15 DE NOVIEMBRE, DÍA MUNDIAL SIN ALCOHOL

BORRACHERAS EN IGUALDAD

Publicado en Diario Córdoba, 15.11.2018

La fundación Hogar Renacer y la asociación Acali, con motivo de la conmemoración hoy del día mundial sin alcohol, hacen una llamada de atención sobre el creciente número de chicas menores de edad y jóvenes que beben en exceso, de forma similar a hombres de edades similares. La profesora de la Universidad de Córdoba y psicóloga de Hogar Renacer, Valentina Lucena, expone que, según el último informe Estudes, del Ministerio de Sanidad (con datos de chicos de 14 a 18 años de todas las provincias, incluida Córdoba), los consumidores de alcohol de 14 a 18 años son un 52% chicos y un 48% chicas, cuando hace menos de una década ese porcentaje era de alrededor del 70% hombres y un 30% de mujeres. Lucena precisa que, siempre en base a este informe, el 75% de adolescentes de esas edades había consumido alcohol en el último año y un 67,5% en los últimos 30 días.

Además, casi una cuarta parte de los encuestados se había emborrachado una o varias veces en el último mes y un 30% había practicado el binge-drinking (consumo abusivo de alcohol, a modo de atracón, en una hora o dos como máximo). Sobre el binge-drinking, el Estudes refleja que a los 14 y 15 años son más chicas que chicos las que practican esta negativa moda.

Lucena muestra su preocupación por el hecho de que el 93,2% de los consumidores de alcohol que participaron en este análisis eran menores de 18 años, rondando la edad media de inicio en la ingesta en los 13-14 años, con el riesgo añadido de combinar el abuso de alcohol con el consumo de drogas, en muchos casos sintéticas, de gran peligrosidad. Este informe de Sanidad recoge a su vez que el alcohol es la sustancia percibida como menos peligrosa por los adolescentes.

Más demanda femenina

En el trabajo que la fundación Hogar Renacer realiza para ayudar a personas a abandonar el alcoholismo también se aprecia el creciente número de jóvenes que reclaman esta asistencia, representando un 30% de demandantes. Acali también viene notando que un mayor número de mujeres solicitan ayuda para dejar de consumir alcohol, sobre todo de 20 años en adelante. La psicóloga de Acali María Arevalo destaca la importancia de las familias, ya que si las chicas no se atreven a dar el paso, desde su entorno deben animarla a que las ayudemos, pues «lo que para ellas puede ser pura diversión tiene unas graves consecuencias».

En esta misma línea, el director del centro de salud de Poniente y médico de familia, Román Fernández, resalta que «los jóvenes cada vez están consumiendo alcohol de forma más temprana. Un 80% de jóvenes de menos de 25 años bebe de forma habitual y no lo ve un problema. A los 12-13 años ya han probado el alcohol alguna vez. Socialmente el alcohol sigue sin considerarse algo negativo. Adolescentes y jóvenes no valoran los efectos perjudiciales que para su salud pueda tener el alcohol», expone. «Parece no preocuparles que el alcohol es el culpable del 40% de accidentes de tráfico. No son conscientes de que esa droga puede matarles o causar graves daños al que bebe y coge un coche y también a personas que viajen con él o en otros turismos», añade Fernández. Precisamente, para informar de los riesgos del alcohol en la conducción el centro de salud Poniente acogerá el jueves 22 un road-show con alumnos de los IES Zoco y Medina Azahara.

Por su parte, Acali ha organizado esta mañana, en su sede de avenida del Corregidor, unas jornadas, con motivo del día sin alcohol, que contarán con representantes de la Guardia Civil de Tráfico, de expertos en el tratamiento del alcoholismo en el ámbito penitenciario, Policía Nacional, Policía Local y urgencias del hospital de Alcalá La Real.

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales y Salud Ayto. de Lucena

 


El alcohol y los menores

Publicado en www.lavanguardia.com, 11.04.2018

Los expertos abogan por una ley que eduque en vez de multar o prohibi

Regular por ley el consumo de alcohol entre los menores es una de las grandes asignaturas pendientes en España que salta de legislatura en legislatura sin ser aprobada. El debate vuelve a estar ahora vivo en el Senado, en el enésimo intento por fijar una norma estatal con una realidad –la de los atracones de alcohol en concentraciones callejeras– de la que muy pocos menores y adolescentes escapan. El principal problema surge cuando hay que acordar medidas coercitivas, que van desde la prohibición por ley de los botellones en todo el país (una posibilidad prevista en el actual debate) hasta la imposición de multas o condenas de trabajos en beneficio de la comunidad a los menores sorprendidos be­biendo en la calle.

