Cómo hablar sobre las drogas con un adolescente

Algunos padres no se preocupan por informarse sobre las drogas y sencillamente imponen un no, sin fundamento alguno, que los jóvenes detectan y rechazan. Los padres y madres tenemos que conseguir información adecuada y adaptar nuestras explicaciones a la edad de nuestros hijos. Podemos introducir el tema de una manera que no quede forzada a partir de una noticia que hemos visto en televisión o de una noticia del periódico.

Muchas veces, los padres, para hablar con sus hijos de temas delicados como las drogas, o sobre adicciones sin sustancias, esperamos encontrar un momento ideal y un ambiente propicio. Pero a menudo este momento ideal no llega nunca. Hay que decidirse a dar el paso. No perdamos oportunidades de hacerlo. Se trata de una inversión para el futuro. Hay que hablar siempre que se pueda, aunque las condiciones no sean óptimas.

Las primeras informaciones que nuestros hijos reciben sobre las drogas acostumbran a ser incompletas y confusas. Hay que proporcionarles información seria, contrastada, que no reproduzca los tópicos, sin exageraciones ni moralinas. Dialogar no es sólo hablar, sino observar, mostrar interés, crear un espacio de comunicación que permita expresar ideas, dudas y preocupaciones. Hay que aprender a escuchar, provocar la conversación, establecer una relación de confianza y complicidad.

Qué es lo que no debemos hacer y qué podemos promover

Veamos algunos principios que deberían existir es toda educación pedagógica:

Favorecer el conocimiento y el pensamiento crítico

Invitemos a nuestros hijos a reflexionar, con argumentos sólidos y creíbles. De nada servirá el miedo, decir no porque no.

Estar dispuestos a discutir, negociar y pactar

Sin perder de vista que sin respeto por las normas no puede existir responsabilidad ni libertad. Es fácil perderse en este punto entre la permisividad y la severidad. Nos cuesta decirles no a las cosas que nos piden nuestros hijos y además ellos son especialistas en conseguir lo que quieren. Últimamente hay cada vez más casos de violencia de padres sobre los hijos y de hijos sobre padres.

Fomentar las actitudes reflexivas y prudentes

Desde una lógica adolescente, las sensaciones y los placeres buscados son inmediatos mientras que los daños se perciben siempre lejanos e improbables. Los adolescentes no tienen la percepción del riesgo ni la madurez suficiente como para ver el peligro.

Respetar a los amigos de nuestros hijos

Pero al mismo tiempo combatir las actitudes que les impiden ser ellos mismos. Hay que aprender a evitar las malas influencias y compañías, desde antes del el noviazgo, ya que esto puede tener graves consecuencias en el seno más íntimo. ¿Qué harías si pensaras que el novio o novia de vuestra hija o hijo podría ser una mala influencia para él o ella? Hay que ser objetivos, una cosa es que no nos guste y otra que sea tóxica esa relación.

Debemos esforzarnos por entender qué es lo que les pasa a nuestros hijos y ponernos en su lugar, descubrir qué es lo que piensan y qué sienten, establecer unas normas que les ayuden a conseguir un orden interno, pero, al mismo tiempo, saber ser flexibles y sacar partido de la negociación como herramienta de aprendizaje y de construcción de valores. Establezcamos con nuestros hijos un vínculo afectivo, demostrándoles que les queremos, que nos importan, que pueden contar con nosotros.

En la adolescencia la relación se transforma: perdemos la seguridad, nos parece que nuestros métodos educativos ya no sirven. Conviene seguir con nuestro propio proceso de aprendizaje y adaptar nuestras ideas a la nueva situación.

En el inicio de la adolescencia, las drogas o comportamientos adictivos pueden aparecer de manera habitual en las conversaciones de chicos y chicas, a pesar de que el consumo sea todavía minoritario. A menudo se trata de una manera de demostrar que se ha dejado atrás la infancia. Hay que hablar de drogas en casa, de manera franca, evitando crear situaciones dramáticas innecesarias y huyendo del tono catastrofista que acostumbra a reforzar las convicciones de chicos y chicas (“mis padres exageran, no es para tanto”).

Al mismo tiempo, sin embargo, es importante intentar no frivolizar el tema. Lo más importante es encontrar un tono sencillo, razonable y directo, que sea útil y efectivo para alertar de los riesgos de las drogas. La mejor manera es tener un conocimiento real de las drogas, estar convencido de sus consecuencias negativas y demostrarlo con el ejemplo personal.

Evitemos: Interrogarles insistentemente sobre si piensan consumir drogas o si las han tomado ya. Es mucho mejor pedirles su opinión (qué piensan del consumo de drogas por parte de algunos jóvenes, qué peligros ven en ello). Evitemos discutir y pelearnos, de modo que la defensa de las drogas se convierta en una afirmación de su identidad. Desautorizarles o culpabilizarles de forma permanente con un juicio que fácilmente puede girársenos en contra.

La labor de los padres pasa por la comunicación, la confianza y la disposición para acompañarles a conseguir la autonomía y la responsabilidad. No olvidemos que no siempre los padres podemos evitar que los adolescentes prueben las drogas, por mera curiosidad, ganas de experimentar o por la influencia del grupo. Nuestro apoyo les puede proporcionar recursos para resistir mejor la presión del entorno, para tomar decisiones responsables.

Procuremos: Evitar las actitudes autoritarias y condenatorias. Hemos de aprender a observar los pequeños detalles, escuchar, preguntar de otra manera, dejando caer información, ideas y opiniones. Ser exigentes con nuestros hijos. Confiar en ellos pero, al mismo tiempo, pedirles que sean responsables, valorar sus aciertos y sus errores, sin presionarles ni criticarles de forma tajante.

Transmitir valores, normas y límites. Hemos de ofrecerles lo que necesitan (que no siempre sea lo mismo que piden). Salidas, horarios, tareas pendientes, implican compromiso y responsabilidad, a veces pueden pactarse y en algunos casos deben ser innegociables. Reconocer su capacidad para tomar decisiones. El objetivo de la enseñanza es que chicos y chicas sean autónomos y responsables.

