El uso del móvil y videojuegos altera el día a día de muchos jóvenes

Publicado en www.elmundo.es

 

Aficionado a los videojuegos frente a la pantalla

El tratamiento para la adicción a las nuevas tecnologías se asemeja al de un drogadicto o un alcohólico

La adicción a los videojuegos será una enfermedad a partir de 2018

“Mamá, ayúdame, por favor”. En un momento puntual de lucidez, el joven de 17 años P. G. -sus iniciales para preservar la identidad- acudió a su progenitora llorando y muy asustado. Ya no podía más. Tras noches de pesadillas, golpes en la pared y gritos de “están viendo por mis ojos”, sin dejar dormir a la familia ni a los vecinos, que incluso llamaron a la Policía, M. M., su madre, decidió ingresarle en el hospital.

Fue duro, especialmente en Navidad. El chico no ha podido viajar como otros años para tomar las uvas con sus tíos y primos. “He hecho todo lo que he podido y no ha servido. La situación me sobrepasa”. Primero trató de razonar con él, luego le quitó todos los ordenadores y las consolas y acudió a un psicólogo para que le ayudase: “Del mismo modo que se trata a un drogadicto o a un alcohólico. Pero tiene que ser él quien ponga de su parte porque he perdido la autoridad”.

M. M. está convencida de que los videojuegos son los culpables de los episodios de psicosis de su hijo. “Jamás he invertido en una maquinita, he sido de esas madres que juegan con sus hijos y les llevan al parque para que se relacionen con otros”. Pero con el dinero que le daban sus tíos en los cumpleaños él se compraba una consola y un teléfono móvil como el resto de niños de su clase. “Si veía que estaba demasiadas horas y le regañaba, se iba a casa de sus amigos a jugar, donde yo no le pudiese controlar”, explica.

Ensimismado en su habitación, P. G. empezó a engancharse a los juegos en red después de sufrir bullying en la escuela. No salía de casa. Tampoco estudiaba. De hecho, empezó a suspender las asignaturas. Mientras comía, estaba con el smartphone en la mano, sin soltarlo ni un solo momento. Y dejó hasta de dormir por las noches “para no perder puntos en la clasificación”, desvela su madre. Ha tenido varias fases, siempre a peor.

“Como estaba deprimido porque sus compañeros del colegio se metían con él, hasta los médicos me decían que era una buena vía de escape, que no me preocupase. Hasta que me di cuenta de que descargaba toda esa violencia de los videojuegos contra mí. Se ponía muy agresivo y lleno de ira porque desconectaba internet para que lo dejase de una vez”, cuenta.

Un día llegó a tirar el ordenador contra el suelo muy alterado. P. G. mide más de 1,80 metros y su madre llegó a sentir miedo. “Mi hijo tiene muy buen corazón, sin embargo, cuando se pone así se convierte en un zombi. Mientras juega al Call of Duty insulta y chilla a otros usuarios. Ahora está como loco con Clash Royale. Y yo ni siquiera puedo saber con quién se está peleando al otro lado de la pantalla. Se vuelve un tirano. No le reconozco”, admite preocupada M. M.

La adicción a los videojuegos afecta a muchos jóvenes

El caso no es una excepción. Esta mujer conoce a muchos chavales “con el mismo problema gordo” de su hijo. Habla con otros padres que tampoco son capaces de poner freno a esa necesidad de jugar constantemente, ni de establecer normas o límites al tiempo que dedican a las pantallas por encima de sus quehaceres.

“Es un problema de la sociedad, y las instituciones y organismos deben dejar de mirar hacia otro lado. La juventud de hoy es el futuro de mañana”, advierte. Por eso recibe de buen grado la nueva consideración de la OMS como enfermedad. “En Japón, un país puntero en las nuevas tecnologías, hay centros que tratan esta adicción desde hace años. Me he estado informando y Proyecto Hombre ya está haciendo programas de este tipo en Andalucía”.

Después de ver a su hijo “desquiciado perdido”, M. M. le ha recogido del hospital pasados unos días de aquel fatídico episodio. Con el alta médica en la mano, todavía no sabe cuál es la solución. Sí aconseja a otros progenitores que establezcan normas desde que son pequeños. “Me preocupa mucho los monstruos que estamos creando. Hoy, desde la cuna predisponemos a los bebés a la adicción poniéndoles pantallas para que se entretengan porque no tenemos tiempo de nada”.

Recopilado por Delegación de Servicios Sociales Ayto. de Lucena