En los últimos años se han lanzado muchas propuestas, que al final no han pasado de ser globos sonda, sobre lo que debería regular esta ley. Algunas de esas ideas toman como referencia normativas autonómicas u ordenanzas municipales que en la mayoría de los casos no han dado los frutos deseados. Uno de los ejemplos más claros afecta al apartado de las multas. La experiencia ya ha demostrado que imponer sanciones de 500 o 600 euros a un menor por beber en la calle no parece ser la solución. La mayoría carece de recursos para pagar esas sanciones y además en algunas ciudades como Madrid la mayoría de estas multas, aplicadas a partir de una norma autonómica, son archivadas de forma sistemática por los jueces. Estiman que el procedimiento no es garantista, pues se basa sólo en la versión del agente que asegura haber visto como el infractor bebía en la calle, sin aportar ninguna otra prueba. Es como si se condenara a un conductor por circular ebrio sin hacer la prueba de alcoholemia, a partir únicamente de la versión de un agente.

El joven multado por beber en la calle no entiende qué ha hecho mal, al pensar que sólo repite lo que ve cada día

La multa para prevenir el consumo de alcohol entre los menores no parece ser, por lo tanto, la mejor opción. Y no sólo por la respuesta que ya han dado los jueces a la política basada en el talonario de sanciones. “El menor que recibe esa multa por beber en la calle no acaba de comprender dónde está el problema, pues le están castigando por una conducta que ve en su casa, en las puertas de bares frecuentados por adultos o en las celebraciones familiares”, afirma Jaume Funes, psicólogo, educador y experto en el mundo de los adolescentes.

Afirmación que comparte Francisco Javier García-Castilla, sociólogo, trabajador social y docente en la UNED. “La vía punitiva, por sí sola, nunca va a servir para solucionar este problema. Esas multas, en caso de que la ley pendiente de aprobar las incluyera, deben de ir acompañadas de otras medidas que hagan entender, por ejemplo, a ese menor los riesgos de su conducta o las molestias que acarrean esas concentraciones”. Ignacio Calderón, vicepresidente de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), lo tiene también muy claro: “La nueva ley tiene que ser más preventiva que represiva”, afirma.

Los tres expertos coinciden, asimismo, en que otra de las propuestas discutidas en el debate sobre esta ley –la de prohibir a escala estatal el botellón– no sería tampoco la solución. “Primero sería muy difícil determinar que es un botellón o una simple concentración de adolescentes en un espacio público”, apunta Jaume Funes. García-Castilla considera, por su parte, “imposible eliminar de un plumazo algo que no deja de ser un reflejo de nuestra sociedad (las reuniones y encuentros con alcohol) si antes no se modificaran muchas cosas, como ofrecer a esos adolescentes alternativas de ocio para poder relacionarse entre ellos y desarrollarse como tales”. Calderón tampoco acaba de ver clara la efectividad de esa propuesta, que cree tendría que limitarse a situaciones muy concretas, “como los macrobotellones anunciados con antelación y que reúnen a miles de personas”.

Obligar a un trabajo en beneficio de la comunidad sólo es eficiente si el daño se ha causado en la ingesta.

En el debate sobre esta ley para regular el consumo de alcohol entre los menores hay otra propuesta que siempre está encima de la mesa. Es la del castigo a los infractores con trabajos en beneficio de la comunidad. Y como pasa con las multas, los expertos consultados por La Vanguardia vuelven a coincidir. Sostienen que esa medida sirve de poco si su aplicación no pasa de ser una respuesta mecánica, como sucede ahora con las multas.

“El trabajo en beneficio de la comunidad sólo está justificado si ese castigo tiene una relación directa con la conducta de ese menor durante la ingesta de alcohol. Es decir, si mientras ha durado ese botellón se ha destrozado parte de un parque, sí tendría sentido que el adolescente fuese obligado a reparar esos daños. Así tendría consciencia del daño social causado. Es un castigo más aleccionador y que va mucho más allá de la multa por el simple hecho de beber alcohol”, añade Jaume Funes. Francisco Javier García-Castilla opina lo mismo: “Un castigo de reparación, en estos casos, tienen que estar siempre relacionado con lo que se ha destruido”.