Es imposible estar siempre encima de ellos y sobreprotegerlos pensando que no son capaces de entender y actuar en situaciones complejas y tampoco inhibirnos de su vida por completo. Y todo sin dejar de respetar su intimidad: tienen derecho a ello, y además necesidad.

La comunicación ha de estar siempre abierta, pero hemos de entender que difícilmente nuestro hijo nos explicará todo lo que le pasa. Tampoco nosotros lo hacemos. Seamos coherentes. Nuestras palabras pierden mucho valor para nuestros hijos si no van acompañadas de una conducta coherente. A menudo esto es más importante que los consejos y recomendaciones. Si a pesar de todo, sospechamos que nuestro hijo ha consumido o consume drogas, lo primero que debemos hacer es hablar con él, en el momento adecuado, para conocer las razones que le han llevado hasta allí, y de qué tipo de consumo se trata, si ha sido sólo un hecho puntual y cómo valora los riesgos que comporta su actuación.

Comprobar, al menos, que conoce las precauciones que debería tomar siempre y aquello que debería evitar a cualquier precio si experimenta de nuevo situaciones de riesgo. Una mala experiencia puede ser positiva si saben sacarse conclusiones de la misma. Tenemos que hablar del tema tranquilamente y sin dejarnos llevar por la urgencia, la rabia o la angustia.

Es mejor dejar pasar el primer momento de mayor alteración y crear un clima de verdadero diálogo, sin “víctimas” ni “culpables”. Ofrecerse, de manera colaboradora y reflexiva, con preocupación, pero sin violencia. Haciendo el detective o persiguiendo a nuestro hijo sólo vamos a conseguir que se distancie de nosotros. Hay que valorar cuál es la conducta general de nuestro hijo, qué cosas le interesan y cómo se relaciona con sus amigos. Busquemos caminos prácticos para acceder al mundo en el que viven. Sin olvidar que todo esto es aplicable al mundo de adicciones sin sustancia.

10 preguntas para empezar la conversación con tus hijos

Estas preguntas pueden servirte de guía para iniciar una conversación sobre el tema de las drogas con tu hijo/a:

- ¿Cuando sales, te ofrecen drogas? ¿Quién te las ofrece?

- (A raíz de una noticia o de un programa de TV) Con tus amigos del instituto, ¿habláis de drogas? ¿Os han dado alguna charla últimamente?

- Por televisión han dicho que cada vez hay más chicos y chicas que fuman al salir de clase. ¿En tu escuela también? ¿Qué te parece?

  • ¿Tienes amigos que ya fuman? Empiezas a probar porque queda bien ¿y después qué?
  • Otra vez noticias de accidentes de coche a causa del alcohol. A mí me preocupa cuando sales de noche… ¿Lo tenéis en cuenta?
  • Realmente la ley del tabaco está bien. Al menos las personas que no fuman no tienen que tragarse el humo de los demás. ¿Tú qué opinas?
  • Muchas veces las noticias que tratan de los jóvenes se relacionan con las drogas, el botellón… ¡Pero la juventud son muchas más cosas! ¿Tú qué dices?
  • El otro día salimos por la noche con tu padre y vimos a mucha gente” pasada de vueltas”. ¿Cuándo vosotros salís también hay ese ambiente?
  • ¿Crees que hay personas a las que no les afectan las drogas? Cuando todos tus amigos están de acuerdo en hacer algo y a ti no te apetece, ¿qué haces?

Educar es ayudar a comprender los cambios, descubrir emociones y sentimientos sin dejar que nos desborden. Las explicaciones de las normas, la negociación y el pacto nos ayudarán a establecer un clima de confianza. Ánimo en el arte de educar.

DELEGACIÓN DE SERVICIOS SOCIALES Y SALUD. AYTO. DE LUCENA


10 pasos para ayudar a sus hijos a decir NO

Es importante que los padres y madres sepan qué hacer para educar a sus hijos desde pequeños en la capacidad de DECIR NO ante un ofrecimiento de consumo de alcohol u otras drogas. He aquí 10 sencillos consejos:
  1. APRENDA A ESCUCHAR REALMENTE A SU HIJO/A
  1. HABLE CON SU HIJO/A ACERCA DE LAS DROGAS: DESMONTE LOS MITOS
  1. AYUDE A SU HIJO/A A SENTIRSE BIEN CONSIGO MISMO
  1. OFREZCA UN BUEN EJEMPLO
  1. AYUDE A SU HIJO A DESARROLLAR VALORES FIRMES Y ADECUADOS
  1. AYUDE A SUS HIJOS A AFRONTAR LA PRESIÓN DE LOS COMPAÑEROS O AMIGOS
  1. ESTABLEZCA NORMAS FAMILIARES QUE AYUDEN A SU HIJO/A A DECIR “NO”
  1. FOMENTE ACTIVIDADES RECREATIVAS
  1. AYUDE A SU HIJO/A A TOMAR DECISIONES
  1. ACTÚE COMO PADRE/MADRE PERO NUNCA COMO AMIGO

Si seguimos estas recomendaciones estaremos haciendo una buena tarea de prevención familiar.


Cuando los niños son intocables y cómo hacer para que dejen de serlo

Publicado en www.abc.es, 14.05.2018

Ciertos estilos educativos tienen consecuencias para el óptimo desarrollo de los hijos

S. F.
MADRID Actualizado:14/05/2018

La sobreprotección e hiperpaternidad son estilos educativos basados en un atención excesiva hacia los más pequeños, buscando siempre solucionar sus problemas incluso antes de que pidan ayuda. Este hecho solo traerá consecuencias negativas en el presente y futuro de los niños, haciéndolos dependientes e inseguros. Nuria García Alonso, psicóloga infantojuvenil y directora de Ayudarte Estudio de Psicología, comparte una serie de consejos sobre cómo los padres pueden frenar y gestionar una actitud sobreprotectora hacia sus hijos.

Ya sea por miedo, por temor o desconfianza, muchos son los padres que tratan de ayudar a sus hijos constantemente proporcionándoles redes de seguridad, convirtiéndose en el centro de sus preocupaciones familiares. Actúan de parapeto ante el dolor, la tristeza y cualquier otro sentimiento negativo, frenando su frustración y solucionando ellos mismos cada problema que se les presenta. Este modelo educativo se conoce conoce como sobreprotección o hiperpaternidad y las consecuencias afectarán a la salud emocional del pequeño.

