«Hay 8 modelos de paternidad que es mejor evitar»

Publicado en www.abc.es, 02.03.2018
Mariola Lorente, del departamento de Investigación de la Universidad de Padres, explica cómo la «hiperpaternidad» es una epidemia que se extiende por las familias acuciada por las condiciones de vida y los avances tecnológicos

Los profesionales que se dedican a la educación, las familias y el «parenting» están acostumbrados a ver cómo cada cierto tiempo aparecen términos que designan nuevas prácticas de crianza. «Hay una tendencia, ya moda, a crear esta terminología debido a que existe una fuerte presión social por criticar las diversas formas de educar, lo que condiciona negativamente a los padres, puesto que les crea inseguridades. No saben a qué atenerse», apunta Mariola Lorente, del departamento de Investigación Fundación Universidad de Padres.

De hecho, tal y como asegura esta experta, todas las palabras que engloban los diferentes tipos de educación son negativos. «Lo mejor es no hacer caso a todas estas etiquetas y que cada familia se analice a sí misma, se conozca y valore lo bueno que realiza. Cada familia es un mundo y lo que vale para una, no sirve para otra. No es lo mismo una que vive en un medio rural que una que reside en una ciudad; una que tiene un hijo, que aquella que tiene cinco...», explica a ABC.

En su opinión, hay que huir de estas moda de poner nombre a todo, puesto que asegura que se podría hacer un catálogo. A continuación menciona la clasificación que impera actualmente, y que no es nada recomendable:

1. Padres helicóptero: un clásico. Sobrevuelan sin descanso todos los aspectos de la vida de sus hijos para asegurarse de que TODO sale bien. Se afanan en atender a cualquiera de sus necesidades y deseos y, sobre todo, en preparar su futuro.

2. Padres apisonadora: allanan el camino a sus pequeños para evitarles el mínimo percance, obstáculo, contratiempo, desengaño o esfuerzo. No les permiten cometer errores ni afrontar las consecuencias de estos, pensando que así los protegen de los peligros del mundo.

3. Madres tigre: apodo ideado por Amy Chua, profesora de la Universidad de Yale, en su libro Himno de batalla de la madre tigre, polémico donde los haya. Alude a la educación que ella misma recibió: padres exigentes, disciplinados y muy estrictos, que presionaban a Amy y sus hermanas para que «llegaran lejos», eliminando toda distracción como fiestas u ocio. Confiesa que, aunque duro, el método da resultado y ahora lo aplica a sus hijas.

4. Madres agenda: tribu en auge desde la llegada de los temibles Grupos de Padres de WhatsApp. Se encargan de recordar y gestionar los deberes de sus retoños, materiales que necesitan llevar al colegio, próximos trabajos y exámenes… Así los peques no tienen que estar pendientes de sus asuntos, porque es más fácil que mamá pregunte en el chat qué día hay que entregar el proyecto de Science.

5. Padres carpintero: se toman la paternidad como un trabajo de «tallado» de sus hijos, a los que modelan para convertirlos en el adulto que ellos desean.

6. Padres guardaespaldas: dispuestos a defender con uñas y dientes a sus chiquillos de ataques, críticas o simples comentarios. Extremadamente susceptibles. ¡Ay de quien se atreva a tocar al crío!

7. Padres taxi: cabezas de familia que llevan y traen a su prole en coche a todas partes: al colegio, al centro comercial, a las extraescolares… aunque puedan hacer el trayecto a pie o en transporte público ellos solos. Temen que les pase «algo» por el camino, pero de este modo les privan de múltiples experiencias enriquecedoras.

8. Madres bocadillo: pintorescos sujetos que frecuentan los parques y se dedican a sostener impasibles la merienda de sus criaturas, para cuando estas tengan a bien acercarse a por un bocado.

No hay un modelo único para educar a los hijos

Mariola Lorente insiste en que no hay un modelo único para educar a los hijos. «Los padres no deben dejarse llevar por estas etiquetas ni tener un sentimiento de culpabilidad porque hacen todo lo posible para sacar a su familia adelante».

Reconoce que se ha generado entre los padres una gran competitividad por la forma en que educan a sus hijos, haciendo que sean muy críticos. «Debería haber más solidaridad, más comunidad, entre todos para ir todos a una».

Apunta que desde la Universidad de Padres tratan de evitar estos estereotipos y guiar más por el sentido común, junto con el aprendizaje de las neurociencias y la psicología. «Estos estilos de crianza tienen algo en común: eliminan la adquisición de la autonomía y la responsabilidad. Privan a los niños de aprendizajes tan importantes como la socialización, la autorregulación, el manejo de la frustración, la toma de decisiones o la empatía. Los vuelven torpes, miedosos, individualistas y dependientes».

«Estos modelos educativos son el correlato de la llamada hiperpaternidad —otro “palabro” de moda, una epidemia que se extiende por las familias acuciada por las condiciones de vida y los avances tecnológicos. No debería ser así», puntualiza.

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Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena


«Muchos padres tienen miedo o respeto a la reacción de sus hijos cuando les riñen»

Publicado en www.abc.es, 19.02.2018

La inseguridad de los protegenitores por saber si están educando bien o mal lleva, muchas veces, a sobreproteger a los niños, dejándolos seguros pero no desarrollados

«¿Lo estaré haciendo bien?», es una pregunta, muchas veces complicada, que los padres se hacen para valorar la educación que le están dando a su hijo. Desde el primer momento que un bebé llega a la vida de una familia se experimentan una montaña rusa de emociones e inseguridades. El temor a ser un mal padre o una mala madre pesa, muchas veces, más que todo lo demás.

Para aconsejar o tratar algunos aspectos a tener en cuenta en los primeros años de vida de los niños, ABC ha podido charlar con Rocío Ramos-Paúl, psicóloga —y conocida televisivamente como «Supernanny»—. Esta especialista ha apoyado, en primer lugar, la idea de que «cada niño y, por tanto, cada dinámica familiar son diferentes».

«A los padres preocupados por si educan correctamente, les digo que lo primero que hay que desarrollar es saber qué implica que un niño sea feliz y esté seguro», afirma. Para ello, «durante los primeros años la educación tiene que girar sobre tres puntos básicos: hábitos, límites y normas», continúa Ramos-Paúl.

