Los videojuegos te pueden desorganizar toda la vida

Publicado en www.diariocordoba.com, 15.05.2018

La coordinadora de la Unidad de Juego Patológico del Hospital de Bellvitge, Susana Jiménez-Murcia, advierte de la creciente adicción a los juegos 'on line' y urge a educar en el uso saludable desde edades muy tempranas

 La especialista urge además a educar en el uso saludable de este tipo de productos desde edades muy tempranas.

-¿La adicción a los videojuegos afecta cada vez a más jóvenes y de menor edad?
-Es cada vez más motivo de consulta. La prevalencia en el 2018 ha sido un 3,7% mayor que la observada en el 2005; se ha multiplicado por cuatro.

-¿Qué perfil tienen los pacientes?
-Mayoritariamente varones (90,9%), con estudios primarios (48,9%) o secundarios (45,5%) y solteros (88,6%). Teniendo en cuenta que nuestra Unidad de Juego Patológico es de adultos, la edad media es de casi 23 años, con una edad de inicio del problema a los 19 años.

-¿Algún consejo para los padres?
-Deben hacer un buen uso de las nuevas tecnologías, ya que son modelos de conducta para sus hijos. Implicarse y familiarizarse con ellas, al lado de sus hijos y educar en el uso saludable desde edades muy tempranas. Se desaconseja que los niños y adolescentes tengan los dispositivos en la habitación. No deben utilizarse para aislarse de los demás. Hay que limitar el tiempo y controlar los contenidos, negociar a qué videojuegos va a jugar, cuándo y cuánto tiempo.

-¿Qué limites de tiempo propone?
-Un máximo de 1-2 horas al día, después de tareas escolares. La limitación del tiempo es una de las estrategias de prevención más consensuadas, dado que una gran dedicación es uno de los principales factores de riesgo. Se aconseja monitorizar el tiempo. Una de las características de internet es la capacidad de desconexión del entorno y la disminución de la percepción del tiempo transcurrido. No se aconseja jugar antes de irse a dormir.

-¿La poca conciencia de enfermedad es uno de los agravantes?
-Ese es el gran problema que, en muchas ocasiones, retrasa el diagnóstico y complica la respuesta al tratamiento. Sería aconsejable que los pediatras exploraran también este hábito. Un diagnóstico precoz, tanto de la adicción a los videojuegos, como de los problemas emocionales y trastornos asociados, como ansiedad, depresión, TDAH..., son fundamentales para reducir el fracaso escolar, las dificultades sociales, el aislamiento... que se observan en los pacientes con esta patología.

-¿Qué los hace tan adictivos?
-Los videojuegos con mayor potencial son los ‘MMORPG’, es decir ‘online’, de rol y multijugador. Requieren una implicación muy elevada, en tiempo y dedicación y, como consecuencia, alteraciones en la funcionalidad personal y social. Otros factores de riesgo son los problemas académicos, experiencias vitales traumáticas y estresantes, conflictos familiares, etcétera. También se ha descrito la asociación con determinados rasgos de personalidad, como la impulsividad, dificultades en las relaciones sociales, síntomas depresivos y de ansiedad.

-¿Para muchos es un chute de autoestima?
-Sí, muchos pacientes explican que, en el entorno virtual del videojuego, se sienten hábiles, capaces, admirados, sin responsabilidades y sin la posibilidad de fracasar. Afirman que a medida que te vas implicando más y más, adquieres mayor habilidad y vas progresando a todos los niveles. También de forma progresiva, el videojuego acaba organizando, o desorganizando, toda tu vida, sin espacio para nada más. Por otra parte, dicen que resulta muy frustrante dedicar esfuerzo a alguna actividad, académica, por ejemplo, para que luego acabes con malos resultados. O ya no dedicas atención a esa tarea, porque sabes de antemano que no vas a tener éxito. Por lo que sientes que con los videojuegos tienes el éxito asegurado. Tanto te dedicas, tanto avanzas.