«La sobreprotección o hiperpaternidad es un estilo educativo negativo, que provoca en los padres una actitud desequilibrada con respecto a su hijo. Los padres necesitan que todo vaya bien, gestionan ellos mismos cualquier imprevisto, envuelven a sus hijos en burbujas y los elevan en un pedestal dentro del núcleo familiar, aunque no tiene por qué ser el centro. Sin embargo, no se dan cuenta que de esta forma de actuar y de educar, lo que conseguirán a la larga, será un resultado muy diferente: niños miedosos e inseguros, con pocos recursos para sacarse ellos mismos las castañas del fuego», comenta Nuria García Alonso, psicóloga infantojuvenil y directora de Ayudarte Estudio de Psicología.

¿Cuáles son los estilos familiares y cómo estos pueden afectar en el desarrollo de un niño? Se pregunta García Alonso. «No existen los padres perfectos ni las familias perfectas y es muy difícil alcanzar un estilo 100% equilibrado porque normalmente hay padres que pecan en algún aspecto», asegura. Sin embargo, prosigue, «sí que existen los modelos educativos negativos con graves consecuencias no solo para los más pequeños, como es el caso del estilo sobreprotector».

Estilo sobreprotector

En concreto el sobreprotector es un estilo muy delicado y contraproducente, advierte esta psicóloga. «Los padres sobreprotectores creen que deben allanar el camino a su pequeño, evitando que se enfrente a cualquier obstáculo y tratándolo entre algodones para que nada pueda pasarle».

«Lo que estos padres no saben es que tratar así a su hijo solo le traerá problemas. Cuando ellos no estén delante, el pequeño se sentirá frágil, fuera de lugar. Incluso puede ser más sensible a sufrir acoso escolar, ya que no está acostumbrado a solucionar nada por su cuenta y cualquier decisión que pueda tomar por él mismo le resultará sumamente complicada», comenta nuestra experta.

Niños que van creciendo y cuya autoestima va disminuyendo porque no se sienten capaces de hacer las cosas por ellos solos.

Niños acostumbrados a tener siempre a alguien que les ayude a gestionar sus emociones y sus problemas y cuando tengan que hacerlo por ellos mismos no serán capaces de gestionar su frustración, les costará relacionarse con los demás de forma eficaz e incluso tener la iniciativa.

Son niños, además, sobre los que se proyectan un gran número de expectativas.

«Vivimos en una sociedad donde la media de hijos es de 1.3 por familia. Muchos acaban siendo hijos únicos, siendo niños muy deseados y centrando la familia toda su atención en ellos. Estos hechos hacen que el niño se convierta en el rey de la casa, en centro de la unidad familiar y que los padres tiendan a anticiparse a sus deseos, a protegerlo de cualquier adversidad y a fijar en él grandes metas», reflexiona la psicóloga.

Por ese motivo, solo a través de un buen asesoramiento, un trabajo continuo y mucho amor y disciplina, a partes iguales, se puede llegar a un estilo educativo estable y de calidad: un estilo completamente beneficioso para un niño y su familia.

En el equilibrio está la clave

Un niño tiene que saber enfrentarse a todo lo que le surja. Saber asumir cualquier circunstancia propia de su edad, hacer frente a los problemas, tomar decisiones e incluso aprender a levantarse él solo cuando se caiga.

«Si hacemos las cosas por ellos les estamos transmitiendo el mensaje de que ellos no son capaces de hacerlo. Además de impedirles que se enfrenten a los retos propios de su edad que les harán madurar y convertirse en personas autónomas y seguras. Un estilo educativo basado en la sobreprotección y la hiperpaternidad hace vulnerables a los pequeños convirtiéndoles en un futuro en personas propensas a sufrir inestabilidad emocional. A los niños hay que dejarles ser niños, que corran, que se manchen, que tomen ellos mismos decisiones aunque sean equivocadas. Solo así, aprenderán y madurarán», explica García.

Hay veces que los padres están tan preocupados de que todo salga bien que olvidan lo realmente importante: la infancia es una época decisiva en la vida de las personas, es cuando se forja el carácter y lo que ahí ocurra, tendrá una repercusión vital en su futuro.

Se debe apostar por el equilibrio, ni ser sobreprotectores ni estar excesivamente ausentes. Un estilo educativo sano que fomente que el pequeño pueda sentirse maduro e independiente.

Cómo frenar la actitud sobreprotectora

Nuria García Alonso, psicóloga infantojuvenil y directora de Ayudarte Estudio de Psicología, reflexiona sobre cómo los padres pueden frenar una actitud sobreprotectora hacia sus hijos.

1. Dejemos a los niños ser niños:

Una actitud sobreprotectora puede provocar la frustración de los pequeños cuando algo nos sale como debería. Están tan acostumbrados a que sus padres sean quienes hagan todo, que se vuelven impacientes y caprichosos. Adoptan una actitud desagradecida y tirana que les impide disfrutar de los pequeños méritos y de los ratos de aventuras. Hay que dejar que experimenten, se equivoquen e incluso se aburran. El aburrimiento es fundamental en la niñez, es la forma en la que desarrollarán su creatividad, su ingenio.

2. Hagámosles sentir útiles:

Cuando los padres solucionan todo, esta actitud provocará en los niños que en el futuro les resulte muy difícil tomar decisiones, incluso se sientan incapaces de hacer las cosas bien si no hay otra persona a su lado, lo que repercutirá en su autoestima y les puede abocar hacia relaciones de dependencia y sumisión. No son capaces de vivir sin tener al lado a alguien que lleve el timón de su vida.

Por eso, explica esta profesional, «hay que tratar de estimular las reacciones en los pequeños. Que sean ellos mismos quienes se sientan capaces de tomar una decisión, de tener su propia autonomía. Hacerles sentir independientes y válidos a la hora emprender nuevos retos». Además, añade, «no debemos olvidar el reconocimiento hacia sus actos. Si celebramos sus victorias desarrollarán dentro de ellos una actitud de superación que hará que sigan mejorando y por lo tanto, madurando».