En ese punto entra en escena lo que separa, en numerosas ocasiones, la opinión del padre y la madre: reñir. Mientras uno trata de avisar sobre lo que está bien o mal, la otra parte aboga por unas palabras más calmadas, sin levantar la voz. «Hay que alternar distintas formar para que cambie el comportamiento de los pequeños. Pero no se debe tener miedo o respeto a la reacción que tenga el niño, algo de lo que pecan muchos progenitores», insiste.

Ramos-Paúl asegura, también, que «no se les debe decir siempre a los hijos que todo lo hacen mal, porque eso les hará pensar que son malos y seguirán comportándose de forma incorrecta. Otro "truco" que puede ayudar es que los padres riñan en positivo. Es decir, en lugar de decir "No grites", expresar un "Habla más bajito"».

Miedo habituales

Las inseguridades y miedo que se puedan tener depende de cada padre y madre. «La sobreprotección suele ser muy habitual en los padres, primerizos o no y eso lleva consigo una falta de libertad para que los niños cometan errores y aprendan de ellos. No les permiten equivocarse», afirma esta experta.

Ir siempre de la mano aporta seguridad pero no desarrollo. «Hay mucha sobreprotección, pero muy poca exigencia hacia los hijos», insite Ramos-Paúl. «Los padres se llevan las manos a la cabeza cuando dices que un niño de 3 años puede ayudar a poner la mesa. Si no lo hace desde pequeño, después será muy complicado que tenga esas obligaciones», concluye la psicóloga.

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena


El adolescente vive en una sociedad que le transmite: ‘Si beber es divertido es bueno

Publicado en www.elpais.com, 13.02.2018

El alcohol forma parte de nuestras vidas y es la sustancia psicoactiva más consumida entre los jóvenes españoles entre los 14 y los 18 años

No es ningún secreto que vivimos inmersos en una cultura del alcohol. Lo vemos en nuestras fiestas más emblemáticas, en las celebraciones familiares o sociales y en la mayoría de series y películas que encontramos en los suculentos catálogos de Netflix o HBO. El alcohol está por todas partes. Sin olvidarnos, por supuesto, de las vallas publicitarias, de YouTube y de redes sociales como Twitter, Instagram o Facebook. No es de extrañar, por tanto, que si el alcohol forma parte de nuestras vidas, también sea la sustancia psicoactiva más consumida entre los jóvenes españoles con edades comprendidas entre los 14 y los 18 años. Así lo recoge el último informe del Observatorio Español de la Droga y las Toxicomanías (2017), que sitúa la edad media de inicio en su consumo entre los 13 y los 16 años.

Para Xavier Pons, profesor del Departamento de Psicología Social de la Universitat de València, a esta cultura del alcohol y a las costumbres del mundo adulto, que incorpora el alcohol a todas sus actividades sociales, se une un factor más: el de la cultura de la despreocupación. “Nuestra sociedad ha creado una cultura de la banalidad y la despreocupación, que también es argumento para el consumo alcohólico en los jóvenes. La mayoría de niños son educados, cuando son niños, en los valores de la moderación, la prudencia, el autocontrol, el rigor, la responsabilidad... Esos valores deberían desembocar, más adelante, en actitudes y conductas consecuentes, tales como no beber alcohol y no abusar, si sabes (y lo sabes) que es perjudicial. Sin embargo, ese niño va creciendo y haciéndose adolescente en una sociedad que le transmite otro tipo de realidad: si es divertido es bueno. Da igual si es sano, ético, razonable, veraz, prudente, bello, inteligente, o si es todo lo contrario; mientras sea divertido será aceptable. No hay reparo alguno para la diversión en la sociedad de la despreocupación; todo lo que interfiera en la diversión será apartado u olvidado, y todo lo que la facilite será bien recibido”, explica.

Sumemos dos cuestiones más. Por un lado, el deseo de descubrimiento innato de la propia adolescencia, una etapa en la que, según Miguel Fuster, psicólogo clínico, “no se tiene la misma sensación de peligro a la hora de tomar decisiones; lo que lleva a un mayor aprendizaje pero, también, a ser más vulnerables como individuos ante los riesgos por falta de capacidad de evaluación de las consecuencias negativas”.

En el Grupo de Trabajo Alcohol y Alcoholismo de la Sociedad Española de Medicina Interna se hace hincapié en la neurotoxicidad y neuroinflamación que ejerce el alcohol en jóvenes, sobre todo en la modalidad de consumo en “atracones” o binge drinking (“botellón”). Su coordinador, Francisco Javier Laso apunta que cualquier consumo de alcohol es de “riesgo”, y tiene especial impacto en la adolescencia, “ya que han podido observar que implica consecuencias estructurales y funcionales en el sistema nervioso cuya “maduración” se está desarrollando, lo que promueve la aparición precoz de dependencia alcohólica”. Lo sugieren múltiples estudios, uno de los más recientes el publicado por investigadores suecos en enero en la revista Journal of Hepatology, en el que a través de un seguimiento a 40 años de 43.000 varones en Suecia, se asoció el consumo de alcohol en la juventud con un mayor riesgo de hepatopatía grave. Un riesgo que, aunque dependiente de la dosis, se encontraba desde el primer gramo de alcohol.

¿Permitir o prohibir?

Con un panorama tan desolador y complicado, cabe preguntarnos si como familia está en nuestra mano convertirnos en un “factor” de protección y prevención, o si por el contrario podemos acabar añadidos a la lista de factores de riesgo mencionados sin que tengamos conciencia de ello.

Un reciente trabajo publicado en el Journal of Adolescent Health y dirigido por la investigadora Jennifer L. Maggs, Parents Who Allow Early Adolescents to Drink, nos plantea la cuestión de que una actitud más relajada y permisiva con respecto al alcohol, con la creencia de que esto enseñará a nuestros hijos a beber con sensatez, puede ser un factor de riesgo para una iniciación temprana en el consumo de alcohol, incluso de problemas más graves a posteriori. La investigación, además, pone en evidencia que el nivel socioeconómico y cultural de los padres no es un factor protector sino más bien al contrario: un mayor nivel social y económico puede ser un factor de mayor riesgo para el consumo, ya que ese poder económico puede suponer una mayor disponibilidad económica también para los hijos, y con ello el acceso más fácil a esta sustancia.