Ignacio Calderón reconoce que atajar estas conductas entre los adolescentes –que están pasando, asegura el vicepresidente de la FAD, una cara factura a miles de menores por consumos muy exagerados de alcohol– es especialmente complicado en un “país que vive en la calle, al que le gusta la fiesta y que recurre por norma general al alcohol para cualquier celebración”. Así que la única ­receta válida para solucionar el problema hay que buscarla en la educación.

Veneración por “santuarios” de socialización

“El botellón, cuya finalidad es el consumo de alcohol en grupo, establece una representación social de valores y actitudes que enlaza con la idea de que el consumo de alcohol está extendido en nuestra sociedad y aceptado culturalmente”, afirma Francisco Javier García-Castilla, sociólogo de la UNED y trabajador social.

Las concentraciones en parques y calles de adolescentes con sus particulares cargamentos de alcohol “son un efecto evolutivo en la práctica del ocio, en el que los jóvenes y los adolescentes parecen huir en ciertos momentos de las variables: precio, control y ubicación en un espacio cerrado”, añade este investigador experto en temas de adolescencia. “Quieren controlar su tiempo –continúa– y decidir libremente el espacio de ocio en el que reunirse y qué hacer en él, convirtiéndose en una reafirmación de su yo y del grupo de pertenencia”.

YouTube alentando a los menores a beber alcohol

Prohibir los botellones no parece que sirviera, sostienen expertos en el tema, para eliminarlos. Aunque sí acabaría con la veneración que muchos adolescentes tienen de lugares concretos en los que se concentran. “Durante el botellón, el lugar de reunión tiene una importante carga simbólica porque implica la puesta en escena de emociones, experiencias compartidas, la desinhibición de las relaciones afectivas y la socialización”, añade García-Castilla. “Pero no hay que olvidar que ese escenario también puede estar asociado con el uso y abuso del alcohol concentrado en un tiempo determinado”. Y es ahí donde tendrían que actuar las campañas institucionales. Romper con esa creencia, muy extendida entre los menores, de que “la diversión no es posible sin alcohol”, afirma el psicólogo Jaume Funes. Controlarlos no es fácil, pues en cuestión de minutos se movilizan de un sitio a otro

Recopilado por Delegación Servicios Sociales Ayto. de Lucena


El Parlamento quiere prohibir los botellones en toda España

Publicado en www.abc.es, 10.04.2018

El Parlamento quiere que la futura ley que regulará el consumo de alcohol en menores incluya la prohibición en toda España de la celebración de macrobotellones, botellón y botellódromos. Esta es una de las propuestas que forman parte del informe que ha elaborado la ponencia «Menores sin alcohol».

Este foro se constituyó en marzo de 2017 en el seno de la Comisión Mixta Congreso-Senado para el Estudio del Problema de las Drogas. El objetivo de la misma ha sido elaborar un documento con una serie de recomendaciones que servirán de base para que el Ministerio de Sanidad redacta una normativa de ámbito estatal. En la actualidad, algunos ayuntamientos ya prohiben la celebración de estas convocatorias en torno al consumo de alcohol y de la acotación de espacios específicos para esta actividad.

Una vez que este informa obtenga hoy el respaldo de la mayoría de los grupos parlamentarios, pasará a la Comisión Mixta para su aprobación definitiva. Posteriormente, será la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, la que decida hacer suya el contenido total o parcial del mismo. En este sentido, las fuentes parlamentarias consultadas por ABC, señalan que espera que el documento obtenga un «gran consenso, el mismo con el que se ha trabajado».

Publicidad on line

El contenido del informe definitivo, al que ha tenido acceso este periódico, también quiere que la norma incluya la activación de un protocolo saniario cuando un menor ingreso en un hospital, como consecuencia de un coma etílico. En este momento, los responsables sanitarios tienen que poner en conocimiento de los padres la situación del menor. El año pasado se produjeron en España unos 6.500 comas etílicos.

La prohición de consumir alcohol también se hace extensiva a los menores que conduzcan una motocicleta. En este caso, las recomendaciones de los diputados y senadores es que la tasa sea 0.

El Parlamento también recomienda legislar sobre la publicidad de bebidas alcohólicas en la web. Sus propuestas van encaminadas a que los menores tengan prohibido el acceso a este tipo de publicidad. No entra a especificar el proceso para que esto se lleve a cabo, simplemente cree que no es conveniente.