-¿Algunas claves para poder desconectarse?
-El primer reto es reconocer que existe un problema, que se trata de una conducta que se nos escapa de control y que a lo mejor necesitamos ayuda. Aunque es una actividad estimulante y gratificante, debemos pensar en todo lo que estamos dejando de hacer. La familia y los amigos tienen un papel crucial. Es importante comprender, apoyar, no etiquetar, favoreciendo así una primera consulta. Los terapeutas sabrán cómo manejar la falta de motivación y la escasa conciencia del problema. Una pregunta importante será: ¿Te imaginas así los próximos años? ¿Es eso lo que querías?

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales y Salud Ayto. de Lucena

 

 

 


Seis formas de evitar que nuestros hijos sobreexpongan su imagen en las redes sociales

Publicado en www.abc.es, 08.05.2018

Los últimos incidentes de suicidios de influencers han abierto el debate sobre el uso que los jóvenes hacen de las redes sociales y la imagen que proyectan en ellas. Aquellos que llegan a convertirse en ídolos sociales «trabajan» en sus perfiles la imagen de una vida basada en un bienestar psicosocial que, mal gestionada, puede tener consecuencias en dos direcciones. La primera incide sobre los propios influencers, pues el sentirse expuestos de forma continuada puede desarrollar en ellos la necesidad de llevar una vida «real» falseada y basada en la apariencia. Y la segunda, sobre sus fans, que reciben una imagen distorsionada y alejada de la realidad que, sin embargo, convierten en idílica y que, al intentar imitarla, genera en ellos sentimientos de frustración y tristeza con su propia vida. Top Doctors®, de la mano de la psicóloga Raquel García Zubiaga, del centro INAE, repasan cuáles son los síntomas de una mala gestión de la propia imagen en los jóvenes y cómo pueden los familiares hablarlo y tratarlo con ellos.

Cuando tu vida depende de un «like»

Ningún adolescente está exento de ser víctima de la mala gestión de su propia imagen. «No tiene por qué haber un problema psicológico escondido tras esta acción», asegura la doctora. La búsqueda de modelos en los que identificarse es un comportamiento común a lo largo de la historia, derivado de vivir en sociedad. «El problema surge cuando la necesidad de mostrar la intimidad en las redes sociales y de sobreexponerse para sentirse bien aumenta de forma continuada, haciendo depender tu felicidad de que te sigan o le guste a los demás lo que has publicado. Es como una adición más». Según la doctora, esto puede desencadenar distorsión entre el «yo» personal y el «yo» que se decide mostrar, y puede llevar al adolescente a publicar contenidos inapropiados y más arriesgados que capten la atención de más seguidores. Las consecuencias: problemas de irritabilidad, falta de aceptación, carencia de empatía, tristeza o incluso de conducta o relacionales.

¿Cómo pueden los padres intervenir?

Según los expertos, es importante tener un papel activo en la educación en el uso de las RRSS de los niños desde edades tempranas. Para ello, los expertos de Top Doctors dan 6 consejos:

—Marcar límites desde el diálogo. «Siempre», «jamás», «todo» o «nada», son expresiones demasiado contundentes que debemos evitar al marcar ciertos límites en el uso de estos canales si queremos evitar que los más jóvenes se sientan atacado. El consenso con ellos la hora de establecer los límites también es fundamental, y permitirá a los padres averiguar y analizar cuáles son sus demandas y necesidades más inmediatas.

—Un control moderado. Una vez que se han pactado los límites, es importante llevar un seguimiento de las fotos publicadas, de los seguidores y de las personas a las que siguen, así como el tiempo que pasan conectados, ya que estos parámetros son los principales indicadores de la gestión y uso que hacen de las redes.

—Enseñar dando ejemplo. Los padres son un espejo en el que los niños se miran, por ello es importante que vean en ellos cuál es el correcto manejo de las redes sociales. Si los padres se pasan horas en internet, o sobreexponen su vida y la de sus hijos, éstos repetirán la conducta.

—Fomentar el ocio fuera de la tecnología. Debemos evitar que el niño sustituya ciertos aspectos de su vida cotidiana por el uso de las redes sociales. Es importante que los progenitores controlen que no se deja de lado áreas como los estudios por estar con el móvil, que deje de perder interés por actividades que anteriormente le gustaban etc. Por ello, los expertos recomiendan fomentar aficiones y otras actividades dentro de su educación exentas de tecnología desde bien pequeños.