“La sociedad ha creado una cultura de la banalidad, que también es argumento para el consumo alcohólico en los jóvenes”

Si la permisividad mantenida por los padres incrementa la probabilidad de consumo en los hijos adolescentes, ¿es la prohibición del alcohol la solución? Señala Xavier Pons que niños y adolescentes tienen que aprender a convivir con ciertas restricciones conductuales, “porque se van a encontrar con muchísimas en su vida adulta y tendrán que adaptarse a ello”. Por eso, entiende que las restricciones razonables ayudan a educar la tolerancia a la frustración y la responsabilidad. Y, muchas veces, la salud. Añade el profesor e investigador que, aunque está muy arraigada la idea de que lo prohibido resulta más atractivo “y acaba haciéndose más”, no hay ninguna evidencia de que eso sea así. “Las cosas son mucho más complejas que eso. Por ejemplo, siguiendo esa lógica, podríamos decir “prohibido estudiar” y a todos los chavales les entrarían unas ganas enormes de ponerse a estudiar, pero nada es tan simple. De hecho, lo prohibido suele acabar desapareciendo a largo plazo, siempre que junto con la prohibición haya un control de la conducta que se restringe”, argumenta.

Para Pons, además, lo que convierte al alcohol en algo atractivo no es que los adultos lo prohíban, sino que “los adultos lo consumen” y que los adultos “lo califican de peligroso para los jóvenes”. Por tanto, estamos aportando valor positivo y atractivo al consumo de alcohol sin darnos cuenta. “Para un adolescente abstenerse de hacer algo “peligroso” por el hecho mismo de serlo supondría manifestar indecisión o debilidad, mientras que hacerlo significa ser alguien “enrollado”, valiente, atrevido,... Es eso, más que ser “rebelde”, lo que motiva al adolescente. Realmente, hay poca rebeldía en hacer lo mismo que se ve que hacen los adultos, que son los que han institucionalizado el alcohol y lo comercializan”.

Entonces, ¿cuál es la mejor manera de hablar y actuar con un niño de 15 años sobre el alcohol? ¿Qué herramientas tenemos para hacerles resistentes ante la cultura del alcohol? La respuesta del investigador valenciano es clara: “No pensar que es un niño, porque, aunque para nosotros lo parezca, él o ella no lo va a ver así y no lo va a admitir. A los 15 años es normal creer que uno lo sabe todo de la vida y son sus padres los que no se enteran. Pero, al mismo tiempo, uno es consciente de estar sumido en una vorágine de dudas, que le cuesta mucho admitir, porque esas dudas no son congruentes con la imagen de fortaleza que desea proyectar. Esto no es malo, en el sentido de que se irá ajustando con la edad. Lo que pasa es que esa incertidumbre es terreno abonado para que los que comercializan el alcohol saquen beneficio”.

Para el psicólogo Miguel Fuster la idea de la prohibición como alternativa lleva a un problema igual que el que acarrea la permisividad, y opina que todo va a depender más de qué relación tengan los padres con el uso de sustancias como el alcohol y las drogas. “La mejor manera de hablar y de actuar es que haya una consistencia en mi manera de relacionarme con el alcohol y lo que yo les pido a mis hijos. Si hay una consistencia entre lo que yo digo como padre y lo que yo hago como padre el mensaje calara en mis hijos. Si hay una inconsistencia, mis hijos aprenderán de lo que yo hago y nunca de lo que yo digo. El mensaje verbal pierde toda su fuerza”.

Revisar nuestros hábitos y actitudes

La mayoría de nosotros, además de una baja percepción del riesgo que entraña el consumo de alcohol, no tenemos conciencia de cuándo y cuánto bebemos delante de nuestros hijos. “El 75 % de los individuos que bebe excesivamente cree que toma una cantidad “normal” de alcohol. Aunque frecuentemente en los medios surgen noticias sobre las bondades del consumo de pequeñas cantidades de alcohol, los estudios rigurosos demuestran que no hay ningún efecto saludable, y como indica la OMS: alcohol, cuanto menos mejor”, explica F. Javier Laso. En este sentido, el coordinador considera que si los padres tienen “información incompleta y sesgada”, no es de extrañar que se obvie hablar con los hijos sobre los riesgos del alcohol y que se considere su consumo como algo socialmente “natural”. Y es esa actitud permisiva parental “por ignorancia de riesgos” la que considera un hecho determinante para el consumo de alcohol en los adolescentes.

Preguntémonos honestamente cada uno de nosotros: ¿Qué pasaría si preparo una fiesta con adultos en mi casa en la que NO hubiese alcohol?

Y es que, además, muchos padres beben delante de sus hijos de manera habitual. Quizás los fines de semana, en bares, en el propio hogar. Señala Xavier Pons que hay muchos estudios que comprueban que en familias de padres bebedores habituales (no necesariamente alcohólicos) es más probable encontrar adolescentes bebedores abusivos, que en familias de padres abstemios. “Los hijos adquieren muchas conductas y actitudes por imitación de los padres. También los hábitos saludables/insaludables. Y, efectivamente, tiene más influencia en el hijo lo que ve que hacen sus padres que lo que estos dicen”, cuenta Pons.

Poca utilidad encuentra el psicólogo Miguel Fuster en las campañas centradas en las consecuencias del alcohol si no son acompañadas de coherencia en el uso que hacemos como adultos del alcohol. “Preguntémonos honestamente cada uno de nosotros: ¿Qué pasaría si preparo una fiesta con adultos en mi casa en la que NO hubiese alcohol? ¿Cómo reaccionaríamos todos y cada uno de nosotros? Desde ese planteamiento, ¿qué podemos hacer si asumimos que el alcohol es algo presente en nuestra vida? Seamos coherentes y el mensaje tendrá sentido”, plantea.

Opina Xavier Pons que las campañas de prevención que comenzaron en los primeros años ochenta del siglo XX han servido para crear a lo largo de todo este tiempo una actitud más crítica hacia el alcohol en la sociedad (“Somos más conscientes de sus riesgos que en generaciones anteriores, esa idea ha calado en la sociedad”), pero sabe que una campaña preventiva no va a servir para disminuir drásticamente el consumo juvenil de alcohol. “Conocer los riesgos que supone el abuso de alcohol no disuade a los jóvenes de iniciar y mantener su hábito de consumo; eso está totalmente comprobado por casi 40 años de investigación al respecto. Además, los que publicitan y comercializan el alcohol han sabido conectar con los adolescentes mejor que los que diseñan campañas preventivas”, se lamenta y vuelve a incidir en lo que señalábamos al principio: el consumo de alcohol responde a un modelo cultural arraigado y a un modelo de sociedad determinado por lo que, según concluye Pons, tendríamos que modificar radicalmente los valores culturales imperantes. Y no es nada fácil, no, salvo que empecemos por nuestras propias trincheras familiares.

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena


El 18% de los adolescentes usa Internet de forma compulsiva

Publicado en www.elpais.com

El Consejo de Ministros aprueba un plan que aborda por primera vez la adicción a las nuevas tecnologías

La lucha contra el uso patológico de las nuevas tecnologías se ha convertido en uno de los retos principales en la agenda sanitaria en tema de adicciones. Los datos sobre el consumo de redes sociales y otras nuevas herramientas son alarmantes, sobre todo entre los adolescentes: el 18% de los jóvenes entre los 14 y los 18 años de edad usa Internet de forma compulsiva, según el Ministerio de Sanidad. La nueva Estrategia Nacional de Adicciones, que el Consejo de Ministros ha aprobado este viernes, prevé por primera vez medidas para abordar este problema.

Francisco de Asís Babín, delegado del Plan Nacional sobre Drogas, ha explicado que no se trata de adictos, sino de jóvenes que en las encuestas efectuadas manifiestan aspectos como que no pueden estar mucho tiempo sin conectarse a Internet o a las redes sociales y que no hacerlo les genera ansiedad o malestar.

La idea de la nueva estrategia, que estará en vigor ocho años, es tener una base de datos de iniciativas que funcionen para que cada comunidad no tenga que empezar de cero el abordaje. Por ejemplo, Babín ha dicho que se ha visto que las guías para padres tienen partes muy útiles, pero que es más práctico que sean ellos quienes planteen sus inquietudes y las soluciones que se les ocurren.

Una parte del problema en el uso de las redes está en el juego online. El Gobierno estudia regular el acceso de los menores a la publicidad de apuestas en Internet. De acuerdo con los datos que presentó Babín ayer, el 9,8% de los menores de 18 años admite que ha apostado alguna vez por Internet. “Eso no quiere decir que sean ludópatas”, ha matizado. Entre los adultos adictos al juego de azar (un 0,9% de la población), el 44,8% ha apostado alguna vez antes de alcanzar la mayoría de edad, según los datos del Ministerio de Sanidad.

Las "adicciones sin sustancias" son una de las novedades de la nueva Estrategia Nacional sobre Adicciones que han presentado este viernes a la prensa Babín y el secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, Mario Garcés. En principio, las acciones (empezando por la recopilación de datos) se dirigirán a los menores, porque el problema de la adicción hay que tratarlo cuanto antes posible, ha explicado Babín.

La estrategia hace especial hincapié en ese tramo de edad, de los 14 a los 17 años, que es cuando se empiezan los consumos de sustancias y se es más proclive a las adicciones. En particular se fija en el consumo de alcohol: los datos muestran que un 32% de los jóvenes entre 14 y 18 años "realiza un consumo de riesgo" en los fines de semana y que casi el 80% ha tomado esta sustancia antes de llegar a la edad adulta. En cualquier caso, entre 2009 y 2014, la edad de inicio al consumo de las tres drogas más habituales (alcohol, tabaco y cannabis) ha subido ligeramente. La que más, el tabaco, ha pasado de 13,3 años a 13,9.

Otra novedad de la estrategia es la inclusión de la perspectiva de género. Que hay diferencia entre hombres y mujeres no es una novedad, pero se explicita, por ejemplo, que en los casos de violencia machista muchas veces el maltratador es adicto, afirm Garcés. El sesgo por sexo se aprecia también en el caso de las nuevas tecnologías. Las menores no solo fuman y beben más que sus compañeros, sino que también son más proclives al uso compulsivo de Internet. Además, como es habitual, ´las mujeres son las mayores consumidoras de hipnosedantes y ansiolíticos, las sustancias cuyo consumo más ha crecido en los últimos años de las controladas por el plan nacional.

El hincapié en los menores no excluye que la estrategia se fije, por primera vez, en los mayores de 65 años. Babín ha explicado que incluso las encuestas del ministerio sobre drogas solo consideran a la población hasta los 64 años. "Pero hay una generación, la de los supervivientes a la heroína en los ochenta", que se hace mayor con sus problemas asociados, ha indicado Garcés. Por esa razón la nueva estrategia también les tendrá en cuenta.

100 sustancias nuevas al año

En 2015 –último año con datos– se incluyeron 98 sustancias en la lista de drogas ilegales de España. El delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Francisco de Asís Babín, ha explicado este viernes que en 2012 se creó una red de alerta temprana de estos estupefacientes, pero que ahora se está preparando un real decreto para agilizar el proceso. Y es que hasta que una sustancia no está en la lista, no se puede perseguir a quien la venda por tráfico de estupefacientes. "Eso no quiere decir que quede impune", ha matizado Babín, porque se puede recurrir al delito contra la salud pública, pero esa demora es la que aprovechan los narcotraficantes para introducir la sustancia en el mercado.

La clave está en que un producto no se considera droga hasta que no entra en esa lista de sustancias fiscalizables. Lo que hacen los productores es cambiar la fórmula para que produzca efectos alucinógenos similares a los de drogas ya conocidas pero que, al no ser exactamente igual, no se considera ilegal. Esto ha sido así siempre (en los ochenta, el poppers –una droga líquida que se inhala— no estaba en la lista y se vendía como aroma ambientador o limpiacabezales de vídeos; la última vez que una molécula tuvo gran repercusión fue cuando se vendía como sales de baño o fertilizante, y en verdad era un psicoactivo).

Pero, ahora, el proceso se ha acelerado. Babín ha dicho que los dos grupos de estupefacientes que más se modifican para generar sustancias nuevas son los cannabinoides sintéticos y los similares en efectos a la cocacína y las anfetaminas, aunque hay muchos. La Estrategia Nacional de Adicciones que se ha aprobado en el Consejo de Ministros de hoy recoge que en la lista actual hay más de 560 sustancias, de las que un 70% se detectaron en los últimos cinco años. 

Recopilado por Delegación Servicios Sociales Ayto. de Lucena


2.837 cordobeses solicitan ayuda para abandonar sus adicciones

Publicado en www.diariocordoba.com, 29.01.2018
PILAR COBOS pcobos@cordoba.elperiodico.com CÓRDOBA

Córdoba registra la mayor demanda de atención por cada 1.000 habitantes en Andalucía. Los pacientes tienen problemas con el consumo de alcohol y cocaína en más de la mitad de casos

Un grupo de personas jóvenes brinda con alcohol en un botellón en Córdoba. -

El alcohol y la cocaína son las dos sustancias que más solicitudes de ayuda por adicciones motivaron durante el año pasado en Córdoba, de acuerdo con el balance facilitado por el Instituto Provincial de Bienestar Social (IPBS). De este modo, las cifras apuntan que las demandas atendidas crecieron de forma leve en la provincia (en torno a un 1%) y se situaron en 2.837, y más de la mitad estuvieron relacionadas con estas dos drogas.

Los datos se refieren a la labor realizada en la Unidad de Drogas y Adicciones y los demás recursos de la Red de Atención a las Drogodependencias y Adicciones, y ponen de manifiesto que el alcohol (1.040 peticiones), la cocaína (486) y el tabaco (409) concentran la mayoría de los casos registrados en la provincia. En concreto, destaca el incremento experimentado en la cocaína, donde los usuarios han subido un 26% en el último año.

Los cordobeses también acudieron a estos recursos para superar su dependencia del cannabis (391 casos); los opiáceos y el rebujado, que es una mezcla de cocaína y heroína (278); el juego patológico (111); los psicofármacos (86) y otras adicciones comportamentales (25). Por último, en el apartado de «otros» aparecen 7 solicitudes y las anfetaminas causaron 4. De estos números se deduce que las sustancias ilegales estuvieron detrás del 44% de las demandas y, además, desde el IPBS señalan que el 22% de los afectados son mujeres.

Abundando en el perfil de estas personas, la información relativa a la edad indica que las peticiones de atención por parte de menores de 18 años han representado algo más del 3% del total y, principalmente, han sido originadas por el cannabis. A esta sustancia le han seguido las adicciones a las tecnologías (el móvil en las jóvenes e Internet entre los chicos) y a la cocaína. En el tramo de entre 19 y 30 años han sobresalido la cocaína, en primer lugar, y el cannabis.

Por otra parte, entre las personas de 31 a 40 años de edad las sustancias que les han llevado a pedir ayuda han sido la cocaína, el alcohol, los opiáceos y el cannabis. En la horquilla de 41 a 50 años, la mayoría de los pacientes son adictos al alcohol y el tabaco -«con mucha diferencia respecto a las demás sustancias», precisan en el IPBS- y lo mismo sucede entre los cordobeses que tienen 51 o más años, aunque en este grupo destacan, asimismo, las dependencias de los psicofármacos.

peso regional/ Si se atiende a los resultados obtenidos en otros territorios andaluces, los datos indican que Córdoba ha sido la tercera provincia con un mayor número de demandas de atención por adicciones. Los dos primeros puestos han sido para Sevilla, que ha contabilizado 4.498, y para Cádiz, donde se han producido 3.247. El último lugar es ocupado por Jaén, con 1.277, mientras que en el conjunto de la comunidad autónoma se han efectuado 19.296.

Además de esto, el coordinador de la Unidad de Drogas y Adicciones del IPBS, Luciano Cobos, subraya que Córdoba ha sido el territorio de la región donde se han recibido más usuarios por cada 1.000 habitantes. Preguntado por este resultado, señala que responde a una «atención más temprana y en coordinación tanto con Atención Primaria como con Salud Mental». En esta línea, precisa que «estamos en todos los centros de salud, lo que genera una mejor coordinación con Atención Primaria como puerta de entrada de los pacientes y permite una mayor accesibilidad a los recursos», a lo que añade que «evitamos la estigmatización, porque atendemos desde una red normalizada».

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena


Ellos fuman hachís como una forma de «anestesiarse»; ellas, para gustar

Publicado en www.abc.es, 24.01.2018

Son datos del «Estudio Sociológico Cualitativo sobre consumo de alcohol y cannabis en jóvenes y adolescentes» realizado por Socidrogalcohol

Muchos jóvenes españoles reconocen fumar cannabis antes de entrar a clase para poder «afrontar su vida» y por las «escasas» perspectivas de futuro que les brinda la sociedad, según han avisado diferentes expertos con motivo de la presentación del «Estudio Sociológico Cualitativo sobre consumo de alcohol y cannabis en jóvenes y adolescentes», realizado por la sociedad científica Socidrogalcohol y recogido por Ep. Actualmente, la edad de inicio de consumo al cannabis se sitúa entre los 16 y 17 años, si bien, y a diferencia del alcohol, los jóvenes que fuman hachís o marihuana suelen pertenecer a grupos reducidos, de confianza y donde saben que son aceptados. De hecho, en el trabajo se ha puesto de manifiesto que los adolescentes que reconocen consumir hachís o marihuana lo hacen durante el día, a la entrada del instituto y en los recreos, acudiendo así a las clases con un estado de «intoxicación» producido por estas sustancias.

Un consumo que, además, está normalizado y hace que aquellos que trafican con la sustancia no sean vistos como «traficantes» sino como «colegas». Y es que, suelen creer que es natural y tiene un uso terapéutico, lo que podría explicar que lo vean como una forma de «anestesiarse» y «regular sus emociones». «Los jóvenes reclaman sentirse apoyados, por lo que es necesario que les ofrezcamos optimismo de cara a su futuro, ya que con la crisis ha habido un aumento de aquellos que quieren vivir el presente ya que les es duro pensar en su futuro», ha explicado a Ep la presidenta del Consejo General del Trabajo Social, Ana Lima.

Del mismo modo ocurre con el alcohol, sustancia que comienza a probarse entre los 13 y 14 años y que se utiliza como un «ritual de paso» para dejar de ser un «niño». Los fines de semana es cuando mayoritariamente se consumen bebidas alcohólicas por parte de los jóvenes y los motivos por los que lo hacen es para mejorar sus habilidades sociales, facilitar acciones que sólo se permiten bajo los efectos del alcohol. Pero, a pesar de que se han demostrado los peligros que tienen las bebidas alcohólicas en la maduración de los jóvenes, éstos no tienen percepción del riesgo por ser legal y estar está normalizado su consumo en la sociedad, en sus propias casas.

Las chicas consumen drogas para gustar

Si se analiza por género el consumo de alcohol y cannabis, los responsables de la encuesta han avisado de que las parejas donde el chico es el consumidor hay mayores probabilidades de que la chica consuma, ya que ellas reconocen hacerlo para gustarles, mientras que ellos lo hacen por ser «más valientes, más machotes». «Asimismo, es llamativo que los jóvenes lleguen a ver más peligroso el tabaco que el alcohol y cannabis, por lo que es necesario que la sociedad medite qué está pasando, si realmente se está abordando el problema y si se está haciendo lo suficiente», ha recalcado la delegada de Socidrogalcohol en la Comunidad Valenciana, Stella Vicens.

Aunque en todas las regiones hay jóvenes que abusan de estas sustancias, el trabajo, realizado en 12 comunidades autónomas, ha mostrado que en Galicia y Melilla los jóvenes empiezan más tarde a beber alcohol (14,2 años), mientras que en Aragón son los más precoces (13,4 años). En cannabis, los que antes empiezan a fumarlo son los adolescentes de Baleares, Cataluña, País Vasco y Ceuta (14,6 años), y en Andalucía, Castilla y León y Melilla los que más tarde lo hacen (15,1 años).

Asimismo, las tres comunidades donde el alcohol adquiere mayor prevalencia son la Comunidad Valenciana, Castilla y León y Navarra, regiones que, junto con el País Vasco, presentan cifras de borracheras que superan la media nacional. En cuanto al conocido como «binge drinking», Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Navarra es donde más se practica este patrón de consumo y, donde menos, en Ceuta, Melilla, Canarias y Baleares.

La práctica del botellón está más extendida en Castilla-La Mancha y Extremadura y donde menos en Canarias, Galicia, Ceuta y Melilla. Además, la Comunidad Valenciana, junto con Cataluña y País Vasco lideran el consumo de cannabis entre los jóvenes, si bien Ceuta, Melilla, Extremadura, La Rioja y Castilla-La Mancha se sitúan entre las regiones cuyos adolescentes fuman menos hachís o marihuana.

Con todo ello, el presidente de Socidrogalcohol, Francisco Pascual, ha subrayado la importancia de que las familias se impliquen más en educar sobre los riesgos que conlleva el consumo de cannabis y alcohol entre los jóvenes, más allá de si aprueba o no, y de que la sociedad luche por ellos para ofrecerles un futuro más esperanzados.

También, los expertos han abogado por fomentar el trabajo en redes de los diferentes profesionales, incorporar en la educación asignaturas que atiendan a la persona de forma integral, formar a los profesores en aspectos emocionales y de habilidades para la vida y aumentar la concienciación social sobre los peligros del consumo de alcohol y cannabis. «Los problemas del consumo en los menores son el problema del mundo adulto, por lo que si no atendemos a lo que verbalizan los jóvenes seremos poco eficientes en la prevención», ha zanjado el delegado para el Plan Nacional sobre Drogas, Francisco de Asis Babín.

Recopilado por Delegación Servicios Sociales Ayto. de Lucena

 


¿Eres adicto a Internet?

Publicado en www.elpais.com

Investigadores de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla plantean las preguntas y respuestas de dependencia a la Red

Participantes en un congreso en Sevilla consultan sus móviles.
Participantes en un congreso en Sevilla consultan sus móviles. 

Dos tercios de los niños de 10 y 11 años cuentan con un móvil con acceso a Internet, un dispositivo del que dispone más del 90% de la población a partir de los 15 años. En sus manos tienen una herramienta de comunicación y ocio extraordinaria. Pero también de riesgos psicosociales que van desde la adicción a la falta de atención, problemas auditivos o de vista, disfunciones sociales y percepción errónea de la realidad. La Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla ha desarrollado un máster para analizar los peligros de las nuevas tecnologías, sus consecuencias y las formas de prevenirlos.

Más de un 50% de los jóvenes se pasa más de cinco horas diarias enganchados a Internet, por lo que se ha convertido en una herramienta fuera de control

El abuso de Internet responde en numerosas ocasiones a frustraciones, circunstancias de infelicidad, enfermedades, insatisfacciones de la vida en pareja o laborales, desempleo y otras adversidades. En esos momentos, la Red facilita una vía para buscar nuevas sensaciones que pueden derivar en un comportamiento compulsivo. “Más de un 50% de los jóvenes se pasa más de cinco horas diarias enganchados a Internet, por lo que se ha convertido en una herramienta fuera de control”, advierte Juan Agustín Morón, director del máster en Prevención de Riesgos Psicosociales en Adolescentes y Jóvenes de la UPO.

Las patologías asociadas al abuso de Internet no evidencian en sus inicios un deterioro físico y los síntomas suelen pasar desapercibidos. Pero hay un test básico que puede ayudar a anticiparse a los problemas. Estas son las preguntas fundamentales:

¿Está conectado más tiempo del inicialmente previsto?

¿Tiene dificultad para controlar el tiempo de conexión?

¿Disminuye su satisfacción estando conectado el mismo tiempo?

¿Necesita incrementar notablemente la cantidad de tiempo en Internet para lograr satisfacción?

Las respuestas afirmativas a estas preguntas evidencian la existencia de un potencial problema especialmente relevante en la adolescencia, una de las etapas “críticas” que Morón destaca como “más relevante en el desarrollo de la personalidad y del cerebro”. “No es una cuestión de causa-efecto, sino de una mayor o menor probabilidad de desarrollar un problema en función de una multiplicidad de variables”, afirma el doctor en Ciencias de la Educación.

Los más vulnerables son aquellos que ya presentan rasgos de la personalidad como impulsividad,  oscilaciones frecuentes del humor, intolerancia a dolores, insomnio, fatiga, disgustos, preocupaciones o responsabilidades, búsqueda exagerada de emociones fuertes, timidez excesiva, baja autoestima, rechazo de la imagen corporal, afrontamiento inadecuado de las dificultades cotidianas, depresión, fobia social u hostilidad.

Los síntomas de las patologías derivadas del abuso de las tecnologías de la información son variados, pero destacan el nerviosismo, la ansiedad, los pensamientos obsesivos acerca de lo que estará sucediendo en la Red o las fantasías o sueños acerca de Internet. Las personas que más tiempo pasan conectados tienden a ser más depresivos y muestran niveles de autismo más elevados.

Los enganchados siguen utilizando Internet a pesar de conocer que la dependencia les causa problemas

Los enganchados siguen utilizando Internet a pesar de conocer que la dependencia les causa problemas como pérdida de visión, molestias cervicales, obesidad, mareos, agitación psicomotora y dolores de espalda o de cabeza. También reducen sus descansos a menos de cinco horas y abandonan o limitan las actividades sociales y recreativas con compañeros, amigos y familia. Además, disminuyen el rendimiento escolar o laboral. “Si se permitiera el móvil en los colegios e institutos, se dejaría de jugar en los patios durante el recreo”, advierte Morón.

El experto considera la adicción a Internet similar a la drogodependencia, con el matiz de que en la primera no es por una sustancia, sino por las sensaciones que se obtienen.

Para contrarrestar la problemática que se pueda derivar de dicha situación, el profesor considera que “lo más importante es educar a los menores en su uso para fortalecer el autocontrol o evitar situaciones de desconocimiento”. Si las medidas preventivas no son suficientes, se pueden aplicar terapias para promover cambios de comportamiento e incluso, en una fase más avanzada, recurrir a tratamientos farmacológicos.

Lo más importante no es renunciar a las tecnologías sino limitar sus riesgos

Luisa Torres Barzabal, que firma también el estudio Educación y adicción a las TIC, señala la importancia de que, además, los padres y los profesores se formen en el uso de las nuevas tecnologías. “Lo más importante no es renunciar a ellas sino limitar sus riesgos”, afirma.

Barzabal detalla cómo es imprescindible saber desenvolverse en un mundo donde “youtubers y blogueros se han convertido en personas de referencia” o en el que la Red afecta a nuestras relaciones, nuestra identidad o prestigio, a la forma de comprar o incluso a nuestra educación sexual. “Es una realidad que hay que trabajar en todos los aspectos y en todos los niveles”, asegura.

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena

 


28 preguntas para hacer a los niños en vez de "¿Qué tal en el cole?"

Si eres madre o padre, seguro que lo que os vamos a contar os va a sonar mucho porque lo has vivido.

Todos los días cuando llegamos a casa, después de un rato, preguntamos a los niños:

¿Qué tal en el cole hoy?

Nos suelen contestar: ¡Bien! y poco más...
Seguimos... Pero, ¿Qué has hecho?: ¡Nada! Jugar... Pintar... Hacer fichas...
Luego empieza el interrogatorio:
Pero bueno, algo más has hecho ¿no?

Empezamos hace unas semanas con una preguntar nueva:

¿Qué es lo que más te ha gustado en todo el día?

Esa, ya les gusta más... Piensan antes de contestar y me responden con más detalle.

Por ejemplo, nuestra hija nos estuvo dicinendo durante días que le gusta el momento de "relajación". De hecho, ni siquiera nos habíamos enterado de que hacían "relajación". Algunos días, por la tarde, la tutora pone música suave, y los niños se tumban en la mesa... Unos se duermen, otros descansan, desconectan un poco. Nos parece una muy buena idea para que los niños estén tranquilos y puedan disfrutar de un rato de silencio.

Otra  madre comentaba que pasaba por lo mismo que nosotros, y se dio cuenta de que, quizás, la pregunta ¿Qué tal en el cole hoy? era muy amplia de contestar y poco interesante. Pensó en otras preguntas más divertidas y entretenidas, que queremos compartir hoy contigo, juntas con algunas que hemos añadido nosotros.

Tu hijo/a te contestará a estas preguntas:

1 - ¿Qué has comido a mediodía?

2 - ¿Has visto alguien meterse los dedos en la nariz?


3 - ¿A qué juego has jugado en el recreo?


4 - ¿Cuál es la cosa más divertida que te ha pasado hoy?

5 - ¿Hay alguien que ha hecho algo bueno para ti o te haya ayudado?

6 - ¿Has ayudado a alguien?

7 - ¿Quién te ha hecho reír hoy?

8 - ¿Qué tutor/a sobreviviría a una ataque zombi? ¿Por qué?

9 - ¿Has aprendido algo nuevo hoy?

10 - ¿Quién ha llevado el mejor almuerzo? ¿Qué era?

11 - ¿Qué reto has afrontado hoy?

12 - ¿Qué nota le pondrías a tu jornada de hoy, del 1 al 10? ¿Por qué? 

13 - Si fueses tutor/a, ¿qué materia te gustaría enseñar?


14 - ¿Alguien te ha hecho enfadar hoy?


15 - ¿Cuál es la norma más importante de tu tutor/a?


16 - ¿Cuál es la cosa más divertida que puedes hacer durante el recreo?


17 - ¿A quién se parece tu tutor/a? De qué forma?


18 - ¿Cuéntame algo que has aprendido sobre tus amigos hoy?


19 - ¿Qué has hecho hoy que ha sido útil?


20 - ¿Cuándo te has sentido lo más orgulloso hoy?


21 - ¿Cuál ha sido la norma más difícil de respectar hoy?


22 - ¿Cuál es la cosa más importante que te gustaría aprender antes de fin de año?


23 - ¿A qué más te gusta jugar en el recreo?


24 - Si pudieras elegir con quién te sentarías al lado, ¿quién elegirías?


25 - Dime una palabra nueva que has oído/aprendido hoy.


26 - ¿Cuál ha sido la cosa más aburrida que has hecho hoy?


27 - ¿Quién tenía el peinado más bonito?


28 - ¿Con quién te gustaría jugar más?

Estamos  seguros de que obtendréis unas respuestas sorprendentes. No hace falta que se las hagas todas, pero por lo menos ya tenéis unas cuantas ideas.

Nos parece que se puede convertir en un rato divertido para pasar juntos. A veces las prisas del día a día son malas, y hay que sacar tiempo de donde sea para sentarnos con los niños y tener una conversación en familia. Seguro que, con preguntas más concretas, nos enteraremos de más cosas que les pasan en su jornada.

Unos padres cualquiera

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena


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"Mi hijo se ha convertido en un zombi"

El uso del móvil y videojuegos altera el día a día de muchos jóvenes

Publicado en www.elmundo.es

 

Aficionado a los videojuegos frente a la pantalla

El tratamiento para la adicción a las nuevas tecnologías se asemeja al de un drogadicto o un alcohólico

La adicción a los videojuegos será una enfermedad a partir de 2018

"Mamá, ayúdame, por favor". En un momento puntual de lucidez, el joven de 17 años P. G. -sus iniciales para preservar la identidad- acudió a su progenitora llorando y muy asustado. Ya no podía más. Tras noches de pesadillas, golpes en la pared y gritos de "están viendo por mis ojos", sin dejar dormir a la familia ni a los vecinos, que incluso llamaron a la Policía, M. M., su madre, decidió ingresarle en el hospital.

Fue duro, especialmente en Navidad. El chico no ha podido viajar como otros años para tomar las uvas con sus tíos y primos. "He hecho todo lo que he podido y no ha servido. La situación me sobrepasa". Primero trató de razonar con él, luego le quitó todos los ordenadores y las consolas y acudió a un psicólogo para que le ayudase: "Del mismo modo que se trata a un drogadicto o a un alcohólico. Pero tiene que ser él quien ponga de su parte porque he perdido la autoridad".

M. M. está convencida de que los videojuegos son los culpables de los episodios de psicosis de su hijo. "Jamás he invertido en una maquinita, he sido de esas madres que juegan con sus hijos y les llevan al parque para que se relacionen con otros". Pero con el dinero que le daban sus tíos en los cumpleaños él se compraba una consola y un teléfono móvil como el resto de niños de su clase. "Si veía que estaba demasiadas horas y le regañaba, se iba a casa de sus amigos a jugar, donde yo no le pudiese controlar", explica.

Ensimismado en su habitación, P. G. empezó a engancharse a los juegos en red después de sufrir bullying en la escuela. No salía de casa. Tampoco estudiaba. De hecho, empezó a suspender las asignaturas. Mientras comía, estaba con el smartphone en la mano, sin soltarlo ni un solo momento. Y dejó hasta de dormir por las noches "para no perder puntos en la clasificación", desvela su madre. Ha tenido varias fases, siempre a peor.

"Como estaba deprimido porque sus compañeros del colegio se metían con él, hasta los médicos me decían que era una buena vía de escape, que no me preocupase. Hasta que me di cuenta de que descargaba toda esa violencia de los videojuegos contra mí. Se ponía muy agresivo y lleno de ira porque desconectaba internet para que lo dejase de una vez", cuenta.

Un día llegó a tirar el ordenador contra el suelo muy alterado. P. G. mide más de 1,80 metros y su madre llegó a sentir miedo. "Mi hijo tiene muy buen corazón, sin embargo, cuando se pone así se convierte en un zombi. Mientras juega al Call of Duty insulta y chilla a otros usuarios. Ahora está como loco con Clash Royale. Y yo ni siquiera puedo saber con quién se está peleando al otro lado de la pantalla. Se vuelve un tirano. No le reconozco", admite preocupada M. M.

La adicción a los videojuegos afecta a muchos jóvenes

El caso no es una excepción. Esta mujer conoce a muchos chavales "con el mismo problema gordo" de su hijo. Habla con otros padres que tampoco son capaces de poner freno a esa necesidad de jugar constantemente, ni de establecer normas o límites al tiempo que dedican a las pantallas por encima de sus quehaceres.

"Es un problema de la sociedad, y las instituciones y organismos deben dejar de mirar hacia otro lado. La juventud de hoy es el futuro de mañana", advierte. Por eso recibe de buen grado la nueva consideración de la OMS como enfermedad. "En Japón, un país puntero en las nuevas tecnologías, hay centros que tratan esta adicción desde hace años. Me he estado informando y Proyecto Hombre ya está haciendo programas de este tipo en Andalucía".

Después de ver a su hijo "desquiciado perdido", M. M. le ha recogido del hospital pasados unos días de aquel fatídico episodio. Con el alta médica en la mano, todavía no sabe cuál es la solución. Sí aconseja a otros progenitores que establezcan normas desde que son pequeños. "Me preocupa mucho los monstruos que estamos creando. Hoy, desde la cuna predisponemos a los bebés a la adicción poniéndoles pantallas para que se entretengan porque no tenemos tiempo de nada".

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena


El consumo adolescente de cachimbas o cigarrillos electrónicos lleva al tabaco un año más tarde

Nota: artículo publicado en infosalus.com

El uso de cigarrillos electrónicos, cachimbas, cigarrillos de tabaco no combustible o tabaco sin humo por parte de los adolescentes se asocia con el hecho de comenzar a fumar cigarrillos convencionales en un año, según concluye una investigación cuyos resultados se publican en 'JAMA Pediatrics' .

Los productos de tabaco que no son cigarrillos convencionales, como los cigarrillos electrónicos, las pipas de agua, cigarrillos de tabaco no combustible y el tabaco sin humo, son populares entre los jóvenes y es importante saber si fomentan el consumo de cigarrillos convencionales, según los autores de este trabajo.

Por ello, estos expertos emplearon datos de una encuesta nacional de 10.384 adolescentes (de 12 a 17 años) que informaron que nunca habían fumado un cigarrillo convencional al inicio del estudio (2013-2014) y completaron un año de seguimiento (2014-2015).

El profesor Benjamin W. Chaffee, de la Universidad de California, San Francisco, Estados Unidos, y coautores analizaron el consumo de cigarrillos electrónicos, cachimbas, cigarrillos de tabaco no combustible o tabaco sin humo al inicio del estudio (exposiciones) y el uso de cigarrillos convencionales en el seguimiento (resultado).

Fue un estudio de cohortes, que es un tipo de estudio observacional. Debido a que los investigadores no intervienen a los fines del estudio, pueden usar estadísticas para controlar algunas de las diferencias entre grupos que podrían explicar los hallazgos, pero no pueden controlar todas esas diferencias.

Aunque los cigarrillos electrónicos son la forma más común de tabaco distinto al cigarrillo utilizado por los jóvenes, cualquier uso de todas las formas de tabaco que no son cigarrillos se asoció con un mayor riesgo de fumar cigarrillos en el futuro. Los adolescentes que comenzaron a consumir tabaco en productos que no son cigarrillos tenían más probabilidades de haber fumado cigarrillos convencionales en un año que los jóvenes que nunca habían consumido tabaco.

Los adolescentes que empleaban múltiples productos de tabaco tenían incluso más probabilidades de comenzar a fumar cigarrillos convencionales, según las conclusiones del estudio. Las limitaciones del estudio son que se tuvieron en cuenta factores de riesgo conocidos para fumar entre los jóvenes, pero otros factores desconocidos pueden haber influido en los resultados del análisis.

A raíz de las conclusiones del estudio, los científicos proponen que deberían extenderse las estrategias destinadas a evitar que los jóvenes comiencen a fumar cigarrillos convencionales a otros productos de tabaco.

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena