Salidas, horarios, tareas pendientes, implican compromiso y responsabilidad, a veces pueden pactarse y en algunos casos deben ser innegociables. Reconocer su capacidad para tomar decisiones. El objetivo de la enseñanza es que chicos y chicas sean autónomos y responsables.

Es imposible estar siempre encima de ellos y sobreprotegerlos pensando que no son capaces de entender y actuar en situaciones complejas y tampoco inhibirnos de su vida por completo. Y todo sin dejar de respetar su intimidad: tienen derecho a ello, y además necesidad.

La comunicación ha de estar siempre abierta, pero hemos de entender que difícilmente nuestro hijo nos explicará todo lo que le pasa. Tampoco nosotros lo hacemos. Seamos coherentes. Nuestras palabras pierden mucho valor para nuestros hijos si no van acompañadas de una conducta coherente. A menudo esto es más importante que los consejos y recomendaciones. Si a pesar de todo, sospechamos que nuestro hijo ha consumido o consume drogas, lo primero que debemos hacer es hablar con él, en el momento adecuado, para conocer las razones que le han llevado hasta allí, y de qué tipo de consumo se trata, si ha sido sólo un hecho puntual y cómo valora los riesgos que comporta su actuación.

Comprobar, al menos, que conoce las precauciones que debería tomar siempre y aquello que debería evitar a cualquier precio si experimenta de nuevo situaciones de riesgo. Una mala experiencia puede ser positiva si saben sacarse conclusiones de la misma. Tenemos que hablar del tema tranquilamente y sin dejarnos llevar por la urgencia, la rabia o la angustia.

Es mejor dejar pasar el primer momento de mayor alteración y crear un clima de verdadero diálogo, sin “víctimas” ni “culpables”. Ofrecerse, de manera colaboradora y reflexiva, con preocupación, pero sin violencia. Haciendo el detective o persiguiendo a nuestro hijo sólo vamos a conseguir que se distancie de nosotros. Hay que valorar cuál es la conducta general de nuestro hijo, qué cosas le interesan y cómo se relaciona con sus amigos. Busquemos caminos prácticos para acceder al mundo en el que viven. Sin olvidar que todo esto es aplicable al mundo de adicciones sin sustancia.

10 preguntas para empezar la conversación con tus hijos

Estas preguntas pueden servirte de guía para iniciar una conversación sobre el tema de las drogas con tu hijo/a:

- ¿Cuando sales, te ofrecen drogas? ¿Quién te las ofrece?

- (A raíz de una noticia o de un programa de TV) Con tus amigos del instituto, ¿habláis de drogas? ¿Os han dado alguna charla últimamente?

- Por televisión han dicho que cada vez hay más chicos y chicas que fuman al salir de clase. ¿En tu escuela también? ¿Qué te parece?

  • ¿Tienes amigos que ya fuman? Empiezas a probar porque queda bien ¿y después qué?
  • Otra vez noticias de accidentes de coche a causa del alcohol. A mí me preocupa cuando sales de noche… ¿Lo tenéis en cuenta?
  • Realmente la ley del tabaco está bien. Al menos las personas que no fuman no tienen que tragarse el humo de los demás. ¿Tú qué opinas?
  • Muchas veces las noticias que tratan de los jóvenes se relacionan con las drogas, el botellón… ¡Pero la juventud son muchas más cosas! ¿Tú qué dices?
  • El otro día salimos por la noche con tu padre y vimos a mucha gente” pasada de vueltas”. ¿Cuándo vosotros salís también hay ese ambiente?
  • ¿Crees que hay personas a las que no les afectan las drogas? Cuando todos tus amigos están de acuerdo en hacer algo y a ti no te apetece, ¿qué haces?

Educar es ayudar a comprender los cambios, descubrir emociones y sentimientos sin dejar que nos desborden. Las explicaciones de las normas, la negociación y el pacto nos ayudarán a establecer un clima de confianza. Ánimo en el arte de educar.

DELEGACIÓN DE SERVICIOS SOCIALES Y SALUD. AYTO. DE LUCENA


El 18% de los adolescentes usa Internet de forma compulsiva

Publicado en www.elpais.com

El Consejo de Ministros aprueba un plan que aborda por primera vez la adicción a las nuevas tecnologías

La lucha contra el uso patológico de las nuevas tecnologías se ha convertido en uno de los retos principales en la agenda sanitaria en tema de adicciones. Los datos sobre el consumo de redes sociales y otras nuevas herramientas son alarmantes, sobre todo entre los adolescentes: el 18% de los jóvenes entre los 14 y los 18 años de edad usa Internet de forma compulsiva, según el Ministerio de Sanidad. La nueva Estrategia Nacional de Adicciones, que el Consejo de Ministros ha aprobado este viernes, prevé por primera vez medidas para abordar este problema.

Francisco de Asís Babín, delegado del Plan Nacional sobre Drogas, ha explicado que no se trata de adictos, sino de jóvenes que en las encuestas efectuadas manifiestan aspectos como que no pueden estar mucho tiempo sin conectarse a Internet o a las redes sociales y que no hacerlo les genera ansiedad o malestar.

La idea de la nueva estrategia, que estará en vigor ocho años, es tener una base de datos de iniciativas que funcionen para que cada comunidad no tenga que empezar de cero el abordaje. Por ejemplo, Babín ha dicho que se ha visto que las guías para padres tienen partes muy útiles, pero que es más práctico que sean ellos quienes planteen sus inquietudes y las soluciones que se les ocurren.

Una parte del problema en el uso de las redes está en el juego online. El Gobierno estudia regular el acceso de los menores a la publicidad de apuestas en Internet. De acuerdo con los datos que presentó Babín ayer, el 9,8% de los menores de 18 años admite que ha apostado alguna vez por Internet. “Eso no quiere decir que sean ludópatas”, ha matizado. Entre los adultos adictos al juego de azar (un 0,9% de la población), el 44,8% ha apostado alguna vez antes de alcanzar la mayoría de edad, según los datos del Ministerio de Sanidad.

Las "adicciones sin sustancias" son una de las novedades de la nueva Estrategia Nacional sobre Adicciones que han presentado este viernes a la prensa Babín y el secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, Mario Garcés. En principio, las acciones (empezando por la recopilación de datos) se dirigirán a los menores, porque el problema de la adicción hay que tratarlo cuanto antes posible, ha explicado Babín.

La estrategia hace especial hincapié en ese tramo de edad, de los 14 a los 17 años, que es cuando se empiezan los consumos de sustancias y se es más proclive a las adicciones. En particular se fija en el consumo de alcohol: los datos muestran que un 32% de los jóvenes entre 14 y 18 años "realiza un consumo de riesgo" en los fines de semana y que casi el 80% ha tomado esta sustancia antes de llegar a la edad adulta. En cualquier caso, entre 2009 y 2014, la edad de inicio al consumo de las tres drogas más habituales (alcohol, tabaco y cannabis) ha subido ligeramente. La que más, el tabaco, ha pasado de 13,3 años a 13,9.

Otra novedad de la estrategia es la inclusión de la perspectiva de género. Que hay diferencia entre hombres y mujeres no es una novedad, pero se explicita, por ejemplo, que en los casos de violencia machista muchas veces el maltratador es adicto, afirm Garcés. El sesgo por sexo se aprecia también en el caso de las nuevas tecnologías. Las menores no solo fuman y beben más que sus compañeros, sino que también son más proclives al uso compulsivo de Internet. Además, como es habitual, ´las mujeres son las mayores consumidoras de hipnosedantes y ansiolíticos, las sustancias cuyo consumo más ha crecido en los últimos años de las controladas por el plan nacional.

El hincapié en los menores no excluye que la estrategia se fije, por primera vez, en los mayores de 65 años. Babín ha explicado que incluso las encuestas del ministerio sobre drogas solo consideran a la población hasta los 64 años. "Pero hay una generación, la de los supervivientes a la heroína en los ochenta", que se hace mayor con sus problemas asociados, ha indicado Garcés. Por esa razón la nueva estrategia también les tendrá en cuenta.

100 sustancias nuevas al año

En 2015 –último año con datos– se incluyeron 98 sustancias en la lista de drogas ilegales de España. El delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Francisco de Asís Babín, ha explicado este viernes que en 2012 se creó una red de alerta temprana de estos estupefacientes, pero que ahora se está preparando un real decreto para agilizar el proceso. Y es que hasta que una sustancia no está en la lista, no se puede perseguir a quien la venda por tráfico de estupefacientes. "Eso no quiere decir que quede impune", ha matizado Babín, porque se puede recurrir al delito contra la salud pública, pero esa demora es la que aprovechan los narcotraficantes para introducir la sustancia en el mercado.

La clave está en que un producto no se considera droga hasta que no entra en esa lista de sustancias fiscalizables. Lo que hacen los productores es cambiar la fórmula para que produzca efectos alucinógenos similares a los de drogas ya conocidas pero que, al no ser exactamente igual, no se considera ilegal. Esto ha sido así siempre (en los ochenta, el poppers –una droga líquida que se inhala— no estaba en la lista y se vendía como aroma ambientador o limpiacabezales de vídeos; la última vez que una molécula tuvo gran repercusión fue cuando se vendía como sales de baño o fertilizante, y en verdad era un psicoactivo).

Pero, ahora, el proceso se ha acelerado. Babín ha dicho que los dos grupos de estupefacientes que más se modifican para generar sustancias nuevas son los cannabinoides sintéticos y los similares en efectos a la cocacína y las anfetaminas, aunque hay muchos. La Estrategia Nacional de Adicciones que se ha aprobado en el Consejo de Ministros de hoy recoge que en la lista actual hay más de 560 sustancias, de las que un 70% se detectaron en los últimos cinco años. 

Recopilado por Delegación Servicios Sociales Ayto. de Lucena