—No dejar de lado los valores fundamentales. La familia es la fuente de la que parten valores como la tolerancia, honestidad o la empatía. Si inculcamos esta enseñanza, será más fácil evitar y abordar los problemas derivados del uso de las redes sociales.

—Trabajar de forma continua la autoestima. Reforzar la autoestima y la seguridad en uno mismo es fundamental para que las personas que exponen su vida en las redes sepan encajar mejor las posibles oscilaciones de influencia o las críticas.

Lo más importante es que los padres conduzcan a sus hijos en el correcto uso de estos canales a través de una comunicación entre ambas partes basada en el respeto, la empatía, el amor y la comprensión.

Recopilado por la Delegación de Servicios Sociales y Salud del Ayto. de Lucena

 


El 18% de los adolescentes usa Internet de forma compulsiva

Publicado en www.elpais.com

El Consejo de Ministros aprueba un plan que aborda por primera vez la adicción a las nuevas tecnologías

La lucha contra el uso patológico de las nuevas tecnologías se ha convertido en uno de los retos principales en la agenda sanitaria en tema de adicciones. Los datos sobre el consumo de redes sociales y otras nuevas herramientas son alarmantes, sobre todo entre los adolescentes: el 18% de los jóvenes entre los 14 y los 18 años de edad usa Internet de forma compulsiva, según el Ministerio de Sanidad. La nueva Estrategia Nacional de Adicciones, que el Consejo de Ministros ha aprobado este viernes, prevé por primera vez medidas para abordar este problema.

Francisco de Asís Babín, delegado del Plan Nacional sobre Drogas, ha explicado que no se trata de adictos, sino de jóvenes que en las encuestas efectuadas manifiestan aspectos como que no pueden estar mucho tiempo sin conectarse a Internet o a las redes sociales y que no hacerlo les genera ansiedad o malestar.

La idea de la nueva estrategia, que estará en vigor ocho años, es tener una base de datos de iniciativas que funcionen para que cada comunidad no tenga que empezar de cero el abordaje. Por ejemplo, Babín ha dicho que se ha visto que las guías para padres tienen partes muy útiles, pero que es más práctico que sean ellos quienes planteen sus inquietudes y las soluciones que se les ocurren.

Una parte del problema en el uso de las redes está en el juego online. El Gobierno estudia regular el acceso de los menores a la publicidad de apuestas en Internet. De acuerdo con los datos que presentó Babín ayer, el 9,8% de los menores de 18 años admite que ha apostado alguna vez por Internet. “Eso no quiere decir que sean ludópatas”, ha matizado. Entre los adultos adictos al juego de azar (un 0,9% de la población), el 44,8% ha apostado alguna vez antes de alcanzar la mayoría de edad, según los datos del Ministerio de Sanidad.

Las "adicciones sin sustancias" son una de las novedades de la nueva Estrategia Nacional sobre Adicciones que han presentado este viernes a la prensa Babín y el secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, Mario Garcés. En principio, las acciones (empezando por la recopilación de datos) se dirigirán a los menores, porque el problema de la adicción hay que tratarlo cuanto antes posible, ha explicado Babín.

La estrategia hace especial hincapié en ese tramo de edad, de los 14 a los 17 años, que es cuando se empiezan los consumos de sustancias y se es más proclive a las adicciones. En particular se fija en el consumo de alcohol: los datos muestran que un 32% de los jóvenes entre 14 y 18 años "realiza un consumo de riesgo" en los fines de semana y que casi el 80% ha tomado esta sustancia antes de llegar a la edad adulta. En cualquier caso, entre 2009 y 2014, la edad de inicio al consumo de las tres drogas más habituales (alcohol, tabaco y cannabis) ha subido ligeramente. La que más, el tabaco, ha pasado de 13,3 años a 13,9.

Otra novedad de la estrategia es la inclusión de la perspectiva de género. Que hay diferencia entre hombres y mujeres no es una novedad, pero se explicita, por ejemplo, que en los casos de violencia machista muchas veces el maltratador es adicto, afirm Garcés. El sesgo por sexo se aprecia también en el caso de las nuevas tecnologías. Las menores no solo fuman y beben más que sus compañeros, sino que también son más proclives al uso compulsivo de Internet. Además, como es habitual, ´las mujeres son las mayores consumidoras de hipnosedantes y ansiolíticos, las sustancias cuyo consumo más ha crecido en los últimos años de las controladas por el plan nacional.