3. Dejarles sentir libremente sus emociones:

Tratar de impedir que los niños no sientan emociones negativas sólo será perjudicial, ya que las emociones necesitan de equilibrio para que, incluso las buenas, puedan disfrutarse de verdad. «¿Cómo va a sentir tu pequeño felicidad si no sabe lo que es la tristeza? ¿Cómo va a sentir valor si no sabe lo que es el miedo? O incluso alegría, si nunca ha experimentado el fracaso. Las emociones positivas son importantes, al igual que las negativas. Solo una combinación de ambas ayudará a criar un hijo emocionalmente fuerte», sugiere García Alonso.

4. Que estudien solos:

Hay padres que están siempre estudiando con sus hijos, incluso hay quienes les hacen las tareas creyendo que eso será beneficioso para que puedan obtener buenos resultados académicos. «Es normal ayudar a tu hijo a estudiar, pero cuando eso se convierte en una rutina, el niño no sabrá hacerlo solo, lo que le traerá problemas en el futuro cuando esos padres dejen de estar a su lado para estudiar», apunta esta profesional. De hecho, «los padres deben de ayudar en las técnicas de estudio de su hijo, favorecerlas, pero no estudiar con ellos ni mucho menos hacer sus deberes. Eso solo provocará un retroceso en su aprendizaje».

El tiempo que dediques al pequeño será vital. Hay que tratar de fomentar un tiempo de calidad, en el que la actitud sume y no reste. Todos los padres educan desde el convencimiento de que lo están haciendo bien y el amor. Sin embargo, es importante pararse a pensar si se podría mejorar algún aspecto, como puede ser la sobreprotección o la hiperpaternidad. Cualquier día puede ser bueno para mirar dentro de la unidad familiar con ojos críticos. La sociedad necesita adultos autónomos y emocionalmente fuertes y eso solo se logra trabajando desde la infancia.

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales y Salud Ayto. de Lucena

 


La familia, la mejor protección. Patricia Rosa, Psicóloga Clínica

Publicado en www.lasdrogas.info, 08.05.2018

Patricia Ros García (Psicóloga Clínica) | Mayo 2018

Cuando de drogas se trata, muchas veces tengo la impresión de que las familias se sienten en la cuerda floja, en un difícil equilibrio entre lo que ocurre en el interior de sus casas y lo que pasa fuera. Como si algunos pájaros de mal agüero pudieran acercarse y estropear en la adolescencia, todo aquello que habían enseñado e inculcado a sus hijos e hijas durante su infancia. Es como si los agentes externos: la sociedad, los tiempos modernos, el consumismo exacerbado, etc., pudieran arrastrar a su prole a consumir drogas sin que ellos puedan impedirlo.

Esta sensación de desamparo educativo en ocasiones también puede minar el sentido de la responsabilidad de educar para prevenir el consumo de drogas o cualquier otra conducta de riesgo.  En consecuencia,  se delega en la escuela y en los profesionales sanitarios o de prevención tratar el tema desde el principio, sin caer en la cuenta de que la familia es uno de los mejores y más importantes factores de protección.

Por otro lado, el riesgo inherente al ser humano está presente en muchos aspectos de nuestras vidas.  Proliferan los llamados deportes de riesgo, también muchos prepúberes juegan a los retos, donde el objetivo es ponerse en situaciones arriesgadas. Y es que jugar con los límites, ir un poco más allá de lo que es seguro proporciona un placer difícil de renunciar para algunas personas. La adolescencia es una etapa estrella para jugar con los riesgos, para topar con los límites de lo que es seguro, la misma palabra “seguridad” para un adolescente ya no es atractiva.

Dicho lo cual, y volviendo al papel protector de la familia, en la adolescencia este papel se complica todavía más. Encontrar el punto medio entre dejarles que experimenten con las nuevas oportunidades que les proporciona entrar en el mundo adulto, y ponerles los límites adecuados para que experimentar con los riesgos no suponga un peligro grave para su salud, en muchas ocasiones significa realizar un trabajo de magos y equilibristas.

No obstante, hay un país en Europa, Islandia, que ha desarrollado un programa a lo largo de 20 años, desde 1998 hasta la actualidad, que ha conseguido reducir el consumo de drogas entre sus adolescentes casi al 0%. Teniendo unos niveles de consumo de alcohol, tabaco y cannabis similares, o incluso más elevados que los nuestros, en el año 2016 el porcentaje de adolescentes que consumieron estas drogas no supera en ningún caso el 7%.

El programa de prevención se llamó inicialmente Youth in Iceland (la juventud en Islandia), después se exportó a Europa, pasando a llamarse Youth in Europe (la juventud en Europa) y ahora se denomina Planet Youth (www.planetyouth.community). El motivo del cambio ha sido la difusión masiva que los medios de comunicación han realizado durante este año 2017 de los excelentes resultados obtenidos en Islandia, y que ha despertado el interés de muchos países más allá de las fronteras europeas.

El Ayuntamiento de Tarragona, a través del Servicio Municipal de Prevención de las Adicciones, empezó a aplicar el programa en el 2015 y sigue trabajando en la implementación del mismo, a la espera de conseguir resultados similares.

¿Cuáles han sido las claves del éxito?

El programa se fundamenta en tres pilares básicos:

  • La evidencia científica
  • Una metodología comunitaria
  • Diálogo constante entre los investigadores, los políticos y los profesionales

La evidencia científica se consigue a través de un cuestionario de 70 preguntas donde los jóvenes de 15 y 16 años responden cuestiones acerca de su entorno, sus hábitos y sus condiciones de vida. A finales del 2015, prácticamente todos los adolescentes nacidos en los años 1999 y 2000 contestaron la encuesta. La Universidad Rovira y Virgili, a través del departamento de Antropología Social, el Medical Anthropology Research Centre i la Cátedra de Inclusión Social,  está estudiando en profundidad todos los datos que nos proporciona la encuesta, la cual permite tener un diagnóstico real y fidedigno de las conductas, hábitos, factores de riesgo y factores de protección respecto al consumo de substancias y otras conductas de riesgo.

Por otro lado, la metodología comunitaria se consigue a través del trabajo transversal y coordinado de todos los agentes de salud involucrados en la promoción de la salud de nuestros niños y adolescentes. Y esos agentes se encuentran en todos los contextos de socialización en los que crecen los chicos y chicas,  por este orden: la familia, la escuela, el barrio donde realizan las actividades de tiempo libre, las redes sociales, etc.

El abordaje comunitario pretende facilitar espacios de participación y de diálogo donde los agentes educativos de una comunidad se encuentren y puedan diseñar, a partir del diagnóstico de necesidades, nuevas propuestas de prevención; donde todo el capital social se coordine creando un tejido que constituya las bases de lo que se entiende por una comunidad que cuida de sus propios ciudadanos y se involucra en el diseño mismo de las políticas a desarrollar.

En Tarragona, el despliegue comunitario del programa Planet Youth, a través de los foros consultivos en cada barrio, intentará, con el consenso participativo de toda la comunidad, que ésta sea una comunidad que lance mensajes preventivos desde que un bebé nace en el seno de una familia. Los profesionales de enfermería y pediatría, además de pesar y medir al bebé, deberían establecer una especie de barómetro emocional y aconsejar a los padres sobre la importancia de establecer, desde el inicio, un buen vínculo familiar. Más adelante, esos mensajes tendrían que estar replicados en las oficinas de farmacia comunitaria, áreas básicas de salud, guarderías, centros deportivos, etc.

Las relaciones entre los centros escolares y las asociaciones de madres y padres tendrían que establecer una mejor coordinación, entendiendo que,  como factores protectores que son, unidos siempre aumentan su potencia de manera exponencial.

Las asociaciones de tiempo libre del barrio, los clubs deportivos, los centros cívicos, etc., deberían ser capaces de acoger a todos los menores del barrio, independientemente de sus capacidades económicas y ofrecer un amplio abanico de actividades, de tal forma que no encontráramos chicos que nos comentan que “se aburren en el banco de la plaza”.

Las autoridades competentes deberían velar por que el alcohol no estuviera tan sumamente disponible a los menores, hacer cumplir las leyes respecto a la venta y promoción de bebidas alcohólicas y, sobre todo, cuidar de que las fiestas y eventos públicos no tiendan a ser un escaparate masivo de bebidas alcohólicas donde el principal patrocinador es la industria alcoholera.

También las leyes de conciliación familiar deberían poder permitir a los padres y madres pasar más tiempo con sus hijos.

El diálogo se está llevando a cabo de manera progresiva y escalonada con todos los técnicos, los investigadores y los políticos responsables de las políticas públicas en las diferentes instituciones,  y con los vecinos de los diferentes barrios, puesto que objetivos tan ambiciosos deben empezar  intentando que los ciudadanos de un mismo territorio se involucren activamente en los procesos de cambio.

“Si ha de existir una comunidad en un mundo de individuos, sólo puede ser (y tiene que ser) una comunidad entretejida a partir del compartir y del cuidado mutuo”, Zygmunt Bauman.

¿Cuáles son los factores de protección clave para evitar los consumos en los menores?

  • La práctica regular y constante de actividades lúdicas por parte de todos los adolescentes sin excepción durante todo el año, promoviendo la creación de contextos más saludables donde ellos puedan realizar elecciones más saludables.
  • La construcción de un potente vínculo familiar.

¿Cómo construir este vínculo?

La regla fundamental es pasar, al menos, una hora al día con nuestros hijos. Se trata de dedicarles ese tiempo sin atender el teléfono, sin realizar tareas de la casa, sin trabajar en el ordenador. Es un tiempo de calidad donde poder escucharles, contarles también cosas nosotros, jugar con ellos, rehuyendo de hacerlo con plays y/o tabletas, escuchar música, leerles cuentos, etc.

Si las obligaciones laborales y sus propias obligaciones escolares no nos permiten ni tan sólo pasar una hora, podemos dedicar el momento de la comida o la cena para conversar tranquilamente, apagando el televisor y los móviles

Esto es válido también para los bebés. Acostumbrémonos ya desde el inicio a darles de comer sin televisores, dibujos y otras cosas que los distraigan. No sirve la tan manida excusa de que así se lo come todo mejor o más rápido. Se trata de hacer de la hora de la comida un buen rato para compartir,  estar juntos y enseñarles la importancia y el placer de la alimentación.

Durante el fin de semana reservemos tiempo para hacer actividades con ellos, no es necesario que cuesten dinero, un simple paseo por la playa, la montaña, el parque, es suficiente para que sientan que nos importan y nos cuenten sus cosas.

Si realizan actividades extraescolares, vayamos a verlos, por mucho que nos hagan madrugar en días de fiesta y tengamos que pasar horas a la intemperie o en pabellones siendo espectadores de algún juego que no entendemos y, a veces, tampoco nos interesa. A ellos, nuestros hijos e hijas sí les interesa nuestra opinión: ¿he jugado bien?, ¿has visto como defendía la banda?, ¿qué te ha parecido mi canasta de tres puntos?, etc. En ese momento, no vale improvisar, “sí, hijo, sí, has jugado muy bien”, u otras frases socorridas que intenten tapar que estuvimos allí pero no nos interesaba. “Pero si has estado hablando todo el rato con fulanita o menganito”, “pero si has estado la segunda parte en el bar con los papas de tal o cual jugador o jugadora”. El verdadero interés se detecta a la legua y no sirven los atajos. Hacer el esfuerzo de estar presentes es una inversión de futuro, es el capital familiar que va a alimentar la cuenta protectora de la futura salud emocional de nuestros hijos.

La educación y la construcción de un vínculo familiar protector requiere presencia real e interesada. No hay excusas, ni atajos, ni “poco pero bueno”.  El “tiempo de calidad” fue una milonga que aceptaron las madres incorporadas al mundo laboral con poco tiempo para todo y que a ellos, los padres con excesiva carga de trabajo, también les interesó para no luchar por la conciliación laboral y familiar. Con esto quiero decir que la presencia ha de ser igualitaria, mucha presencia de la madre y ninguna del padre no equilibra una balanza que ha de estar formada por ambos progenitores.

Es cierto que aquí las leyes de conciliación familiar deben jugar un papel importante y ofrecer a las familias tiempo para dedicarlo a la educación de su prole, puesto que ningún abordaje que se centre exclusivamente en un solo agente social para conseguir menores y adolescentes sanos va a tener éxito. Por ello la creación de tejido y capital social es una de las claves del éxito del programa islandés.

Además del tiempo, es importante estipular unas normas claras y unos límites bien fundamentados. Es aquí donde algunas familias insisten en la dificultad de marcar límites cuando el resto de amigos de sus hijos parecen tener unos límites muchísimo más laxos que los nuestros. De nuevo los agentes externos intentando desequilibrar nuestro buen hacer interno. ¿Qué hacer ante ello?

Conocer a los amigos de nuestros hijos, conocer a los padres de los amigos de nuestros hijos. Si nos comunicamos frecuentemente con ellos, si marcamos normas, no solo para los nuestros, sino para los hijos de todo el grupo de amigos, a los adolescentes les será más fácil cumplirlas. Ya no les servirá la excusa: “es que todos vuelven más tarde”, etc.

Debemos saber qué hacen nuestros hijos en su tiempo de ocio, con quién lo hacen y conocer a los padres de los compañeros con quién lo hacen. Este tejido parental va a ayudarnos y a ayudarlos a cumplir con normas razonables, adecuadas a cada edad adolescente, y nos aliviará de sentirnos  como “los bichos raros” que “oprimen” a sus hijos sin entender las “modernidades imperantes”.

Y es que a menudo pienso que estas “modernidades” no son más que algunas salidas (arriesgadas) de nuestros adolescentes ante una sociedad creada por el mundo adulto, con falta de referentes y mensajes claros.

¿Cómo podemos pretender que, por ejemplo, en lo que respecta al alcohol, los adolescentes tengan claras las posibles consecuencias negativas, si por un lado hay una ley aprobada que impide a los menores de 18 años beber y por el otro, todo el mundo sabe y parece aceptar que nuestros menores beben? El mensaje así construido es ambiguo, no educa bien y, sobre todo, nos hace perder credibilidad como referentes válidos.

Por ello dejemos de decir a nuestros menores y adolescentes que se comporten y tomen decisiones responsables y construyamos todos juntos una sociedad más responsable.

Y para terminar, os quiero recordar que en las Navidades pasadas la mayoría de los niños de 9 y 10 años colgaron en el árbol de los deseos del Ayuntamiento éste:
"Deseo pasar más tiempo con mis padres". ¿Y si les hacemos caso?

Patricia Ros García

Psicóloga clínica por la Universidad de Barcelona (1986), Máster en Psicoterapia Analítica Grupal y de las Organizaciones por la Universidad de Deusto (Bilbao 1994)

Responsable del Servicio Municipal de Prevención de las Adicciones desde el año2000. Anteriormente había dirigido el Centro Municipal de día para la rehabilitación de drogodependientes desde el año 1991 hasta el 2000.

Ha participado en numerosos seminarios y jornadas internacionales en el campo de la prevención comunitaria, universal y también de reducción y prevención de riesgos.

El servicio municipal de prevención recibió el primer premio en la categoría de Prevención Comunitaria otorgado por el Plan Nacional de drogas y la Federación Española de Municipios en el año 2014. En ese mismo año, otro projecto: Jóvenes Agentes de Salud, Komando Nits Q, recibió del Grupo Pompidou un reconocimiento europeo.

Es co-fundadora de la red de trabajo Perifèrics, formada por entidades y administraciones públicas que trabajan en el ámbito de la prevención en toda Cataluña.

Es Senior Advisor del programa Planet Youth.

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena


CÓMO LOGRAR UNA AUTORIDAD POSITIVA

Tener autoridad, que no autoritarismo, es básico para la educación de nuestros hijos. Debemos marcar límites y objetivos claros que les permitan diferenciar qué está bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas. Hay que llegar a un equilibrio, ¿cómo conseguirlo para tener autoridad?

En frecuente que en nuestras escuelas de familias algunos padres o madres levanten la mano para exponer la siguiente situación:

- ¿Qué hago si mi hijo está encima de la mesa y no quiere bajar?

- Dígale que baje, - le decimos.

- Ya se lo digo, pero no me hace caso y no baja

- ¿Cuántos años tiene el niño?- preguntamos.

- Tres años - afirma la madre.

Situaciones semejantes a ésta se presentan frecuentemente a los padres padres. Generalmente suele ser la madre quien pone la cuestión sobre la mesa aunque estén los dos. El padre simplemente asiente, bien con un silencio cómplice, bien afirmando con la cabeza, porque el problema es de los dos, evidentemente.

¿Qué ha pasado para que en tan pocos meses una pareja de personas adultas, triunfadoras en el campo profesional y social, hayan dilapidado el capital de autoridad que tenían cuando nació el niño?

Actuaciones paternas y maternas, a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que los niños primero y los adolescentes después no tengan un desarrollo equilibrado y feliz con la consiguiente angustia para los padres. El padre o la madre que primero reconoce no saber qué hacer ante las conductas disruptivas de su pequeño y que, después, siente que ha perdido a su hijo adolescente, no puede disfrutar de una buena calidad de vida, por muy bien que le vaya económica, laboral y socialmente, porque ha fracasado en el "negocio" más importante: la educación de sus hijos.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que padres y madres cometemos cuando interaccionamos con nuestros hijos?

Antes de que siga leyendo, quiero advertirle que, posiblemente, tú, como todos - yo también - en alguna ocasión ha cometido cada uno de los errores que se apuntan a continuación. No te preocupes por ello. No es un desastre. Es lo normal en cualquier persona que intenta educar TODOS LOS DIAS. Tiene su parte positiva. Quiere decir que intentas educar, lo cual ya es mucho. En educación lo que deja huella en el niño no es lo que se hace alguna vez, sino lo que se hace continuamente. Lo importante es que, tras un periodo de reflexión, los padres consideren, en cada caso, las actuaciones que pueden ser más negativas para la educación de sus hijos, y traten de ponerles remedio.

Estos son los principales errores que, con más frecuencia, debilitan y disminuyen la autoridad de los padres:

* La permisividad. Es imposible educar sin intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo que es bueno ni de lo que es malo. No sabe si se puede pintar en las paredes o no. Los adultos somos los que hemos de decirle lo que está bien o lo que está mal. El dejar que se ponga de pie encima del sofá porque es pequeño, por miedo a frustrarlo o por comodidad es el principio de una mala educación. Un hijo que hace "fechorías" y su padre o su madre no le corrige, piensa que es porque ellos ni lo estiman ni lo valoran. Los niños necesitan referentes y límites para crecer seguros y felices.

* Ceder después de decir no. Una vez que  has decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del no. El no es innegociable. Nunca se puede negociar el no pero es el error más frecuente y que más daño hace a los niños. Cuando vayas a decir no a tu hijo, piénsalo bien, porque no hay marcha atrás. Si  le has dicho a tu hijo que hoy no verá la televisión, porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, tu hijo no puede ver la televisión aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad. Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro.

En cambio, el sí, sí se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuanto rato.

* El autoritarismo. Es el otro extremo del mismo palo que la permisividad. Es intentar que el niño/a haga todo lo que el padre o la madre quiere anulándole su personalidad. El autoritarismo sólo persigue la obediencia por la obediencia. Su objetivo no es una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino hacer una persona sumisa, esclavo sin iniciativa, que haga todo lo que dice el adulto. Es tan negativo para la educación como la permisividad.

* Falta de coherencia. Ya hemos dicho que los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posible en la importancia que se da a los hechos. Si hoy está mal pintar en la pared, mañana, también.

Igualmente es fundamental la coherencia entre el padre y la madre. Si el padre le dice a su hijo que se ha de comer con los cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de: "Déjalo que coma como quiera, lo importante es que coma".

* Gritar. Perder los estribos. A veces es difícil no perderlos. De hecho todo educador sincero reconoce haberlos perdido alguna vez en mayor o menor medida. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, a todo se acostumbra uno. El niño también a los gritos a los que cada vez hace menos caso: Perro ladrador, poco mordedor. Al final, para que el niño hiciera caso, habría que gritar tanto que ninguna garganta humana está concebida para alcanzar la potencia de grito necesaria para que el niño reaccionase.

Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave. Nunca debemos llegar a este extremo. Si los padres se sienten desbordados, deben pedir ayuda: tutores, psicólogos, escuelas de padres...

* No cumplir las promesas ni las amenazas. El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.

* No negociar. No negociar implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.

*No escuchar. Unos buenos padres buena madre son los que escuchan a su hijo aunque esté hablando por teléfono. Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar... nunca.

* Exigir éxitos inmediatos. Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores... ¡ya!. Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondiente errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, "para que el niño aprenda" se las repiten una y otra vez.

Sin embargo, una vez que sabemos lo que hemos de evitar, algunos consejos y "trucos" sencillos pueden aligerar este problema, ofrecer un desarrollo equilibrado a los hijos y proporcionar paz a las personas y al hogar. Estos consejos sólo requieren, por un lado, el convencimiento - muy importante- de que son efectivos y, por otro, llevarlas a la práctica de manera constante y coherente.

Enunciemos brevemente  algunas actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos:

* Tener unos objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Es la primera condición sin la cual podemos dar muchos palos de ciego. Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentario, incluso, a veces, papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos. Además deben revisarse si sospechamos que los hemos olvidado o ya se han quedado desfasados por la edad del niño o las circunstancias familiares.

* Enseñar con claridad cosas concretas. Al niño no le vale decir "sé bueno", "pórtate bien" o "come bien". Estas instrucciones generales no le dicen nada. Lo que sí le vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor y el cuchillo, por ejemplo.

* Dar tiempo de aprendizaje. Una vez hemos dado las instrucciones concretas y claras, las primeras veces que las ponen en práctica, necesitan atención y apoyo mediante ayudas verbales y físicas, si es necesario. Son cosas nuevas para ellos y requiere un tiempo y una práctica guiada.

* Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar, resaltando lo que hacen bien y pasando por alto lo que hacen mal. Pensemos que lo que les sale mal no es por fastidiarnos, sino porque están en proceso de aprendizaje. Al niño, como al adulto, le encanta tener éxito y que se lo reconozcan.

* Dar ejemplo para tener fuerza moral y prestigio. Sin coherencia entre las palabras y los hechos, jamás conseguiremos nada de los hijos. Antes, al contrario, les confundiremos y les defraudaremos. Un padre no puede pedir a su hijo que haga la cama si él no la hace nunca.

* Confiar en nuestro hijo. La confianza es una de las palabras clave. La autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en los padres. Es muy difícil que esto ocurra si los padres no da ejemplo de confianza en el hijo.

* Actuar y huir de los discursos. Una vez que el niño/a tiene claro cual ha de ser su actuación, es contraproducente invertir el tiempo en discursos para convencerlo. Los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0. Una vez que el niño/a ya sabe qué ha de hacer, y no lo hace, actúe consecuentemente y aumentará su autoridad.

* Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los padres da seguridad y tranquilidad al niño/a y le anima a tomar decisiones aunque se pueda equivocar, porque los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos dicen lo que debemos evitar. Los errores enseñan cuando hay espíritu de superación en la familia.

Todas estas recomendaciones pueden ser muy válidas para tener autoridad positiva o totalmente ineficaces e incluso negativas. Todo depende de dos factores, que si son importantes en cualquier actuación humana, en la relación con los hijos son absolutamente imprescindibles: amor y sentido común.

El amor hace que las técnicas no conviertan la relación en algo frío, rígido e inflexible y, por lo tanto, superficial y sin valor a largo plazo. El amor supone tomar decisiones que a veces son dolorosas, a corto plazo, para los padres y para los hijos, pero que después son valoradas de tal manera que dejan un buen sabor de boca y un bienestar interior en los hijos y en los padres.

El sentido común es lo que hace que se aplique la técnica adecuada en el momento preciso y con la intensidad apropiada, en función del niño, del adulto y de la situación en concreto. El sentido común nos dice que no debemos matar moscas a cañonazos ni leones con tirachinas. Un adulto debe tener sentido común para saber si tiene delante una mosca o un león. Si en algún momento tiene dudas, debe buscar ayuda para tener las ideas claras antes de actuar.

Escuela de Padres

Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena


Seis formas de evitar que nuestros hijos sobreexpongan su imagen en las redes sociales

Publicado en www.abc.es, 08.05.2018

Los últimos incidentes de suicidios de influencers han abierto el debate sobre el uso que los jóvenes hacen de las redes sociales y la imagen que proyectan en ellas. Aquellos que llegan a convertirse en ídolos sociales «trabajan» en sus perfiles la imagen de una vida basada en un bienestar psicosocial que, mal gestionada, puede tener consecuencias en dos direcciones. La primera incide sobre los propios influencers, pues el sentirse expuestos de forma continuada puede desarrollar en ellos la necesidad de llevar una vida «real» falseada y basada en la apariencia. Y la segunda, sobre sus fans, que reciben una imagen distorsionada y alejada de la realidad que, sin embargo, convierten en idílica y que, al intentar imitarla, genera en ellos sentimientos de frustración y tristeza con su propia vida. Top Doctors®, de la mano de la psicóloga Raquel García Zubiaga, del centro INAE, repasan cuáles son los síntomas de una mala gestión de la propia imagen en los jóvenes y cómo pueden los familiares hablarlo y tratarlo con ellos.

Cuando tu vida depende de un «like»

Ningún adolescente está exento de ser víctima de la mala gestión de su propia imagen. «No tiene por qué haber un problema psicológico escondido tras esta acción», asegura la doctora. La búsqueda de modelos en los que identificarse es un comportamiento común a lo largo de la historia, derivado de vivir en sociedad. «El problema surge cuando la necesidad de mostrar la intimidad en las redes sociales y de sobreexponerse para sentirse bien aumenta de forma continuada, haciendo depender tu felicidad de que te sigan o le guste a los demás lo que has publicado. Es como una adición más». Según la doctora, esto puede desencadenar distorsión entre el «yo» personal y el «yo» que se decide mostrar, y puede llevar al adolescente a publicar contenidos inapropiados y más arriesgados que capten la atención de más seguidores. Las consecuencias: problemas de irritabilidad, falta de aceptación, carencia de empatía, tristeza o incluso de conducta o relacionales.

¿Cómo pueden los padres intervenir?

Según los expertos, es importante tener un papel activo en la educación en el uso de las RRSS de los niños desde edades tempranas. Para ello, los expertos de Top Doctors dan 6 consejos:

—Marcar límites desde el diálogo. «Siempre», «jamás», «todo» o «nada», son expresiones demasiado contundentes que debemos evitar al marcar ciertos límites en el uso de estos canales si queremos evitar que los más jóvenes se sientan atacado. El consenso con ellos la hora de establecer los límites también es fundamental, y permitirá a los padres averiguar y analizar cuáles son sus demandas y necesidades más inmediatas.

—Un control moderado. Una vez que se han pactado los límites, es importante llevar un seguimiento de las fotos publicadas, de los seguidores y de las personas a las que siguen, así como el tiempo que pasan conectados, ya que estos parámetros son los principales indicadores de la gestión y uso que hacen de las redes.

—Enseñar dando ejemplo. Los padres son un espejo en el que los niños se miran, por ello es importante que vean en ellos cuál es el correcto manejo de las redes sociales. Si los padres se pasan horas en internet, o sobreexponen su vida y la de sus hijos, éstos repetirán la conducta.

—Fomentar el ocio fuera de la tecnología. Debemos evitar que el niño sustituya ciertos aspectos de su vida cotidiana por el uso de las redes sociales. Es importante que los progenitores controlen que no se deja de lado áreas como los estudios por estar con el móvil, que deje de perder interés por actividades que anteriormente le gustaban etc. Por ello, los expertos recomiendan fomentar aficiones y otras actividades dentro de su educación exentas de tecnología desde bien pequeños.

—No dejar de lado los valores fundamentales. La familia es la fuente de la que parten valores como la tolerancia, honestidad o la empatía. Si inculcamos esta enseñanza, será más fácil evitar y abordar los problemas derivados del uso de las redes sociales.

—Trabajar de forma continua la autoestima. Reforzar la autoestima y la seguridad en uno mismo es fundamental para que las personas que exponen su vida en las redes sepan encajar mejor las posibles oscilaciones de influencia o las críticas.

Lo más importante es que los padres conduzcan a sus hijos en el correcto uso de estos canales a través de una comunicación entre ambas partes basada en el respeto, la empatía, el amor y la comprensión.

Recopilado por la Delegación de Servicios Sociales y Salud del Ayto. de Lucena

 


COMIENZA LA ESCUELA DE PADRES 2018

Tras la Semana Santa, un año más, la Delegación de Servicios Sociales y Salud del Excmo. Ayto. de Lucena organiza  la Escuela de Padres.  Será a partir del martes 3 de abril.

Este año vamos a impartir las diferentes sesiones en los siguientes centros educativos: CEIP San José de Calasanz, CEIP Alyussana, CEIP El Prado, así como también  en el Centro Municipal de Servicios Sociales.

Cada padre o madre podrá acudir a cualquiera de estos centros con independencia de que sea o no el de sus hijos. La entrada es libre y se podrá asistir a cuantas sesiones deseen.

También es importante informar de que existe un servicio de guardería para atender a los niños que padres y madres deseen llevar.

La Escuela de Padres pretende ofrecer a padres y madres un espacio de crecimiento y reflexión que les permita acometer de la mejor manera posible la educación de sus hijos, su orientación , el fomento de su autonomía e independencia, el establecimiento de normas, el fomento de su autoestima o la resolución de los problemas cotidianos entre otros asuntos.

Se trata de un servicio gratuito que un año más ofrece la Delegación de Servicios Sociales del Ayto. de Lucena. No se necesita inscribirse en ningún sitio, se puede asistir libremente.

Impartida por dos psicólogos con larga experiencia en esta materia la Escuela de Padres permite encontrar, en el transcurso de solo cinco sesiones, aquellas soluciones y esas orientaciones necesarias para avanzar con mayor seguridad en el crecimiento familiar. La experiencia aportada por otros padres y madres ofrecen también puntos de vista nuevos, sugerencias y consejos de gran valor.

Empezamos el día 3 de abril, ¡toma nota y hazlo extensivo a tus amigos y familiares!

Al inicio de esta entrada puedes consultar el calendario y el horario

DELEGACIÓN DE SERVICIOS SOCIALES Y SALUD. AYTO. DE LUCENA