Uno de los aspectos más polémicos de esta norma es si podrá recoger algún tipo de sanciones al abuso en el consumo de alcohol. Para ello, subraya que hay que regular las sanciones que están vinculadas con el consumo de alcohol en la calle. Además, ofrece a padres y a menores la posibilidad de poder sustituir estas sanciones por acciones en beneficio a la comunidad.

Finalmente, aconsejan el cierre temporal de locales que sean reincidentes en denuncias por vender alcohol.

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena

 

 


Y con el instituto llega el botellón. ¿Qué podemos hacer los padres?

Es ley de vida, todo bebé será un niño primero y un adolescente después. A menudo los padres vivimos deseando que nuestros hijos crezcan para ver si vienen tiempos mejores: cuando son bebés no los disfrutamos porque criarlos es agotador, cuando son niños, porque nos atan, y cuando son adolescentes, creemos que por fin podremos recuperar la ya olvidada libertad de antes de ser papás. A los 12 años ya están en el instituto, y entonces la realidad de la adolescencia nos golpea en toda la cara.

Con el primer año de instituto, llega la primera fiesta de Halloween, la primera Nochevieja y las primeras fiestas de verano. Y para los papás es la primera vez que tenemos que tomar la decisión de dejar salir a nuestro hijo o hija hasta tarde, a sabiendas de que van a tener acceso a alcohol. ¿Qué haces si tu hijo te pide salir y volver a casa ya de madrugada o al día siguiente? Difícil decisión, sobre todo cuando sabes que cada año en épocas de fiestas, niños de 12 años beben hasta el coma etílico y algunos por desgracia mueren.

Y con el instituto llega el botellón. ¿Qué podemos hacer los padres?

¿De quién es la culpa? ¿Quién ha fracasado aquí? ¿Nos sentimos acaso culpables o fracasados? ¿O lo hemos normalizado hasta el extremo de que ya no nos preocupa? ¿Se puede culpabilizar solo a los padres? No me parece justo que se acuse únicamente a los progenitores. Personalmente creo que una vez más, estamos ante un signo de desprotección social de los más jóvenes. Se les ignora, a nadie les importa.

Lo realmente complicado cuando eres un adolescente y sales con los amigos es no beber, no fumar, no consumir drogas. ¿O es que ya no nos acordamos? No era tan diferente en nuestra época. Está tan aceptado que muchos padres permiten que sus hijos hagan botellón para no excluirlos del grupo de amigos. Y así, se consiente, con el pretexto de “es que los demás lo hacen” y “no lo voy a dejar marginado”. Lo absurdo del botellón, una práctica con varias décadas de existencia, es que el fin único del mismo es beber cuanto más mejor. Muchas veces se hace en el parking de una discoteca o en una plaza, para entrar muy puestos a la fiesta.

No sé cuándo se ha normalizado, cuándo se ha aceptado que no está mal, pero aquí sigue a pesar de las prohibiciones. En Islandia, leí hace poco, han cortado el problema de raíz. Dicen que los jóvenes en Islandia ya no están bebiendo en las calles: están practicando deportes y también en clubs de música o danza. Parece que las extraescolares deportivas han sido la solución, y también la música, el baile y el arte. Todas esas asignaturas desterradas o relegadas a ser “marías”, esas en las que muchos padres deciden educar a sus hijos en su tiempo libre, si los deberes y los exámenes lo permiten. De hecho, uno de los argumentos a favor de las extraescolares más extendido entre los padres es precisamente el de desarrollar en sus hijos aficiones que les mantengan alejados de las drogas durante la adolescencia.

Las borracheras y los comas etílicos de los adolescentes de 12 o 13 años me pillaron de sopetón. Hace menos de una década eran bebés que no dejaban dormir a sus padres, y ahora pasan la noche en la calle. Pero ¿podemos dormir mejor los padres ahora teniendo a nuestros hijos fuera de casa? Quién nos iba a decir que casi echaríamos de menos los cólicos del lactante.

Y no solo toman alcohol. Otro tipo de vicios precoces les enganchan. Muchos niños de los primeros cursos de la ESO, con edades alrededor de los 13 años, consumen tabaco, y otros, bajo una falsa sensación de inocuidad, fuman “vapor”. Fumar un cigarillo electrónico no es como tener un Tamagotchi por mascota, no es un cigarrillo virtual. Si no puedes tener mascota, puedes cuidar del Tamagotchi, vale, pero como el tabaco es malo ¿voy a fumar vapor? ¿Cuándo nos hemos creído los padres que eso es inofensivo?

Pero mucho más impactante para mí ha sido saber que incluso ya fuman marihuana. Me surgen tantas preguntas, alrededor de todo esto: ¿Quién les vende todas estas sustancias a los adolescentes? ¿Cómo se pueden conseguir tan fácilmente siendo menores de edad? La otra es ¿de dónde sacan dinero para comprarlas? Ese gasto no se lo puede uno permitir con la asignación semanal que te dan tus padres. Y la última, ¿no son nuestros adolescentes conscientes de lo peligroso que es para su salud consumir drogas? La respuesta es clara: evidentemente, no lo son.

Me embarga una sensación de fracaso tremenda. No puedo evitar recordar algo que el psicólogo Rafael Guerrero comenta frecuentemente en sus charlas, y que muchos padres olvidamos o desconocemos: la importancia de las relaciones de apego seguro, de cubrir las necesidades emocionales de nuestros hijos, hasta que ese tanque, metáfora que él usa a menudo, de 200 litros de necesidades emocionales esté por encima del 60%. Sin una relación de apego seguro creada y forjada desde la infancia, nuestros hijos cuando lleguen a adolescentes buscarán llenar el vacío emocional con drogas de cualquier tipo. No sé si esta es la receta infalible para evitar todos los riesgos en la adolescencia, pero sí que me parece que puede ser muy importante. Nos hemos perdido su infancia, nos hemos creído que con pasar ratitos de calidad con ellos podríamos educarlos. Mentira. No se educa en media hora, no se educa sin estar en casa, así no se educa a un niño ni se generan vínculos fuertes y duraderos.

Para los seres humanos, como mamíferos que somos, ser padres es algo natural, no necesitamos preparación alguna para serlo, como sí la necesitamos para dedicarnos profesionalmente a cualquier actividad. Pero como miembros de una sociedad, tenemos la responsabilidad de saber educar. ¿Somos los padres conscientes de lo difícil que es educar bien, en todo el amplio espectro de aspectos en los que hay que hacerlo, cuando decidimos tener un hijo? Y sobre todo, ¿somos un modelo para nuestros hijos?

Y sí, como bien dice la campaña del Ministerio de Sanidad, todos pensamos que esto solo les ocurre a los hijos de los demás, que los nuestros no lo hacen. Pero a veces, lo decimos con la boca pequeña porque la duda nos mata.

Publicado en www.elpais.com (08.12.2017)

 

 

 

 


Alertan del crecimiento de la práctica del ‘binge-drinking’ (Córdoba)

Valentina Lucena, psicóloga de la fundación Hogar Renacer, alertó ayer del crecimiento entre adolescentes y jóvenes de la práctica del binge-drinking, consumo abusivo de alcohol, a modo de atracón, en un corto espacio de tiempo (en una hora o dos como máximo).

Lucena expuso que «el botellón no ha desaparecido. El binge-drinking se trata de una moda por la que, a lo mejor los jóvenes quedan a las diez de la noche y en una hora se han bebido entera una botella de alta graduación». «El patrón ha cambiado. Hace años los adolescentes y jóvenes se cogían una borrachera en una fiesta puntual, en vacaciones, en una feria, pero ahora es prácticamente todos los fines de semana. Y además, luego están los que se graban en vídeo y esa grabación circula por internet o por grupos de whatsap, ridiculizando en ocasiones a los participantes; ensalzando que hayan bebido en exceso o incluyendo todo tipo de conductas de riesgo», resaltó esta psicóloga. «Hace décadas el alcoholismo se asociaba a clases menos favorecidas o con menos oportunidades, pero ahora se da en todos los estratos sociales y niveles económicos», indicó Valentina Lucena.

«La edad media del paciente que acude a la fundación Hogar Renacer a pedir ayuda para dejar el alcohol ha disminuido y ya no es solo mayoritariamente un hombre de 40-50 años, sino que llegan desde los 20 o incluso personas de bastante edad, siendo cada vez más mujeres las que se atreven a dar el paso, cuando antes era un problema que ocultaban las afectadas. Hemos notado que al menos ha crecido la concienciación entre las familias de jóvenes y adolescentes que presentan un abuso excesivo de alcohol. Se atreven a dar el paso de solicitarnos ayuda antes de que el problema del alcohol que presentan sus hijos se haga más grave. Con los menores trabajamos la prevención y también disponemos de una escuela de familias con un programa especializado para padres e hijos», añadió Lucena.

Publicado en www.diariocordoba.com (16.11.2017)