El hincapié en los menores no excluye que la estrategia se fije, por primera vez, en los mayores de 65 años. Babín ha explicado que incluso las encuestas del ministerio sobre drogas solo consideran a la población hasta los 64 años. "Pero hay una generación, la de los supervivientes a la heroína en los ochenta", que se hace mayor con sus problemas asociados, ha indicado Garcés. Por esa razón la nueva estrategia también les tendrá en cuenta.

100 sustancias nuevas al año

En 2015 –último año con datos– se incluyeron 98 sustancias en la lista de drogas ilegales de España. El delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Francisco de Asís Babín, ha explicado este viernes que en 2012 se creó una red de alerta temprana de estos estupefacientes, pero que ahora se está preparando un real decreto para agilizar el proceso. Y es que hasta que una sustancia no está en la lista, no se puede perseguir a quien la venda por tráfico de estupefacientes. "Eso no quiere decir que quede impune", ha matizado Babín, porque se puede recurrir al delito contra la salud pública, pero esa demora es la que aprovechan los narcotraficantes para introducir la sustancia en el mercado.

La clave está en que un producto no se considera droga hasta que no entra en esa lista de sustancias fiscalizables. Lo que hacen los productores es cambiar la fórmula para que produzca efectos alucinógenos similares a los de drogas ya conocidas pero que, al no ser exactamente igual, no se considera ilegal. Esto ha sido así siempre (en los ochenta, el poppers –una droga líquida que se inhala— no estaba en la lista y se vendía como aroma ambientador o limpiacabezales de vídeos; la última vez que una molécula tuvo gran repercusión fue cuando se vendía como sales de baño o fertilizante, y en verdad era un psicoactivo).

Pero, ahora, el proceso se ha acelerado. Babín ha dicho que los dos grupos de estupefacientes que más se modifican para generar sustancias nuevas son los cannabinoides sintéticos y los similares en efectos a la cocacína y las anfetaminas, aunque hay muchos. La Estrategia Nacional de Adicciones que se ha aprobado en el Consejo de Ministros de hoy recoge que en la lista actual hay más de 560 sustancias, de las que un 70% se detectaron en los últimos cinco años. 

Recopilado por Delegación Servicios Sociales Ayto. de Lucena


"Mi hijo se ha convertido en un zombi"

El uso del móvil y videojuegos altera el día a día de muchos jóvenes

Publicado en www.elmundo.es

 

Aficionado a los videojuegos frente a la pantalla

El tratamiento para la adicción a las nuevas tecnologías se asemeja al de un drogadicto o un alcohólico

La adicción a los videojuegos será una enfermedad a partir de 2018

"Mamá, ayúdame, por favor". En un momento puntual de lucidez, el joven de 17 años P. G. -sus iniciales para preservar la identidad- acudió a su progenitora llorando y muy asustado. Ya no podía más. Tras noches de pesadillas, golpes en la pared y gritos de "están viendo por mis ojos", sin dejar dormir a la familia ni a los vecinos, que incluso llamaron a la Policía, M. M., su madre, decidió ingresarle en el hospital.

Fue duro, especialmente en Navidad. El chico no ha podido viajar como otros años para tomar las uvas con sus tíos y primos. "He hecho todo lo que he podido y no ha servido. La situación me sobrepasa". Primero trató de razonar con él, luego le quitó todos los ordenadores y las consolas y acudió a un psicólogo para que le ayudase: "Del mismo modo que se trata a un drogadicto o a un alcohólico. Pero tiene que ser él quien ponga de su parte porque he perdido la autoridad".

M. M. está convencida de que los videojuegos son los culpables de los episodios de psicosis de su hijo. "Jamás he invertido en una maquinita, he sido de esas madres que juegan con sus hijos y les llevan al parque para que se relacionen con otros". Pero con el dinero que le daban sus tíos en los cumpleaños él se compraba una consola y un teléfono móvil como el resto de niños de su clase. "Si veía que estaba demasiadas horas y le regañaba, se iba a casa de sus amigos a jugar, donde yo no le pudiese controlar", explica.

Ensimismado en su habitación, P. G. empezó a engancharse a los juegos en red después de sufrir bullying en la escuela. No salía de casa. Tampoco estudiaba. De hecho, empezó a suspender las asignaturas. Mientras comía, estaba con el smartphone en la mano, sin soltarlo ni un solo momento. Y dejó hasta de dormir por las noches "para no perder puntos en la clasificación", desvela su madre. Ha tenido varias fases, siempre a peor.

"Como estaba deprimido porque sus compañeros del colegio se metían con él, hasta los médicos me decían que era una buena vía de escape, que no me preocupase. Hasta que me di cuenta de que descargaba toda esa violencia de los videojuegos contra mí. Se ponía muy agresivo y lleno de ira porque desconectaba internet para que lo dejase de una vez", cuenta.

Un día llegó a tirar el ordenador contra el suelo muy alterado. P. G. mide más de 1,80 metros y su madre llegó a sentir miedo. "Mi hijo tiene muy buen corazón, sin embargo, cuando se pone así se convierte en un zombi. Mientras juega al Call of Duty insulta y chilla a otros usuarios. Ahora está como loco con Clash Royale. Y yo ni siquiera puedo saber con quién se está peleando al otro lado de la pantalla. Se vuelve un tirano. No le reconozco", admite preocupada M. M.

La adicción a los videojuegos afecta a muchos jóvenes

El caso no es una excepción. Esta mujer conoce a muchos chavales "con el mismo problema gordo" de su hijo. Habla con otros padres que tampoco son capaces de poner freno a esa necesidad de jugar constantemente, ni de establecer normas o límites al tiempo que dedican a las pantallas por encima de sus quehaceres.

"Es un problema de la sociedad, y las instituciones y organismos deben dejar de mirar hacia otro lado. La juventud de hoy es el futuro de mañana", advierte. Por eso recibe de buen grado la nueva consideración de la OMS como enfermedad. "En Japón, un país puntero en las nuevas tecnologías, hay centros que tratan esta adicción desde hace años. Me he estado informando y Proyecto Hombre ya está haciendo programas de este tipo en Andalucía".

Después de ver a su hijo "desquiciado perdido", M. M. le ha recogido del hospital pasados unos días de aquel fatídico episodio. Con el alta médica en la mano, todavía no sabe cuál es la solución. Sí aconseja a otros progenitores que establezcan normas desde que son pequeños. "Me preocupa mucho los monstruos que estamos creando. Hoy, desde la cuna predisponemos a los bebés a la adicción poniéndoles pantallas para que se entretengan porque no tenemos tiempo de nada".

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena


Niños adictos a la tecnología: lo que los padres tienen que saber

Uno de cada tres menores dedica más de tres horas diarias a internet. Si los Reyes Magos vienen cargados de móviles y tabletas, asegúrate de que saben cómo usarlos de forma responsable y de que existe equilibrio entre su vida off y online

Te levantas y miras Whatsapp. Desayunando consultas Facebook y Twitter. Después, vas a Instagram a ver las últimas fotos de tus amigos y a mitad del día, por qué no echar una partida a ese juego que te encanta. Estas acciones podrían firmarlas un joven de 15 años, otro de 25, un adulto de 35 o de 45. La tecnología es parte fundamental de nuestra vida. Niños y adultos estamos hiperconectados: nos informamos, divertimos y relacionamos a través de ella, pero hay que ser conscientes de cuándo se pasa de un uso responsable y normal a abusar de ella.

El 30% de los niños españoles tiene móvil a los 10 años y el 70%, a los 12, según un informe del Hospital Sant Joan de Déu, si bien los expertos recomiendan que los menores tengan su primer dispositivo a partir de los 12 años. Además, uno de cada tres niños pasa de media tres horas diarias conectado a internet, según datos de UNIR que recoge la web Por un uso Love de la tecnología, a través de la cual Orange quiere concienciar a niños y mayores sobre la importancia del uso seguro y responsable de las nuevas tecnologías.

¿Cuándo se pasa de un uso normal a ser una adicción? Los primeros indicativos de que nuestro hijo puede ser adicto al móvil los podemos encontrar en la necesidad que tiene de estar conectado el máximo tiempo posible para sentirse satisfecho. Si no lo consigue, se siente deprimido, nervioso o enfadado, estados anímicos que desaparecen cuando vuelve a usar la tecnología. Si tampoco consigue controlar el tiempo que pasa con sus dispositivos, ha dejado de lado otras tareas y obligaciones o prefiere las relaciones online, quizás nuestro hijo tenga un problema de adicción al móvil.

Ante todo hay que dejar claro que la mayoría de jóvenes utilizan mucho la tecnología, y obviamente eso no es sinónimo de tener una adicción, pero sí es cierto que es necesario supervisar y estar al tanto de sus pautas de conductas tecnológicas para evitar problemas mayores y asegurarnos de que existe un equilibrio entre su vida digital y la que vive fuera de la tecnología.

Si detectamos que nuestro hijo hace un uso abusivo de los dispositivos tecnológicos, la solución nunca va a ser prohibirle que se conecte. Lo que en realidad debemos hacer es ayudarle a desaprender ese hábito y que vuelva a utilizarlos de una forma controlada, sustituyendo pautas inadecuadas por otras más positivas. Puede ayudarnos a ello fijar metas y pequeños retos para que recupere el control sobre el tiempo de uso del móvil, la tableta o el ordenador, así como hacer una lista de los pros y los contras de abusar de la tecnología, aprendiendo juntos.

Además, es importante que los niños y adolescentes vean internet no solo como un lugar de diversión sino también de información y formación. La clave siempre está en la educación. Por eso, es una buena idea hacer ‘terapia familiar’ y poner en común cuáles son los problemas y las necesidades que implica el uso de la tecnología haciendo partícipes a todos, padres y niños, de las soluciones para, de esta forma, implicar a todos.

Según Common Sense, la mitad de los adolescentes y un cuarto de los padres sienten que son adictos al móvil. De hecho, el 72% de los adolescentes y el 48% de los padres tienen la necesidad de responder de forma inmediata a los mensajes, Whatsapps y otras notificaciones. El desafío, por tanto, está saber cómo aprovechar al máximo la tecnología sin perder el control.

Si empezamos a observar algunos indicios de un uso excesivamente abusivo por parte de nuestros hijos de sus dispositivos tecnológicos, podemos proponer pautas en familia como hacer una dieta móvil. Es algo tan sencillo como establecer unos horarios, lugares y tipos de usos de cumplimiento estricto. Por ejemplo, en determinadas horas, la tableta y el ordenador solo se utilizan con el fin de consultar información para estudiar; el lugar para conectarse a internet y conversar online con los amigos ha de ser un espacio común, como el salón; y durante la cenar el móvil se queda encima de la mesa y boca abajo. Además, si en esta ‘operación bikini tecnológica’ se implican niños y adultos (porque la mejor forma de enseñar es predicar con el ejemplo), no solo conseguiremos motivarles sino también ganar tiempo de calidad para disfrutar en familia.

De igual modo, el uso de la tecnología, tanto para los nativos digitales como para los que no lo somos, está transformando nuestra forma de relacionarnos y, sobre todo, nuestra concentración. Ahora vemos la televisión o una serie en una plataforma de streaming mientras tuiteamos, mandamos Whatsapps a los amigos a la vez que comemos o jugamos mientras mantenemos una conversación tras la cena. Hacer varias cosas a la vez se ha convertido casi en la forma de hacerlas, pero el peligro -y es donde más hay que incidir con nuestros hijos- es que estos nuevos hábitos pueden mermar la concentración en una determinada tarea y terminar dañando la capacidad de terminarla. Hemos de enseñar a nuestros hijos que la tecnología ha de ser una ayuda y nunca un obstáculo.

En cualquier caso, lo que tenemos que tener claro es que si detectamos problemas indicativos de que nuestros hijos sufren una adicción al móvil, siempre hay que acudir a un especialista.

Publicado en www.abc.es, 22.12.2017

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena