¿Cómo detectar a un joven que consume drogas?

Es muy importante tener en cuenta que muchos jóvenes presentan algunas de las características abajo enunciadas sin por ello ser consumidores de drogas, ya que muchas de ellas son propias de la adolescencia. Sin embargo si reúne gran cantidad o todas ellas, lo mejor sería consultar a un especialista ya que hay altas probabilidades de que sí esté consumiendo sustancias psicotrópicas.

- Cambio de amistades: Los jóvenes que comienzan a consumir generalmente cambian a los amigos que siempre han tenido, por otros que consumen ya que ahora forma parte de este nuevo entorno.

- Síndrome amotivacional: El joven no encuentra motivación en ninguna actividad de las tradicionales o de las que siempre ha compartido con su familia, comienza a aislarse de su grupo familiar.

- Cambio de costumbres: Generalmente los jóvenes cambian sus hábitos, esto como consecuencia de sus nuevas amistades y "actividades", por lo que este punto se vuelve trascendental en detectar el inicio del consumo.

- Descuido personal: Generalmente los jóvenes que consumen sustancias descuidan su vestimenta y muchas veces son menos preocupados por su aseo personal.

- Salidas permanentes del hogar: Los jóvenes necesitan salir a compartir con sus nuevos amigos de "carrete" y a abastecerse de drogas por lo que comienza una suerte de salidas misteriosas y a horas que antes no eran comunes. El joven comienza a mentir con relación a sus actividades o simplemente a no comunicar que hace.

- Cambios en la personalidad: Dependiendo del tipo de drogas consumidas se producen diferentes cambios en su personalidad, ya que algunas de estas son depresoras y otras estimulantes del Sistema Nervioso Central, por lo que según el tipo de sustancia puede pasar de momentos de depresión a situaciones de euforia, además de esto puede darse la angustia por la falta de sustancia o la manifestación descontrolada de algún sentimiento guardado y que aflora al estar bajo la ingesta de la droga.

- Absentismo escolar: Este es un buen termómetro de medida del inicio de consumo de sustancias, ya que los jóvenes comienzan a faltar a clase y a tener reiteradas ausencias del centro escolar, en muchos casos los padres ni siquiera desconfían ya que son ellos mismos quienes dejan a su hijo en la puerta del colegio o instituto, pero una vez que se van los jóvenes se las ingenian para no entrar, o a veces no entran a determinadas clases que no son de su agrado, por esto es recomendable que los padres se interesen por la situación de asistencia escolar de sus hijos.

- Desaparición de objetos: Es común que en la casa de un/a joven que comienza a usar drogas comiencen a desaparecerse pequeños objetos, al inicio ni siquiera de tanto valor económico, otras veces inventan que los asaltaron y les robaron. Esto es lógico si consideramos que las drogas no son gratuitas y que producen tolerancia, esto quiere decir que en poco tiempo van necesitando dosis cada vez más altas para lograr el mismo efecto.

- Pupilas contraídas o dilatadas, ojos enrojecidos y/o pequeños, congestión nasal, etc.: Estas son algunas de las manifestaciones visibles que pueden darnos indicios de consumo de sustancias, ya que con el uso de ciertos estimulantes hay contracción pupilar y sudoración de manos. Con la marihuana se enrojecen los ojos, pero los jóvenes son hábiles y usan descongestionantes oftálmicos (colirios) por lo que también el frecuente uso de estos elementos debe hacernos sospechar. Irritación nasal en el caso de inhalación de ciertas sustancias como la cocaína.

- Alteraciones en el apetito, peso corporal o sueño: Este es otro de los aspectos importantes para una detección precoz, a pesar que hay que tener en cuenta que los adolescentes son voraces y comen en demasía, pero el comer mucho puede ser resultado del consumo de marihuana la que entre sus efectos abre el apetito, sin necesariamente subir de peso. El consumo excesivo de bebidas alcohólicas, además de su olor característico, produce aumento de peso por el gran aporte calórico que significa el alcohol mismo. La cocaína y anfetaminas en cambio son anorexígenos, esto quiere decir que quitan la sensación de hambre, por lo que normalmente el joven baja de peso, un caso más extremo de baja de peso importante lo presenta el consumo de Pasta Base de Cocaína. El sueño también se ve alterado ya que por lo general el consumidor de drogas duerme mal o no duerme, también sucede que cambia los días por las noches invirtiendo los ciclos normales de sueño vigilia.

Pasos a seguir si su hijo o hija ya consume drogas

1.- No se desespere ni paralice. Demuéstrele que esta dispuesto a asumir el problema.

2.- No le oculte su malestar ni su sentimiento de frustración. Avísele que buscará ayuda.

3.- No oculte la realidad al resto de la familia.

4.- Anímese a "abrir el juego"

5.- No busque culpables dentro ni fuera de la familia, no sirve de nada.

6.- No trate a su hijo o hija como a un "enfermito".

7.- Establezca límites con él acerca de por qué consume.

8.- Ahora se trata de hacer, no de discutir.

9.- No se victimice ni culpabilice, por el contrario muéstrese capaz y decidido a enfrentar el problema.

10.- Busque ayuda especializada urgente.

11.- Recuerde, ¡el tiempo es vida!

La importancia de ser padres

1.- No es fácil ser padres en la época actual.

2.- Nuestros hijos se encuentran viviendo en un mundo desconocido para nosotros.

3.- Los peligros a los que en nuestra adolescencia nos exponíamos no tienen aparentemente nada que ver con los riesgos que nuestros hijos tienen delante.

4.- Estos peligros nos paralizan y nos despiertan tales temores que corremos el riesgo de negar la realidad y "poner la cabeza bajo la tierra” para no ver lo que les podría pasar (o ya les pasa) a nuestros hijos.

5.- El consumo de drogas es uno de estos peligros, ante los cuales los padres muchas veces no sabemos qué hacer. Nos invade una sensación de impotencia, y corremos el riesgo de volvernos sumamente rígidos o totalmente permisivos.

6.- Sin embargo, nuestros hijos e hijas  necesitan de padres activos y valientes, que sepan orientar, que entiendan de las amenazas que asechan a las generaciones jóvenes

7.- Padres que saben ser padres serán la barrera infranqueable entre la droga y sus hijos.

Los padres deben procurar:

1.- Ser un ejemplo de vida para sus hijos en la familia cumpliendo las normas que a ellos les exigimos.

2.- Evitar en lo posible el uso y abuso de alcohol, tabaco, psicofármacos, y de medicamentos innecesarios.

3.- Crear y mantener espacios de diálogos y comunicación familiar.

4.- Promover la expresión verbal y corporal de afectos y emociones.

5.- Instalar hábitos adecuados en la vida familiar: higiene, trabajo, disciplina, horarios de estudio, etc.

6.- Conocer y relacionarse con los amigos/as de sus hijos, o tomar contacto con sus padres.

7.- Proponer y planificar el tiempo de ocio, para que resulte gratificante : deporte, diversión, paseos, vacaciones.

8.- Mantener como padres una actitud coherente, firme, y solidaria, para que los hijos experimenten el acuerdo entre los padres, aún si estos son separados.

9.- No rehusar el poner límites a los hijos si estamos convencidos de que esos límites favorecen la protección y sano crecimiento de ellos.

10.- No hacer por ellos lo que ya pueden hacer por sí mismos.

11.- ¡Estar Alerta !


Cuando los niños son intocables y cómo hacer para que dejen de serlo

Publicado en www.abc.es, 14.05.2018

Ciertos estilos educativos tienen consecuencias para el óptimo desarrollo de los hijos

S. F.
MADRID Actualizado:14/05/2018

La sobreprotección e hiperpaternidad son estilos educativos basados en un atención excesiva hacia los más pequeños, buscando siempre solucionar sus problemas incluso antes de que pidan ayuda. Este hecho solo traerá consecuencias negativas en el presente y futuro de los niños, haciéndolos dependientes e inseguros. Nuria García Alonso, psicóloga infantojuvenil y directora de Ayudarte Estudio de Psicología, comparte una serie de consejos sobre cómo los padres pueden frenar y gestionar una actitud sobreprotectora hacia sus hijos.

Ya sea por miedo, por temor o desconfianza, muchos son los padres que tratan de ayudar a sus hijos constantemente proporcionándoles redes de seguridad, convirtiéndose en el centro de sus preocupaciones familiares. Actúan de parapeto ante el dolor, la tristeza y cualquier otro sentimiento negativo, frenando su frustración y solucionando ellos mismos cada problema que se les presenta. Este modelo educativo se conoce conoce como sobreprotección o hiperpaternidad y las consecuencias afectarán a la salud emocional del pequeño.

«La sobreprotección o hiperpaternidad es un estilo educativo negativo, que provoca en los padres una actitud desequilibrada con respecto a su hijo. Los padres necesitan que todo vaya bien, gestionan ellos mismos cualquier imprevisto, envuelven a sus hijos en burbujas y los elevan en un pedestal dentro del núcleo familiar, aunque no tiene por qué ser el centro. Sin embargo, no se dan cuenta que de esta forma de actuar y de educar, lo que conseguirán a la larga, será un resultado muy diferente: niños miedosos e inseguros, con pocos recursos para sacarse ellos mismos las castañas del fuego», comenta Nuria García Alonso, psicóloga infantojuvenil y directora de Ayudarte Estudio de Psicología.

¿Cuáles son los estilos familiares y cómo estos pueden afectar en el desarrollo de un niño? Se pregunta García Alonso. «No existen los padres perfectos ni las familias perfectas y es muy difícil alcanzar un estilo 100% equilibrado porque normalmente hay padres que pecan en algún aspecto», asegura. Sin embargo, prosigue, «sí que existen los modelos educativos negativos con graves consecuencias no solo para los más pequeños, como es el caso del estilo sobreprotector».

Estilo sobreprotector

En concreto el sobreprotector es un estilo muy delicado y contraproducente, advierte esta psicóloga. «Los padres sobreprotectores creen que deben allanar el camino a su pequeño, evitando que se enfrente a cualquier obstáculo y tratándolo entre algodones para que nada pueda pasarle».

«Lo que estos padres no saben es que tratar así a su hijo solo le traerá problemas. Cuando ellos no estén delante, el pequeño se sentirá frágil, fuera de lugar. Incluso puede ser más sensible a sufrir acoso escolar, ya que no está acostumbrado a solucionar nada por su cuenta y cualquier decisión que pueda tomar por él mismo le resultará sumamente complicada», comenta nuestra experta.

Niños que van creciendo y cuya autoestima va disminuyendo porque no se sienten capaces de hacer las cosas por ellos solos.

Niños acostumbrados a tener siempre a alguien que les ayude a gestionar sus emociones y sus problemas y cuando tengan que hacerlo por ellos mismos no serán capaces de gestionar su frustración, les costará relacionarse con los demás de forma eficaz e incluso tener la iniciativa.

Son niños, además, sobre los que se proyectan un gran número de expectativas.

«Vivimos en una sociedad donde la media de hijos es de 1.3 por familia. Muchos acaban siendo hijos únicos, siendo niños muy deseados y centrando la familia toda su atención en ellos. Estos hechos hacen que el niño se convierta en el rey de la casa, en centro de la unidad familiar y que los padres tiendan a anticiparse a sus deseos, a protegerlo de cualquier adversidad y a fijar en él grandes metas», reflexiona la psicóloga.

Por ese motivo, solo a través de un buen asesoramiento, un trabajo continuo y mucho amor y disciplina, a partes iguales, se puede llegar a un estilo educativo estable y de calidad: un estilo completamente beneficioso para un niño y su familia.

En el equilibrio está la clave

Un niño tiene que saber enfrentarse a todo lo que le surja. Saber asumir cualquier circunstancia propia de su edad, hacer frente a los problemas, tomar decisiones e incluso aprender a levantarse él solo cuando se caiga.

«Si hacemos las cosas por ellos les estamos transmitiendo el mensaje de que ellos no son capaces de hacerlo. Además de impedirles que se enfrenten a los retos propios de su edad que les harán madurar y convertirse en personas autónomas y seguras. Un estilo educativo basado en la sobreprotección y la hiperpaternidad hace vulnerables a los pequeños convirtiéndoles en un futuro en personas propensas a sufrir inestabilidad emocional. A los niños hay que dejarles ser niños, que corran, que se manchen, que tomen ellos mismos decisiones aunque sean equivocadas. Solo así, aprenderán y madurarán», explica García.

Hay veces que los padres están tan preocupados de que todo salga bien que olvidan lo realmente importante: la infancia es una época decisiva en la vida de las personas, es cuando se forja el carácter y lo que ahí ocurra, tendrá una repercusión vital en su futuro.

Se debe apostar por el equilibrio, ni ser sobreprotectores ni estar excesivamente ausentes. Un estilo educativo sano que fomente que el pequeño pueda sentirse maduro e independiente.

Cómo frenar la actitud sobreprotectora

Nuria García Alonso, psicóloga infantojuvenil y directora de Ayudarte Estudio de Psicología, reflexiona sobre cómo los padres pueden frenar una actitud sobreprotectora hacia sus hijos.

1. Dejemos a los niños ser niños:

Una actitud sobreprotectora puede provocar la frustración de los pequeños cuando algo nos sale como debería. Están tan acostumbrados a que sus padres sean quienes hagan todo, que se vuelven impacientes y caprichosos. Adoptan una actitud desagradecida y tirana que les impide disfrutar de los pequeños méritos y de los ratos de aventuras. Hay que dejar que experimenten, se equivoquen e incluso se aburran. El aburrimiento es fundamental en la niñez, es la forma en la que desarrollarán su creatividad, su ingenio.

2. Hagámosles sentir útiles:

Cuando los padres solucionan todo, esta actitud provocará en los niños que en el futuro les resulte muy difícil tomar decisiones, incluso se sientan incapaces de hacer las cosas bien si no hay otra persona a su lado, lo que repercutirá en su autoestima y les puede abocar hacia relaciones de dependencia y sumisión. No son capaces de vivir sin tener al lado a alguien que lleve el timón de su vida.

Por eso, explica esta profesional, «hay que tratar de estimular las reacciones en los pequeños. Que sean ellos mismos quienes se sientan capaces de tomar una decisión, de tener su propia autonomía. Hacerles sentir independientes y válidos a la hora emprender nuevos retos». Además, añade, «no debemos olvidar el reconocimiento hacia sus actos. Si celebramos sus victorias desarrollarán dentro de ellos una actitud de superación que hará que sigan mejorando y por lo tanto, madurando».

3. Dejarles sentir libremente sus emociones:

Tratar de impedir que los niños no sientan emociones negativas sólo será perjudicial, ya que las emociones necesitan de equilibrio para que, incluso las buenas, puedan disfrutarse de verdad. «¿Cómo va a sentir tu pequeño felicidad si no sabe lo que es la tristeza? ¿Cómo va a sentir valor si no sabe lo que es el miedo? O incluso alegría, si nunca ha experimentado el fracaso. Las emociones positivas son importantes, al igual que las negativas. Solo una combinación de ambas ayudará a criar un hijo emocionalmente fuerte», sugiere García Alonso.

4. Que estudien solos:

Hay padres que están siempre estudiando con sus hijos, incluso hay quienes les hacen las tareas creyendo que eso será beneficioso para que puedan obtener buenos resultados académicos. «Es normal ayudar a tu hijo a estudiar, pero cuando eso se convierte en una rutina, el niño no sabrá hacerlo solo, lo que le traerá problemas en el futuro cuando esos padres dejen de estar a su lado para estudiar», apunta esta profesional. De hecho, «los padres deben de ayudar en las técnicas de estudio de su hijo, favorecerlas, pero no estudiar con ellos ni mucho menos hacer sus deberes. Eso solo provocará un retroceso en su aprendizaje».

El tiempo que dediques al pequeño será vital. Hay que tratar de fomentar un tiempo de calidad, en el que la actitud sume y no reste. Todos los padres educan desde el convencimiento de que lo están haciendo bien y el amor. Sin embargo, es importante pararse a pensar si se podría mejorar algún aspecto, como puede ser la sobreprotección o la hiperpaternidad. Cualquier día puede ser bueno para mirar dentro de la unidad familiar con ojos críticos. La sociedad necesita adultos autónomos y emocionalmente fuertes y eso solo se logra trabajando desde la infancia.

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales y Salud Ayto. de Lucena

 


CÓMO LOGRAR UNA AUTORIDAD POSITIVA

Tener autoridad, que no autoritarismo, es básico para la educación de nuestros hijos. Debemos marcar límites y objetivos claros que les permitan diferenciar qué está bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas. Hay que llegar a un equilibrio, ¿cómo conseguirlo para tener autoridad?

En frecuente que en nuestras escuelas de familias algunos padres o madres levanten la mano para exponer la siguiente situación:

- ¿Qué hago si mi hijo está encima de la mesa y no quiere bajar?

- Dígale que baje, - le decimos.

- Ya se lo digo, pero no me hace caso y no baja

- ¿Cuántos años tiene el niño?- preguntamos.

- Tres años - afirma la madre.

Situaciones semejantes a ésta se presentan frecuentemente a los padres padres. Generalmente suele ser la madre quien pone la cuestión sobre la mesa aunque estén los dos. El padre simplemente asiente, bien con un silencio cómplice, bien afirmando con la cabeza, porque el problema es de los dos, evidentemente.

¿Qué ha pasado para que en tan pocos meses una pareja de personas adultas, triunfadoras en el campo profesional y social, hayan dilapidado el capital de autoridad que tenían cuando nació el niño?

Actuaciones paternas y maternas, a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que los niños primero y los adolescentes después no tengan un desarrollo equilibrado y feliz con la consiguiente angustia para los padres. El padre o la madre que primero reconoce no saber qué hacer ante las conductas disruptivas de su pequeño y que, después, siente que ha perdido a su hijo adolescente, no puede disfrutar de una buena calidad de vida, por muy bien que le vaya económica, laboral y socialmente, porque ha fracasado en el "negocio" más importante: la educación de sus hijos.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que padres y madres cometemos cuando interaccionamos con nuestros hijos?

Antes de que siga leyendo, quiero advertirle que, posiblemente, tú, como todos - yo también - en alguna ocasión ha cometido cada uno de los errores que se apuntan a continuación. No te preocupes por ello. No es un desastre. Es lo normal en cualquier persona que intenta educar TODOS LOS DIAS. Tiene su parte positiva. Quiere decir que intentas educar, lo cual ya es mucho. En educación lo que deja huella en el niño no es lo que se hace alguna vez, sino lo que se hace continuamente. Lo importante es que, tras un periodo de reflexión, los padres consideren, en cada caso, las actuaciones que pueden ser más negativas para la educación de sus hijos, y traten de ponerles remedio.

Estos son los principales errores que, con más frecuencia, debilitan y disminuyen la autoridad de los padres:

* La permisividad. Es imposible educar sin intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo que es bueno ni de lo que es malo. No sabe si se puede pintar en las paredes o no. Los adultos somos los que hemos de decirle lo que está bien o lo que está mal. El dejar que se ponga de pie encima del sofá porque es pequeño, por miedo a frustrarlo o por comodidad es el principio de una mala educación. Un hijo que hace "fechorías" y su padre o su madre no le corrige, piensa que es porque ellos ni lo estiman ni lo valoran. Los niños necesitan referentes y límites para crecer seguros y felices.

* Ceder después de decir no. Una vez que  has decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del no. El no es innegociable. Nunca se puede negociar el no pero es el error más frecuente y que más daño hace a los niños. Cuando vayas a decir no a tu hijo, piénsalo bien, porque no hay marcha atrás. Si  le has dicho a tu hijo que hoy no verá la televisión, porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, tu hijo no puede ver la televisión aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad. Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro.

En cambio, el sí, sí se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuanto rato.

* El autoritarismo. Es el otro extremo del mismo palo que la permisividad. Es intentar que el niño/a haga todo lo que el padre o la madre quiere anulándole su personalidad. El autoritarismo sólo persigue la obediencia por la obediencia. Su objetivo no es una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino hacer una persona sumisa, esclavo sin iniciativa, que haga todo lo que dice el adulto. Es tan negativo para la educación como la permisividad.

* Falta de coherencia. Ya hemos dicho que los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posible en la importancia que se da a los hechos. Si hoy está mal pintar en la pared, mañana, también.

Igualmente es fundamental la coherencia entre el padre y la madre. Si el padre le dice a su hijo que se ha de comer con los cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de: "Déjalo que coma como quiera, lo importante es que coma".

* Gritar. Perder los estribos. A veces es difícil no perderlos. De hecho todo educador sincero reconoce haberlos perdido alguna vez en mayor o menor medida. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, a todo se acostumbra uno. El niño también a los gritos a los que cada vez hace menos caso: Perro ladrador, poco mordedor. Al final, para que el niño hiciera caso, habría que gritar tanto que ninguna garganta humana está concebida para alcanzar la potencia de grito necesaria para que el niño reaccionase.

Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave. Nunca debemos llegar a este extremo. Si los padres se sienten desbordados, deben pedir ayuda: tutores, psicólogos, escuelas de padres...

* No cumplir las promesas ni las amenazas. El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.

* No negociar. No negociar implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.

*No escuchar. Unos buenos padres buena madre son los que escuchan a su hijo aunque esté hablando por teléfono. Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar... nunca.

* Exigir éxitos inmediatos. Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores... ¡ya!. Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondiente errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, "para que el niño aprenda" se las repiten una y otra vez.

Sin embargo, una vez que sabemos lo que hemos de evitar, algunos consejos y "trucos" sencillos pueden aligerar este problema, ofrecer un desarrollo equilibrado a los hijos y proporcionar paz a las personas y al hogar. Estos consejos sólo requieren, por un lado, el convencimiento - muy importante- de que son efectivos y, por otro, llevarlas a la práctica de manera constante y coherente.

Enunciemos brevemente  algunas actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos:

* Tener unos objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Es la primera condición sin la cual podemos dar muchos palos de ciego. Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentario, incluso, a veces, papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos. Además deben revisarse si sospechamos que los hemos olvidado o ya se han quedado desfasados por la edad del niño o las circunstancias familiares.

* Enseñar con claridad cosas concretas. Al niño no le vale decir "sé bueno", "pórtate bien" o "come bien". Estas instrucciones generales no le dicen nada. Lo que sí le vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor y el cuchillo, por ejemplo.

* Dar tiempo de aprendizaje. Una vez hemos dado las instrucciones concretas y claras, las primeras veces que las ponen en práctica, necesitan atención y apoyo mediante ayudas verbales y físicas, si es necesario. Son cosas nuevas para ellos y requiere un tiempo y una práctica guiada.

* Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar, resaltando lo que hacen bien y pasando por alto lo que hacen mal. Pensemos que lo que les sale mal no es por fastidiarnos, sino porque están en proceso de aprendizaje. Al niño, como al adulto, le encanta tener éxito y que se lo reconozcan.

* Dar ejemplo para tener fuerza moral y prestigio. Sin coherencia entre las palabras y los hechos, jamás conseguiremos nada de los hijos. Antes, al contrario, les confundiremos y les defraudaremos. Un padre no puede pedir a su hijo que haga la cama si él no la hace nunca.

* Confiar en nuestro hijo. La confianza es una de las palabras clave. La autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en los padres. Es muy difícil que esto ocurra si los padres no da ejemplo de confianza en el hijo.

* Actuar y huir de los discursos. Una vez que el niño/a tiene claro cual ha de ser su actuación, es contraproducente invertir el tiempo en discursos para convencerlo. Los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0. Una vez que el niño/a ya sabe qué ha de hacer, y no lo hace, actúe consecuentemente y aumentará su autoridad.

* Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los padres da seguridad y tranquilidad al niño/a y le anima a tomar decisiones aunque se pueda equivocar, porque los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos dicen lo que debemos evitar. Los errores enseñan cuando hay espíritu de superación en la familia.

Todas estas recomendaciones pueden ser muy válidas para tener autoridad positiva o totalmente ineficaces e incluso negativas. Todo depende de dos factores, que si son importantes en cualquier actuación humana, en la relación con los hijos son absolutamente imprescindibles: amor y sentido común.

El amor hace que las técnicas no conviertan la relación en algo frío, rígido e inflexible y, por lo tanto, superficial y sin valor a largo plazo. El amor supone tomar decisiones que a veces son dolorosas, a corto plazo, para los padres y para los hijos, pero que después son valoradas de tal manera que dejan un buen sabor de boca y un bienestar interior en los hijos y en los padres.

El sentido común es lo que hace que se aplique la técnica adecuada en el momento preciso y con la intensidad apropiada, en función del niño, del adulto y de la situación en concreto. El sentido común nos dice que no debemos matar moscas a cañonazos ni leones con tirachinas. Un adulto debe tener sentido común para saber si tiene delante una mosca o un león. Si en algún momento tiene dudas, debe buscar ayuda para tener las ideas claras antes de actuar.

Escuela de Padres

Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena


COMIENZA LA ESCUELA DE PADRES 2018

Tras la Semana Santa, un año más, la Delegación de Servicios Sociales y Salud del Excmo. Ayto. de Lucena organiza  la Escuela de Padres.  Será a partir del martes 3 de abril.

Este año vamos a impartir las diferentes sesiones en los siguientes centros educativos: CEIP San José de Calasanz, CEIP Alyussana, CEIP El Prado, así como también  en el Centro Municipal de Servicios Sociales.

Cada padre o madre podrá acudir a cualquiera de estos centros con independencia de que sea o no el de sus hijos. La entrada es libre y se podrá asistir a cuantas sesiones deseen.

También es importante informar de que existe un servicio de guardería para atender a los niños que padres y madres deseen llevar.

La Escuela de Padres pretende ofrecer a padres y madres un espacio de crecimiento y reflexión que les permita acometer de la mejor manera posible la educación de sus hijos, su orientación , el fomento de su autonomía e independencia, el establecimiento de normas, el fomento de su autoestima o la resolución de los problemas cotidianos entre otros asuntos.

Se trata de un servicio gratuito que un año más ofrece la Delegación de Servicios Sociales del Ayto. de Lucena. No se necesita inscribirse en ningún sitio, se puede asistir libremente.

Impartida por dos psicólogos con larga experiencia en esta materia la Escuela de Padres permite encontrar, en el transcurso de solo cinco sesiones, aquellas soluciones y esas orientaciones necesarias para avanzar con mayor seguridad en el crecimiento familiar. La experiencia aportada por otros padres y madres ofrecen también puntos de vista nuevos, sugerencias y consejos de gran valor.

Empezamos el día 3 de abril, ¡toma nota y hazlo extensivo a tus amigos y familiares!

Al inicio de esta entrada puedes consultar el calendario y el horario

DELEGACIÓN DE SERVICIOS SOCIALES Y SALUD. AYTO. DE LUCENA